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Crecimiento del fútbol femenino en Tottenham: de la crisis a la identidad

La temporada pasada, mientras el equipo masculino de Tottenham coqueteaba peligrosamente con el abismo, el verdadero antídoto al drama se jugaba a unos pocos kilómetros y con otra energía: el fútbol de Tottenham Women. Mientras unos se pasaban meses mirando de reojo la zona de descenso, las otras firmaban su mejor campaña en la Women’s Super League y convertían los domingos en algo más que un ejercicio de resistencia emocional.

Porque lo de las Spurs fue, sencillamente, divertido. Un 7-2 salvaje contra Aston Villa, una tanda de penaltis de FA Cup contra London City Lionesses que rozó lo surrealista —los primeros 17 lanzamientos acabaron en gol— y una colección de golazos que coronó Cathinka Tandberg con un disparo desde casi 40 metros. Mientras el Tottenham Hotspur Stadium temía visitas de equipos de la parte baja del fútbol inglés, el equipo femenino ponía goles, carácter y una identidad reconocible.

Del caos al refugio

En los chats de aficionados del equipo masculino, el tono era de alarma permanente: pases eternos alrededor del área, una enfermería llena y pocas respuestas en el mercado. La sensación de crisis se instaló durante meses. Para muchos, el escape estaba al otro lado del club.

Tres años atrás, una familia decidió hacerse abonada de Tottenham Women, empujada por el impacto de las Lionesses en el Mundial de 2023. En Brisbane, rodeados por unos 2.000 aficionados de Colombia y apenas una veintena de seguidores de Inglaterra, descubrieron un tipo de experiencia futbolística distinta: cercana, respetuosa, abierta. Ese ambiente terminó llevándoles a Leyton Orient, donde Tottenham Women disputa la mayoría de sus partidos como local. Y allí, el contraste con el clima en torno al equipo masculino se hizo evidente.

La pregunta, entonces, es inevitable: ¿qué ha cambiado en el equipo femenino para que el crecimiento sea tan evidente?

La huella de Martin Ho

El primer gran giro tiene nombre propio: Martin Ho. Llegó la temporada pasada tras pasar por el cuerpo técnico de Manchester United y dirigir a Brann en Noruega. Su desembarco no fue ruidoso, pero sí profundo.

En el césped, su Tottenham ataca, corre y defiende con un plan. Las futbolistas parecen saber exactamente qué hacer y cómo ayudarse entre sí. No hay improvisación disfrazada de valentía, sino un equipo que se reconoce en cada fase del juego.

Fuera del campo, Ho se ha ganado a la afición con gestos sencillos pero poco habituales: paseos ocasionales por el “Legends Lounge” de Leyton Orient, conversaciones distendidas con abonados antes de los partidos, cercanía real. El mensaje ha calado: este proyecto no solo va de resultados, va de construir algo en común.

El impacto se ve en los números. Tras una temporada 2024-25 muy por debajo de las expectativas, terminando apenas un puesto por encima del descenso y con la salida de Robert Vilahamn, el giro fue inmediato: cinco victorias en los primeros seis encuentros del último curso. No se sabe qué dijo Ho en el vestuario, pero desde luego no fue un discurso destructivo al estilo Igor Tudor. Tottenham empezó a parecerse a un equipo que cree en lo que hace.

Fichajes con sentido, roles claros

El crecimiento no se explica sin las decisiones en la plantilla. Olivia Holdt se convirtió en la máxima goleadora del equipo desde el centro del campo, Toko Koga se consolidó como referencia en el eje de la defensa y, en enero, Signe Gaupset añadió una marcha más con sus conducciones agresivas a través de la medular.

El trabajo con las ya presentes también marcó la diferencia. Jugadoras como Eveliina Summanen, Amanda Nildén, Lize Kop, Drew Spence o Clare Hunt ofrecieron un rendimiento sostenido durante todo el año. Tottenham fue intenso, ordenado y valiente. Se notaba en cada carrera, en cada presión.

Hubo golpes, claro. Manchester City pasó por encima un par de veces, impulsado por una Khadija “Bunny” Shaw con cifras de goles por partido que compiten con las de Erling Haaland. City acabó llevándose la liga por delante de Arsenal, Chelsea y Manchester United, el bloque duro de la WSL. Tottenham terminó quinto, justo detrás de ese cuarteto dominante. De pronto, hablar de asaltar el top 4 en uno o dos años ya no suena a fantasía.

Refuerzos de nivel y despedidas dolorosas

El club no ha querido frenar. Pocos días después de que terminara la temporada, Tottenham cerró la llegada de Caitlin Dijkstra, internacional neerlandesa procedente de Wolfsburg, para reforzar la defensa. También incorporó a Shekiera Martinez, que dejó una imagen de delantera eficaz en un West Ham muy discreto.

La lista de fichajes continuó con nombres contrastados como Kirsty Hanson desde Aston Villa y Alice Sombath desde OL Lyonnais. Refuerzos que hablan de ambición y de un proyecto que empieza a resultar atractivo en el mercado europeo.

No todo han sido sonrisas. La marcha de Bethany England, máxima goleadora histórica del club, deja un vacío deportivo y emocional. Cuesta entender que no se le ofreciera al menos un año más de contrato. También se ha despedido Ashleigh Neville, que se ha marchado a Leicester para estar más cerca de casa, una decisión comprensible pero igualmente sentida por la grada. Son salidas que duelen y que obligan a redefinir liderazgos en el vestuario.

Una comunidad que crece

El equipo que se verá al inicio de la próxima temporada será muy distinto al de hace tres años. Lo que no cambia es el núcleo de abonados que se sientan cada jornada en Leyton Orient. Entre ellos hay gente que lleva décadas sufriendo y disfrutando con Tottenham, tanto en masculino como en femenino. Escriben blogs, graban pódcasts, viajan a campos hostiles como el de West Ham bajo lluvia y viento. Algunos estuvieron cuando el equipo se llamaba Broxbourne Ladies y peleaba en categorías mucho más modestas.

Su conocimiento del juego es profundo, su compromiso, inquebrantable. Y su manera de vivir el fútbol, distinta. El ambiente en los partidos de Tottenham Women es intenso, pero raramente tóxico. Hay quejas al árbitro, ironías sobre su última visita a una conocida óptica de la calle principal, pero la agresividad verbal y el insulto constante que se escuchan en el fútbol masculino aparecen mucho menos.

Las gradas se llenan de pancartas con jugadoras del equipo sobre banderas Progress Pride. El mensaje es directo: aquí cabe todo el mundo. Para muchos aficionados, ese despliegue visual ha sido una puerta de entrada a una comprensión más amplia del papel del fútbol como herramienta de cambio social.

Fútbol sin VAR y con alma

El juego, además, tiene su propio ritmo. Sí, el fútbol femenino puede ser un punto más lento en algunas acciones, pero los partidos de la WSL son dinámicos, abiertos y, sobre todo, sin VAR. Eso implica alguna que otra decisión arbitral incomprensible, pero evita esos cinco minutos de espera en la grada sin saber qué está pasando mientras se revisa una jugada desde todos los ángulos posibles.

En Leyton Orient, el fútbol se parece más a lo que muchos recuerdan de sus primeras visitas a un estadio: decisiones humanas, errores humanos, emociones inmediatas. Menos pulido, más real.

La sensación, ahora, es que Tottenham Women se encuentra en un momento crucial. El equipo ha crecido, el proyecto tiene una idea clara, la plantilla se ha reforzado con criterio y la brecha con la élite se reduce. Falta por ver si el club es capaz de transformar esta inercia en algo mayor: títulos, noches europeas, una presencia estable entre los gigantes.

Mientras tanto, las gradas seguirán llenándose de banderas, debates tácticos y niños que descubren el fútbol a través de un equipo que no solo compite, sino que contagia algo más difícil de medir: la sensación de que merece la pena volver el próximo fin de semana.