El dilema de Mbappé en el Real Madrid: ¿esfuerzo y resultados?
En el túnel del Bernabéu, camino al césped, los jugadores del Real Madrid pasan siempre por la misma sentencia de Alfredo Di Stéfano, grabada en la pared como un recordatorio y una advertencia: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”.
La frase, pensada para un club que se hizo gigante a base de equipos, no de nombres, suena hoy más actual que nunca en una entidad que lleva dos temporadas seguidas sin levantar un gran título y que mira con recelo a sus propias estrellas.
El ruido alrededor de un fichaje de época
Vinicius Junior, Jude Bellingham, Kylian Mbappé. Nombres diseñados para vender camisetas, llenar estadios y sostener un ciclo ganador. Hoy, también objetivo de pitos y silbidos en Chamartín. Ni siquiera Florentino Pérez, arquitecto de la era de los galácticos, se libra del enfado del Bernabéu.
El clima se ha ido enturbiando. La pelea en Valdebebas entre Aurelien Tchouameni y Federico Valverde destapó tensiones internas que ya se intuían. Pero el debate que más quema gira alrededor de Mbappé, el delantero al que el club persiguió durante años, al que esperó, al que finalmente abrazó en junio de 2024 con un contrato descomunal y la sensación de haber asegurado el futuro.
Hace menos de dos años, el relato era otro. El Madrid venía de ganar LaLiga y la Champions, con Bellingham y Vinicius Jr en plena explosión. La llegada de Mbappé se interpretó como el golpe definitivo para dominar Europa. Hoy, el escenario es mucho más áspero.
Un goleador incuestionable… en las cifras
Si se mira solo el marcador, Mbappé cumple con creces. Es el máximo goleador del equipo en LaLiga y en la Champions desde que aterrizó en el Bernabéu: 77 tantos entre ambas competiciones, Bota de Oro en la temporada 2024-25, y casi seguro máximo artillero de la presente edición de la Champions con 15 goles, cerca del récord de Cristiano Ronaldo (17 en 2013-14).
En la eliminatoria de cuartos ante el Bayern, uno de los grandes fracasos recientes del equipo, fue de los pocos que rindieron al nivel esperado, con dos goles en los dos partidos. Sus números avanzados también le respaldan: ha marcado siete tantos más de los que la calidad de sus ocasiones sugería. Acapara la mayoría de las oportunidades del equipo y casi duplica en goles a cualquier otro compañero desde que llegó.
Y, sin embargo, el Bernabéu le pita.
Tras la eliminación europea, en el siguiente partido en casa, Mbappé fue uno de los señalados por la grada. Desde entonces, el francés vive rodeado de críticas por su rendimiento y por su vida fuera del campo.
Un episodio en el entrenamiento, destapado en abril, le enfrentó con un miembro del cuerpo técnico en la previa del duelo ante el Real Betis. Ese choque, según distintas fuentes, alimentó el mal ambiente. También molestó su viaje a Italia con su pareja durante la recuperación de una lesión, pese a que, según su entorno, el proceso estuvo controlado por el club. Sus representantes emitieron un comunicado defendiendo su compromiso diario con el equipo y denunciando una “sobreinterpretación” de los hechos.
La pregunta, sin embargo, sigue en el aire, flotando sobre el Bernabéu: ¿ha merecido la pena este camino?
El caso contra Mbappé: desequilibrio y desgaste
Cuando su fichaje procedente del Paris Saint-Germain estaba a punto de hacerse oficial, un miembro del cuerpo técnico de Carlo Ancelotti señaló sus datos sin balón. Lo que veían les preocupaba: esfuerzo defensivo mínimo, casi inexistente.
Aquel recelo, en pleno éxtasis por la 15ª Champions y con una plantilla poderosa, sonaba a prudencia extrema. Hoy parece una advertencia cumplida.
En LaLiga y en la Champions, Mbappé es el jugador del Madrid con menos entradas, menos intercepciones y menos recuperaciones de balón por 90 minutos. Pero lo más revelador es otra métrica: los intentos reales de entrar al duelo, la suma de entradas ganadas, perdidas y faltas cometidas. En LaLiga, ocupa el último lugar entre 461 futbolistas de campo: apenas 0,6 intentos por partido.
Salvo contadas excepciones —algún Clásico, alguna noche grande de Champions—, Mbappé es el futbolista que menos se esfuerza en defensa. Para una estrella ofensiva eso no tiene por qué ser un pecado mortal. El problema llega cuando comparte ataque con otros galácticos como Vinicius Jr, Bellingham o Rodrygo, todos ellos con necesidades propias de balón y espacio.
Y falta por abordar el rompecabezas principal: la convivencia con Vinicius Jr en el costado izquierdo.
Dos soles en el mismo lado
Sobre el papel, juntar a Mbappé y Vinicius Jr parecía un sueño ofensivo. En la realidad, muchas veces se ha parecido más a un atasco. Sus zonas de influencia se pisan, sus desmarques chocan, sus decisiones se solapan.
Los mapas de toques lo retratan con crudeza: ambos tienden a caer a la izquierda en la fase de creación. Ha habido destellos de conexión, sí, combinaciones que han encendido al estadio, pero nada parecido a la fluidez que Vinicius Jr tuvo en su día con Rodrygo.
Esa aparente incompatibilidad abre un debate incómodo en los despachos: ¿quién pensó que dos atacantes dominantes, zurdos de banda izquierda, eran una solución sostenible a largo plazo? Y otra duda aún más profunda: ¿compensa tener un goleador voraz si su presencia distorsiona el funcionamiento colectivo?
Los números del equipo alimentan esa reflexión. El Madrid marcó 78 goles en LaLiga la temporada pasada y suma 70 en la actual con tres jornadas por jugarse. En la 2023-24, sin Mbappé y sin un nueve claro —con Bellingham como falso nueve y Joselu como recurso de área desde el banquillo—, el equipo firmó 87 tantos.
La cuestión se proyecta hacia el futuro: ¿cómo condicionarán las necesidades posicionales de Mbappé a los próximos talentos ofensivos que aterricen en el Bernabéu?
Y todo esto sin entrar en el terreno más delicado: la armonía del vestuario. Como líder, se espera que Mbappé aparezca en los momentos difíciles, dentro y fuera del campo. No siempre lo ha hecho.
Su fichaje llegó tras varios mercados de intentos fallidos. En su presentación en julio de 2024, Florentino Pérez habló de un “gran esfuerzo” del jugador por venir. Pero su “no” en 2022 dejó cicatriz en una parte de la afición. Y cuesta asociar la palabra esfuerzo a quien es el mejor pagado del vestuario y aún no ha levantado la Champions con el Madrid.
El caso a favor: el factor Cristiano Ronaldo
Pese al ruido, Mbappé sigue siendo uno de los mejores futbolistas del mundo. Llega a su plenitud, con 27 años, y con tres temporadas de contrato por delante. Y con Francia apunta a ser una de las grandes figuras del próximo Mundial.
Su versión más dominante aparece cuando se siente protagonista absoluto, como en la selección. Ganó el Mundial de 2018 con 19 años y en 2022 firmó un hat-trick en la final ante Argentina, algo que solo Geoff Hurst había logrado. Perdió el título, pero dejó claro el tamaño de su talento.
Cuando Xabi Alonso, en su etapa en el banquillo blanco, le dio más peso que a Vinicius Jr en el primer tramo de esta temporada, el francés se liberó. Jugó con otra calma, más cómodo, más influyente.
Tiene margen de mejora, sobre todo sin balón, pero si el club decide sostenerle y darle un marco claro, su techo sigue siendo altísimo. En un vestuario que ha perdido voces como Karim Benzema, Toni Kroos o Luka Modric, la jerarquía por talento también cuenta. Y Mbappé la tiene.
Su figura pública, pese a algunos tropiezos, muestra a un jugador capaz de manejar los focos. Tras la denuncia de Vinicius Jr por presunto abuso racista de Gianluca Prestianni en la previa de la Champions —el argentino negó el racismo y fue sancionado seis partidos por conducta homófoba—, Mbappé se posicionó con un discurso sólido en defensa de su compañero. Un gesto que en el club valoraron.
El Madrid, Florentino Pérez y José Ángel Sánchez ya han transitado por estas aguas antes. Saben lo que es convivir con un astro hipersensible, hambriento de protagonismo y con una personalidad que lo ocupa todo. Lo vivieron con el ídolo de infancia de Mbappé: Cristiano Ronaldo.
Los dos primeros años del portugués en el Bernabéu solo dejaron una Copa del Rey. La primera Champions con él llegó en 2014, cinco temporadas después de su fichaje, en Lisboa ante el Atlético. Por el camino hubo episodios envenenados, como aquel “estoy triste y la gente del club lo sabe” de 2012, tras marcar dos goles al Granada y no celebrarlos.
El desenlace es conocido: cuatro Champions, máximo goleador histórico del club y una huella casi imposible de igualar.
La historia enseña que, con ciertos futbolistas, la espera puede merecer la pena. La cuestión, hoy, es si el Real Madrid está dispuesto a soportar el ruido, ajustar el equipo a Mbappé y apostar por él como lo hizo en su día con Cristiano. O si, esta vez, la frase de Di Stéfano en el túnel terminará pesando más que cualquier estrella.






