Aston Villa: La Era Moderna Bajo Unai Emery
El Holte End se vistió de manifiesto. “We've Conquered Before. We're Prepared For More”, se leía en un tifo gigantesco que cayó desde lo alto de la grada más icónica de Villa Park justo cuando Aston Villa saltaba al césped para enfrentarse a Viking en la Champions League.
En la banda, Unai Emery caminaba hacia su zona técnica entre una ovación cerrada. No era un simple saludo de cortesía: era el reconocimiento a cuatro años que han cambiado el eje de uno de los grandes clubes históricos de Inglaterra.
El sábado, cuando reciba al líder de la Premier League, Manchester City, Emery celebrará el cuarto aniversario de su llegada desde Villarreal. Una fecha que ya puede catalogarse como fundacional: el día en que empezó la era moderna de Aston Villa.
De la inquietud al fervor
Villa Park respira ahora algo que llevaba décadas buscando: convicción. La atmósfera ante Viking fue la de un estadio que se sabe de vuelta en la élite, alimentado por el título de la Europa League de la temporada pasada y por el regreso a la Champions.
Hace apenas unas semanas, el paisaje era muy distinto. El verano había dejado un reguero de salidas dolorosas y una sensación de vértigo. Se marcharon piezas clave del once que en mayo aplastó 3-0 a Freiburg en Estambul para conquistar la Europa League: seis de aquellos titulares abandonaron el club durante el mercado.
Se fueron el héroe del Mundial Emiliano Martínez, Lucas Digne y Youri Tielemans. También un trío inglés que simbolizaba el proyecto: Ollie Watkins, Ezri Konsa y Morgan Rogers, con Konsa y Rogers rumbo a Arsenal y Chelsea por un total de 172 millones de libras. En total, cerca de 320 millones ingresados. Mucho dinero, pero también mucha identidad desprendida.
No era solo un equipo campeón. Era el primer título europeo del club desde la Copa de Europa de hace 44 años y el primer trofeo doméstico desde la League Cup de 1996. Tocarlo implicaba tocar memoria.
El arranque de temporada no ayudó a calmar nervios. 0-4 en Brighton, con los cuatro goles encajados antes del descanso. 0-1 en casa ante Arsenal. Empate sin goles en Hull City. Derrota 1-2 frente a Nottingham Forest en Villa Park.
Demasiadas dudas, demasiado pronto. Hasta que llegó la primera victoria, en el campo de Spurs. A partir de ahí, el Villa de Emery reapareció como si hubiera estado agazapado: 6-0 a Fenerbahce en la Champions en Villa Park, un sólido 1-0 en Newcastle United y el 3-1 a Viking que disparó de nuevo la confianza.
Villa 2.0: una reconstrucción a toda velocidad
El marcador ante Viking reflejó autoridad, pero el verdadero mensaje estuvo en el cómo. Con ese triunfo, Villa encadenó su duodécima victoria europea consecutiva en casa bajo la batuta del gran especialista Emery. Tres de tres en esta fase de grupos de Champions, líder momentáneo de la clasificación hasta el tanto tardío de Peter Christiansen para los noruegos, que dejó al equipo empatado a nueve puntos con Paris Saint-Germain, Liverpool, Real Madrid y Real Betis.
Emery, hiperactivo en la banda, parecía alimentarse de la renovación que él mismo ha pilotado. El club, respaldado por el copropietario Nassef Sawiris, no se limitó a vender: también invirtió 280 millones de libras en rearmar el proyecto. Y los primeros indicios apuntan a un gasto afinado.
Ante Viking, el foco se lo llevó un chico de 20 años: Alysson. El brasileño, fichado en enero desde Gremio en una operación que podría alcanzar los 10,4 millones de libras, fue un tormento constante por la derecha. Velocidad, desborde, atrevimiento. Le falta pulir la definición, pero su impacto fue devastador: provocó el penalti que Emiliano Buendia convirtió para el 2-0 y firmó una cabalgada que acabó con su centro desviado a propia puerta por Henrik Heggheim para el 3-0.
Por la otra banda, Ibrahim Mbaye, 18 años, 47 millones pagados a Paris Saint-Germain, dejó destellos de por qué Villa apostó tan fuerte por él. El extremo, que disputó los cuatro partidos de Senegal en el Mundial 2026 y se convirtió en el africano más joven en marcar en una Copa del Mundo masculina con su gol en la derrota 3-1 ante Francia, insinúa una sociedad de futuro con Alysson que ilusiona a la grada.
En la portería, Zion Suzuki, 24 años, internacional japonés fichado desde Parma por 30 millones, tenía una misión ingrata: sustituir a un ídolo como Martínez. Ha respondido con serenidad, seguridad en el área y un plus inesperado: un juego de pies sobresaliente, tanto en corto como en largo, que le da a Villa una salida limpia y agresiva desde atrás.
En el centro del campo, Joao Gomes, llegado desde Wolverhampton Wanderers por 38 millones, mostró ante Viking la mezcla de energía y criterio que Emery busca para sostener su estructura.
Arriba, la gran incógnita era cómo llenar el vacío goleador de Watkins, traspasado a Al-Hilal en la Saudi Pro League. Emery miró al pasado para encontrar su futuro: Nicolas Jackson, al que ya había dirigido en Villarreal, llegó desde Chelsea por 65 millones. El delantero no ha tardado en responder: cinco goles ya con su nueva camiseta y una adaptación exprés a los automatismos del técnico vasco.
Y aún así, puede que el fichaje más seductor sea Johan Manzambi. El suizo de 21 años, revelación del último Mundial, aterrizó desde Freiburg por algo más de 50 millones, en una operación que arrebató el objetivo a Newcastle United y dejó a Eddie Howe desolado. Manzambi marcó en su debut como titular en la victoria ante Spurs y volvió a ser decisivo con el gol del triunfo en St James' Park. Su presencia ante Manchester City está en duda, pero su impacto ya es innegable.
Emery, el perfeccionista incansable
En medio de tanto cambio, Emery no ha levantado un proyecto desde cero. Ha construido sobre pilares que se niegan a envejecer.
John McGinn sigue siendo el latido del equipo, el capitán que encarna el espíritu competitivo de la plantilla. A su lado, un resucitado Ross Barkley aporta experiencia y llegada. El exinternacional inglés, fichado desde Luton Town en julio de 2024 tras su cesión en la temporada 2020-21, vive una segunda juventud a los 32 años.
Barkley marcó ante Viking, su cuarto tanto del curso tras el doblete en la goleada a Fenerbahce. Emery no oculta su devoción por él. Lo considera un futbolista de talento contrastado cuya carrera se desvió tras su etapa en Chelsea y al que ahora exprime al máximo en el plano ofensivo, exigiéndole goles, presencia en el área y juego aéreo.
Esa exigencia define al técnico. Emery aprieta a sus jugadores con la misma dureza con la que se analiza a sí mismo. No se conforma con la inercia del éxito. Sabe que el margen de mejora es lo que separa a un buen equipo de uno que pelea por todo.
Tras el 3-1 a Viking, miró al calendario y no se escondió. “Esos tres puntos nos llenan de confianza. Estamos cómodos, y se trata también de encontrar equilibrio, porque después de este partido vamos a jugar contra Barcelona, favoritos, y luego contra Galatasaray fuera de casa”, apuntó. Y lanzó un mensaje directo a la afición de Villa Park: quiere el mismo ambiente, la misma energía, cuando llegue Manchester City.
Villa, que llegó a encabezar momentáneamente la tabla de su grupo de Champions, se presentará al duelo del sábado ante un City que ha ganado sus siete partidos de Premier. Un examen mayúsculo. Un choque entre un proyecto consolidado y otro que se rehace a toda velocidad sin perder su esencia.
Las dudas del verano se han disipado mucho antes de lo previsto. El estadio vuelve a creer. El equipo responde. El entrenador, que ya ha conquistado Europa con Sevilla, Villarreal y ahora Aston Villa, vuelve a situarse en el centro del escenario.
La pancarta del Holte End lo resumió mejor que nadie. Ya conquistaron antes. La pregunta ahora es cuántas veces más.





