Daniel Sturridge: Liverpool necesita un mediocentro defensivo
El arranque de la Premier League ha encendido las alarmas en Liverpool. El vigente campeón 2024/25 aún no encuentra su marcha, y el último ejemplo llegó en St James’ Park: un empate agónico ante Newcastle, rescatado en el minuto 99 gracias a un penalti transformado por Dominik Szoboszlai. Demasiado poco, demasiado tarde para esconder las grietas.
Las dos dianas encajadas hicieron saltar chispas en el análisis posterior. Jamie Carragher habló de “locura” por no haber corregido los problemas estructurales en el centro del campo que ya habían lastrado al equipo la temporada pasada. El Liverpool de Arne Slot, como antes el de Andoni Iraola en el otro banquillo, se vio demasiado fácil de atravesar por dentro. La herida sigue abierta.
Sturridge, contundente: “Llevamos tres años hablando de esto”
En el plató de Sky Sports, Daniel Sturridge no se anduvo con rodeos. El exdelantero red, ahora analista, fue directo al corazón del problema: el mediocentro defensivo.
“Creo que el equipo necesita un mediocentro defensivo, personalmente. Llevamos hablando de un mediocentro defensivo en Liverpool durante los últimos tres años”, lanzó Sturridge tras el partido en Newcastle.
El exinternacional inglés recordó cómo el título de Premier bajo Slot y la irrupción de Ryan Gravenberch alteraron la percepción del debate… pero no la realidad del perfil de la sala de máquinas.
“Gravenberch entrando en el equipo, jugando de forma consistente y Liverpool ganando la Premier League cambió un poco esa filosofía, pero si analizas el centro del campo, todos son, de forma natural, jugadores más ofensivos”, apuntó.
La idea es clara: el equipo acumula talento creativo, pero carece de ese especialista puro en destruir juego rival, proteger la defensa y marcar el tono físico del partido.
El modelo a seguir: Sangare, Kanté… y lo que Liverpool no tiene
Sturridge fue más allá y puso nombres propios sobre la mesa. Elogió el rendimiento de Mamadou Sangare en su debut con Brentford ante Tottenham Hotspur el sábado, un partido que, a sus ojos, ejemplifica el tipo de mediocentro que Liverpool echa de menos.
“Liverpool no tiene ahora mismo ese perfil de jugador”, subrayó. Y ahí apareció otro nombre clave en la conversación interna del club: Trey Nyoni.
“Me gusta mucho Trey Nyoni como futbolista. Es brillante, pero es más un ‘6’ o un ‘8’ de toque, de balón”, explicó. Un organizador, no un perro de presa.
“Él no es un destructor. No es alguien que vaya a infundir miedo al rival como puede hacerlo Sangare, o como lo hizo N’Golo Kanté durante años”, remató Sturridge, marcando la diferencia entre el talento joven que ilusiona y el especialista consagrado que ordena y asusta.
Un vacío evidente en la plantilla… y el reloj apretando
La grada de Anfield difícilmente discutiría hoy a Sturridge. El partido ante Newcastle volvió a exponer un patrón ya conocido: Ryan Gravenberch y Alexis Mac Allister brillan con balón, forman una pareja de gran nivel en la base del juego, pero ninguno encaja en la etiqueta de ‘6’ puro, de mediocentro que vive para romper ataques, recuperar y lanzar la transición.
El nombre de Adam Wharton encaja casi a la perfección en ese molde. Sin embargo, la realidad del mercado es otra. Convencer a Crystal Palace para desprenderse de su mediocampista más destacado a estas alturas de la ventana se antoja, como mínimo, muy complicado para Richard Hughes y la dirección deportiva.
Nyoni, por su parte, representa el futuro. Podría convertirse con el tiempo en ese ancla del centro del campo. Pero cargarle ya, con 19 años, la responsabilidad de sostener el equilibrio táctico del campeón y tapar los errores de planificación de los últimos mercados sería una apuesta tan romántica como arriesgada.
El calendario no espera. El mercado de fichajes entra en sus últimos días y Liverpool sigue sin ese mediocentro defensivo que tantos analistas, exjugadores y aficionados consideran imprescindible para sostener una defensa que sufre demasiado cuando la presión alta se rompe.
Queda poco margen para maniobrar, pero no cero. La pregunta es si la cúpula del club se atreverá a dar el golpe de timón que pide Sturridge… o si el campeón afrontará otra temporada con un hueco evidente justo en el corazón del equipo.






