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El fichaje de 116 millones que no despega: Wirtz bajo el microscopio

Florian Wirtz llegó a Anfield hace poco más de un año como un golpe de autoridad del club en el mercado: 116 millones de libras por el cerebro ofensivo llamado a marcar una era. Hoy, el relato es muy distinto. El alemán vive atrapado entre el precio de su traspaso, un rendimiento discreto y un escrutinio que ya roza lo asfixiante.

El último capítulo se escribió tras el pobre partido ante Bournemouth el pasado fin de semana. La actuación del mediapunta encendió todas las alarmas. No fue solo una mala tarde: para muchos, fue la confirmación de un problema que se alarga demasiado.

Jamie Carragher, voz autorizada en el universo Liverpool, no se anduvo con rodeos en su podcast. Calificó el encuentro de Wirtz como “una de las peores actuaciones que le he visto con la camiseta del Liverpool” y fue más allá, cuestionando abiertamente si el jugador está realmente preparado para triunfar en la exigencia física y mental de la Premier League.

No fue una crítica puntual, sino un dardo directo al corazón del proyecto que rodea al alemán.

La presión no llegó solo desde dentro de Anfield. Dietmar Hamann, excentrocampista del club y ahora analista, se sumó al debate con la misma dureza. Preguntado por el jugador que más ganas tenía de ver con Alemania durante el parón internacional, eligió precisamente a Wirtz. Su explicación fue demoledora: “Incluso los ingleses se han dado cuenta de que lo que ha pasado entre Liverpool y Wirtz parece un gran malentendido”.

Hamann no abrió la puerta a excusas ni contextos atenuantes. “Solo puedo juzgar lo que veo. Y lo que veo es un jugador que costó mucho dinero, jugó mal el año pasado y ha tenido otro mal inicio este año”, sentenció. Sin matices, sin red de seguridad para su compatriota.

Cuando un club pone una cifra de nueve dígitos sobre la mesa por un fichaje estrella, la ecuación es clara: impacto inmediato, liderazgo en el último tercio, goles, asistencias, peso en los grandes partidos. Wirtz, de momento, no ha entregado nada de eso con la regularidad esperada. Su falta de filo en ataque ha dejado al Liverpool ante un dilema incómodo: insistir en su apuesta o aceptar que la operación se ha torcido mucho antes de lo previsto.

Hamann lo resumió con crudeza: “Cuando te compran por tanto dinero, es natural que quieran que marques la diferencia en el último tercio del campo. Él lo está haciendo muy pocas veces”.

No se trata solo de números, sino de sensaciones. De esa impresión de que el juego pasa sin que Wirtz lo agarre por el cuello.

El parón internacional le ofrece ahora un respiro del foco abrasador de la Premier. Se marcha con la selección alemana con algo más que un puñado de entrenamientos y amistosos en juego: se juega crédito, confianza, quizá hasta su estatus dentro del vestuario del Liverpool. Hamann lo dejó caer con frialdad quirúrgica: “Será interesante ver cómo rinde, porque si las cosas siguen así en Liverpool, al final tirarán del enchufe”.

La frase resuena con fuerza en Merseyside. “Pull the plug”. Traducido al ecosistema de Anfield: tomar una decisión drástica, aceptar pérdidas, escuchar ofertas o reconfigurar por completo el rol del jugador. No es un escenario inmediato, pero ya no es una idea tabú.

Cuando Wirtz regrese a Anfield tras la ventana internacional, el paisaje no habrá cambiado: mismo precio, misma camiseta, misma exigencia. Lo que sí puede cambiar es su respuesta. O empieza a parecer el futbolista por el que el club pagó 116 millones, o el “gran malentendido” del que habla Hamann puede convertirse en el titular definitivo de su etapa en Liverpool. Y en este club, las segundas oportunidades a ese nivel de inversión se agotan muy rápido.