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Arsenal sobrevive a errores y mantiene su lucha por el título

El London Stadium vivió una de esas tardes que se quedan pegadas a una temporada. Un derechazo de Leandro Trossard en el 83’, una parada de campeonato de David Raya y una revisión de VAR interminable sostuvieron el pulso de Arsenal por el título… y, de paso, certificaron la permanencia de Nottingham Forest.

Todo en un mismo carrusel de nervios.

Arsenal sobrevive a sus propios errores

Mikel Arteta repitió once por tercer partido consecutivo. Mismo plan, mismo ritmo feroz de inicio. El líder salió como un aspirante desesperado, no como un equipo que mira a todos desde arriba.

Trossard, renacido, estrelló un disparo en el larguero. Riccardo Calafiori rozó el gol en dos ocasiones. Mads Hermansen y Kostas Mavropanos se multiplicaron para sacar balones bajo palos. Siete remates en el primer cuarto de hora. Dominio absoluto.

Y, de repente, la maldición.

Ben White se llevó la mano a la rodilla y se marchó cojeando. Salió del estadio con una férula en la pierna. A falta de parte médico, el gesto de Arteta lo dijo todo: miedo a perder al lateral inglés hasta final de curso.

“No sabemos, pero no tiene buena pinta”, admitió el técnico, resignado.

El golpe no quedó ahí. Calafiori, brillante siempre que ha estado sano, no reapareció tras el descanso por otro problema físico aún sin detallar. Otra pieza clave de una defensa que ha sido el cimiento del liderato, de nuevo en el dique seco.

El experimento de Arteta que casi le cuesta el partido

La reacción del banquillo sorprendió. En lugar de recurrir a Cristhian Mosquera, Arteta eligió a Martin Zubimendi y desplazó a Declan Rice al lateral derecho. Rice, bombero de emergencia, apenas había pisado esa banda en toda la temporada.

El efecto fue inmediato… para mal. Arsenal perdió el centro del campo. West Ham, hasta entonces asfixiado, encontró aire. Los de casa empezaron a cruzar la divisoria con balón, a ganar duelos, a creer. Desde la salida de White hasta el descanso, solo un disparo de Arsenal. El guion se había torcido.

Al descanso, otro giro. Mosquera entró por Calafiori, Rice regresó a su hábitat natural y Myles Lewis-Skelly fue sacrificado hacia el lateral izquierdo. El chaval, revelación en la medular en las últimas semanas, perdió influencia y con él se resintió la fluidez ofensiva.

Arteta, consciente del lío táctico, no dudó en tomar una decisión cruel pero necesaria: cambió a su propio cambio. Zubimendi se fue al banquillo a mitad de la segunda parte para dejar paso a Martin Odegaard.

El técnico lo explicó sin rodeos: había que llenar el campo de mediapuntas ofensivos o el partido se escapaba. Y tenía razón.

Odegaard y Trossard, la jugada que puede valer una liga

Con Odegaard y Kai Havertz en el césped, el Arsenal volvió a parecer el Arsenal. Más alturas, más líneas de pase, más amenaza entre líneas. Eberechi Eze, discreto y sustituido, se quedó señalado. Su puesto en el once para el último duelo en casa, ante un Burnley ya descendido, está en serio peligro.

El gol llegó como llegan los tantos importantes: con los mejores al mando. Pared entre Odegaard y Rice, ruptura al espacio, visión del noruego y definición de Trossard. Minuto 83. Un disparo seco, cruzado, imparable.

Séptima asistencia de la temporada para Odegaard. Otro gol decisivo para Trossard, que se ha adueñado del costado izquierdo a base de actuaciones brillantes. La sensación es clara: ahora mismo, sacar a Trossard del equipo sería casi un sacrilegio.

Saka y Gyokeres, neutralizados

No todo fue fiesta en ataque. Bukayo Saka y Viktor Gyokeres llegaban lanzados tras destrozar a Fulham y Atleti, y se convirtieron en dos de los grandes reclamos de la jornada en clave Fantasy. El muro de cinco hombres de West Ham, replegado muy cerca de su área, les apagó.

Saka probó suerte con dos disparos altos y poco más. Se marchó sustituido por Noni Madueke apenas tres minutos antes del gol de Trossard. Gyokeres, vigilado de cerca por un enorme Mavropanos, apenas encontró huecos.

La buena noticia para Arsenal es que lo peor, sobre el papel, ya ha pasado. Quedan Burnley, ya sin nada en juego, y un Crystal Palace con la mente en Europa. Dos partidos que huelen a trampa, pero que no asustan tanto como este viaje al este de Londres.

Raya, manos de título y Guante de Oro

Si el Arsenal acaba levantando la Premier, el nombre de David Raya tendrá que figurar en letras grandes. Ante West Ham firmó su 18ª portería a cero del curso y se aseguró el Guante de Oro.

Su intervención ante Matheus Fernandes fue de campeón. Un mano a mano con un xG superior a 0,5, el tipo de ocasión que suele acabar en la red. Raya aguantó de pie, leyó el gesto y sacó una mano salvadora. Pudo ser la parada que marque una temporada.

En el añadido, Gabriel Magalhaes puso el cuerpo donde otros no se atreven y bloqueó un disparo que olía a empate. El brasileño sumó su 17ª portería a cero, dos puntos por contribución defensiva y tres de bonus para un botín de 11 puntos que lo eleva por encima de los 200 en Fantasy.

Le faltan solo 12 para derribar el récord histórico de un defensor, los 213 que firmó Andrew Robertson en la 2018/19. Objetivo al alcance de la mano.

West Ham, derrotado pero no hundido

El marcador fue cruel con West Ham. Fernandes perdonó una ocasión clarísima. Callum Wilson, que vive ya en la rutina de las apariciones finales, rozó el empate dos veces en el descuento: primero se topó con el bloqueo de Gabriel, luego con un VAR que revisó durante una eternidad una posible diana que habría cambiado la narrativa de la tarde.

Mavropanos volvió a firmar un partido poderoso. Secó a Gyokeres, remató de cabeza y estuvo a punto de cazar el último córner del duelo si Rice no lo hubiera sujetado en el área como en un placaje de rugby. Su final de temporada invita a mirarlo de reojo como diferencial para el cierre ante Newcastle y Leeds.

Arsenal se marchó con el botín. West Ham, con la sensación de haber estado a un detalle de arruinarle la fiesta al líder.

Forest se agarra a la Premier… y mira al parte médico

Mientras tanto, en el City Ground, Nottingham Forest sacó un punto que sabe a salvación en un partido que se le había puesto cuesta arriba desde la alineación. Sin Morgan Gibbs-White, ausente por una lesión facial, el equipo perdió creatividad y filo.

Sin Murillo, Ibrahim Sangare ni Ola Aina, Vitor Pereira optó de inicio por una defensa de cinco, convencido de que un empate podía bastar para asegurar la permanencia. El plan duró poco. El equipo sufría demasiado y el técnico cambió a línea de cuatro. El juego mejoró, pero el gol se resistía.

Tuvo que aparecer el otro talismán del equipo. Elliot Anderson, ex del Newcastle, cazó un pase filtrado de James McAtee a dos minutos del final y no perdonó. Cuarto gol del curso, más puntos por contribución defensiva y entrada directa en el top cinco de centrocampistas en el juego Fantasy.

Pereira, con la mirada ya en la próxima jornada, fue claro sobre sus ausencias:

Esperanza, pero ninguna garantía. La decisión sobre Gibbs-White, recordó, fue puramente médica. Si el especialista no le da luz verde, no jugará.

Newcastle, talento arriba y agujeros atrás

En el otro lado, Eddie Howe movió piezas. Nick Woltemade recibió su primera titularidad en dos meses, William Osula mantuvo el puesto tras tres goles en cuatro partidos y Lewis Hall reapareció, esta vez como lateral derecho, ante las bajas de Tino Livramento y Fabian Schar.

Kieran Trippier apenas pisó el césped en el descuento. Anthony Gordon, con futuro incierto, se quedó en el banquillo y puede que ya haya jugado su último encuentro con la camiseta del Newcastle.

El peso ofensivo recayó en Bruno Guimaraes. El capitán se adueñó del partido: cuatro disparos, incluido un libre directo que se marchó rozando el palo, tres grandes ocasiones creadas, tres pases clave y cinco faltas recibidas. Una actuación completa que le valdrá dos puntos de bonus.

Osula también probó suerte con cuatro remates, uno de ellos un libre directo al larguero. Entre ambos concentran ahora mismo el mayor atractivo Fantasy del Newcastle, con Bruno como apuesta más segura por minutos.

La muralla de Forest la derribó Harvey Barnes. Salió desde el banquillo, atacó al espacio un pase al hueco de Jacob Ramsey y definió con frialdad en el 74’. Segundo partido consecutivo marcando en Premier, algo que no lograba desde noviembre.

Con Gordon prácticamente fuera de la ecuación y el Newcastle buscando cerrar la temporada con buena cara, Barnes se ha ganado a pulso una seria candidatura para ser titular ante West Ham en la Gameweek 37. Howe lo dejó claro: es un jugador con gol y se ha ganado esa oportunidad.

El problema, otra vez, llegó atrás. Otro gol encajado en los minutos finales. Otra ventaja desperdiciada. Otra bronca pública del técnico, que lamentó la tendencia a recular y defender demasiado cerca del área en los momentos clave.

La pregunta, ahora, es sencilla y brutal: ¿podrá Arsenal sostener este equilibrio precario entre épica y supervivencia defensiva durante dos jornadas más… o será precisamente esa fragilidad la que decida el título?