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Cody Gakpo: De un verano duro a héroe con Países Bajos

Cody Gakpo, del verano más duro de su vida a gol salvador con Países Bajos

El balón le cayó del cielo en el descuento, en un estadio en silencio contenido. Cody Gakpo no dudó. Control, volea y 1-1 para Países Bajos ante Alemania en la Nations League. Un gol precioso, sí, pero sobre todo un gol cargado de contexto. Detrás de ese disparo hay un verano roto, un traspaso frustrado y una decisión de club que le cambió el rumbo.

Frente al banquillo rival estaba Jürgen Klopp, el entrenador que le lanzó en la élite en el Liverpool y que ahora dirige a la selección alemana. En la grada, la sensación de que Gakpo ha dado un paso al frente justo cuando muchos dudaban de él. En agosto, Manchester City llegó dispuesto a poner 80 millones de libras sobre la mesa. El acuerdo parecía encarrilado. Las conversaciones avanzaban. Y, de repente, freno en seco.

Liverpool cambió de idea.

Un verano devastador

Antes de todo eso, antes de las cifras, las llamadas y los informes de mercado, llegó el golpe más duro. Gakpo y su pareja, Noa van der Bij, anunciaron este verano que su segundo hijo había fallecido durante el embarazo. Nada que ver con fútbol. Nada que ver con sistemas, posiciones o estadísticas. Un vacío personal que convierte cualquier debate deportivo en ruido de fondo.

“Fue un verano difícil para mí, para mi familia y para todo lo que rodea al fútbol y a la vida”, reconoció el delantero cuando le preguntaron si realmente pensó que saldría del Liverpool. No quiso dramatizar, pero tampoco esconderse. “Lo dejé venir, y terminó como terminó”.

En medio del duelo, el mercado no se detuvo. Desde Inglaterra se daba por hecho que el City lo quería y que el Liverpool estaba abierto a negociar. En el entorno del jugador se percibía que la puerta se abría. Hasta que se cerró.

“Clavado”, respondió cuando le plantearon que el club de Anfield estuvo dispuesto a dejarle marchar y luego reculó. Sin adornos. Sin rodeos. “Yo no puedo elegir. Entonces tengo que intentar hacer lo que se me da bien, y eso es jugar al fútbol”.

Sin rabietas, con respuestas

Muchos futbolistas, en su lugar, habrían mirado al suelo. O al móvil. O al mercado de enero. Gakpo eligió otra cosa. “Puedo preocuparme mucho por todo lo que podría haber pasado, o que no pasó, o lo que sea, pero eso no ayudaría a la situación”, explicó. La frase define bien su verano: aceptar lo incontrolable y agarrarse a lo que sí depende de él.

“No se trata de mi carácter”, añadió. “Estoy en un punto en el que no me importa, solo quiero disfrutar del fútbol con mis amigos, con mis compañeros. Quiero disfrutar de mi vida y lo que tenga que pasar, pasará. Si no tengo control sobre la situación, no me preocuparé. Así que solo hago mi trabajo con eso”.

Ese “trabajo” se ha traducido en respuestas sobre el césped. Nada de bajar los brazos tras ver cómo se caía la opción de jugar para Pep Guardiola. Gakpo marcó en el empate del Liverpool en la primera jornada de la Premier ante Newcastle, vio puerta en la victoria de Carabao Cup frente al Tottenham y ya suma cinco asistencias en este arranque de curso. Menos ruido, más producción.

La herida de la temporada pasada

Su determinación nace también de una autocrítica clara. Gakpo no se esconde cuando mira al último año en Anfield. Admitió que “podría haberlo hecho mucho mejor que el año pasado”, en una temporada decepcionante para el Liverpool que terminó con la salida de Arne Slot del banquillo.

No fue un curso sencillo para nadie en el club. La transición, las dudas, la sensación de que el equipo se quedó corto en los momentos clave. En ese contexto, el neerlandés no alcanzó el impacto que muchos esperaban. Él lo sabe. Y lo dice. Esa honestidad encaja con su manera de afrontar lo que ha venido después.

La visión del vestuario

Si fuera por algunos debates externos, Gakpo habría sido un jugador prescindible en el nuevo proyecto del Liverpool. Dentro del vestuario, la lectura es muy distinta. Y quien lo deja claro es alguien con mucho peso: Virgil van Dijk, capitán de la selección neerlandesa y referencia también en Anfield.

“Si la gente no apreciaba a Cody antes, personalmente no lo entiendo”, sentenció Van Dijk tras la volea agónica ante Alemania. No necesitó adornos. Para él, la decisión del club estaba clarísima. “Para nosotros, como equipo y como club, fue una obviedad mantenerle. Hubo conversaciones, pero, en mis ojos, no puedes dejarle ir y por eso lo dije. Es también un amigo. Nuestro, por favor: mantengámoslo así”.

Las palabras del central resumen el sentir de un vestuario que ve en Gakpo algo más que un activo de mercado. Ven un futbolista que, en el peor verano de su vida, no se refugió en excusas ni en reproches. Que aceptó que el club dudara y luego rectificara. Y que respondió con goles, asistencias y una madurez poco habitual a sus 25 años.

Un punto de inflexión

El empate ante Alemania no da títulos ni cierra heridas, pero sí deja una imagen poderosa: Gakpo, celebrando su gol en el descuento, rodeado de compañeros que saben todo lo que ha pasado en los últimos meses. El fútbol, de vez en cuando, ofrece estas pequeñas justicias poéticas.

El City ya mira hacia otros objetivos. Liverpool, en cambio, ha redescubierto el valor de un jugador al que tuvo a un paso de la puerta de salida. El propio Gakpo lo resume con una frase sencilla: “Solo hago mi trabajo”. Ese trabajo, hoy, pesa mucho más que cualquier rumor de mercado.

La pregunta ya no es qué habría sido de él en el equipo de Guardiola. La cuestión, ahora, es otra: ¿hasta dónde puede llegar este Cody Gakpo que ha aprendido a vivir con lo que no controla y a marcar la diferencia con lo que sí depende de sus botas?