Everton inicia la temporada con victoria en Hill Dickinson Stadium
Everton tardó menos de 90 minutos en cambiar el tono de toda una pretemporada. Sobre el césped del Hill Dickinson Stadium, el equipo de David Moyes sobrevivió a un arranque inquietante, golpeó en los momentos clave y firmó su primera victoria en un debut liguero en cinco años. Crystal Palace, en cambio, se llevó de Liverpool un aviso contundente sobre lo que espera a Pierre Sage en la Premier League.
Un susto inicial y un ausente que pesó demasiado
Antes de que el balón echara a rodar, Palace ya subía la cuesta. Sin Ismaila Sarr, máximo goleador del curso pasado y héroe del título en la Conference League con 21 tantos, el equipo londinense perdió su gran referencia ofensiva. Sage, pendiente de su posible salida a Galatasaray, decidió no incluirlo ni siquiera en la expedición.
La ausencia se notó de inmediato.
A los cuatro minutos, Eddie Nketiah cazó un mal despeje de James Tarkowski dentro del área y dejó solo a Jean-Philippe Mateta. El francés tenía el 0-1 en las botas, pero mandó el balón por encima del larguero. Era una ocasión de esas que Sarr no suele perdonar.
Ese aviso despertó a Everton. Ocho minutos más tarde, Kiernan Dewsbury-Hall filtró un pase perfecto hacia Merlin Rohl, improvisado lateral derecho. El alemán levantó la cabeza y encontró a Iliman Ndiaye, que remató potente pero centrado, directo a las manos de Dean Henderson. El intercambio estaba abierto, y el partido pedía un golpe de calidad.
La madera salva a Everton… hasta que aparece Dewsbury-Hall
El estreno de Sage en la Premier fue un baño de realidad. Nketiah y Mateta encontraron el poste antes del descanso, dos veces el mismo verdugo silencioso: la madera. Cada impacto sonó como un recordatorio de lo cruel que puede ser esta liga.
Everton sufría. Sin un lateral derecho natural, con desajustes atrás y con Jordan Pickford obligado a intervenir con dos paradas de mucho nivel, el equipo de Moyes caminaba sobre el filo. Pero cuando peor lo pasaba, encontró la vía de escape.
A tres minutos del descanso, el balón cayó a los pies de Dewsbury-Hall en la frontal. Controló, se perfiló y soltó un disparo seco, cruzado, imposible para Henderson. El balón voló directo al rincón más lejano. 1-0 y un rugido liberador en el Hill Dickinson Stadium, un estadio que empieza, por fin, a sentirse como hogar.
Barry amplía la ventaja y Palace se desmorona
La presión de Everton no se diluyó tras el descanso. Todo lo contrario. Ocho minutos después de la reanudación, Ndiaye se inventó un centro envenenado desde la banda. Tenso, con rosca, de los que piden un cabezazo decidido. Thierno Barry apareció en el área pequeña y empujó la pelota a la red de cabeza. 2-0 y el partido, de golpe, cambió de dueño.
Palace ya no era el equipo que había golpeado los postes. Era un conjunto tocado, más lento en las segundas jugadas, sin claridad en los últimos metros. Y la tarde se volvió todavía más oscura cuando Chadi Riad tuvo que abandonar el campo en camilla, aparentemente con una grave lesión de rodilla. El gesto del central lo decía todo; el de su entrenador, también.
Sage, que venía de firmar una campaña brillante con RC Lens en la Ligue 1, se encontró con la otra cara del fútbol inglés: un ritmo feroz, un margen de error mínimo y un castigo implacable a cada fallo.
Hill Dickinson empieza a parecer una casa de verdad
Moyes había comparado hace apenas unas horas la primera temporada en el Hill Dickinson Stadium con una habitación de una casa nueva en la que solo se ha puesto el papel pintado. Bonita, pero todavía vacía. Seis victorias en 19 partidos de Premier en su nuevo hogar no invitaban precisamente al entusiasmo.
Este debut liguero cambió el ambiente.
Everton no fue perfecto. Sufrió atrás, concedió demasiado a Nketiah y Mateta, y volvió a depender de Pickford en momentos clave. Pero tuvo algo que le faltó durante buena parte del curso pasado: pegada en las áreas y personalidad para sobrevivir a los momentos de angustia.
Dewsbury-Hall marcó diferencias entre líneas, Ndiaye castigó por fuera y Barry aportó colmillo en el área. Con esos tres y un portero en estado de alerta permanente, el equipo navegó un primer tiempo complicado y remató el trabajo con madurez en la segunda mitad.
Cuando sonó el pitido final en Merseyside, el estadio respiraba otra cosa: ilusión. No euforia desatada, pero sí la sensación de que, con uno o dos refuerzos antes del cierre del mercado, este Everton puede aspirar a algo más que a sobrevivir.
El peaje del éxito para Palace
Para Crystal Palace, la derrota se siente como el primer peaje de un periodo de transición inevitable. El club llega de 12 meses de ensueño, con tres títulos en el bolsillo, incluida una FA Cup histórica. Pero el precio del éxito ya asoma.
Oliver Glasner se marchó. Maxence Lacroix también. Ismaila Sarr puede seguir el mismo camino en las próximas semanas. Y Sage, recién aterrizado, debe reconstruir un equipo que se había acostumbrado a ganar.
En Liverpool, su debut se decidió por centímetros: dos postes, una definición errada de Mateta y un golpe maestro de Dewsbury-Hall. La Premier no perdona esos detalles. La pregunta es clara: ¿podrá Palace mantener el pulso de 2025 y 2026 en medio de tantas salidas, o este partido en el Hill Dickinson Stadium habrá sido el primer aviso serio de lo que se viene?






