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Ilkay Gündogan y la posible revolución en Montpellier HSC

Montpellier HSC, campeón de Francia en 2012 y hoy atrapado en la grisura de la Ligue 2, se asoma a un cambio de era. Un fondo de inversión británico, GSS, negocia la entrada en el capital del club, y en el centro de la operación aparece un nombre inesperado para el fútbol francés: Ilkay Gündogan.

El excentrocampista de Manchester City forma parte del proyecto impulsado por GSS, según desvela L’Équipe. No llega solo. En la operación también está implicado Daniel Karbassiyoon, exjugador de Arsenal, Burnley e Ipswich Town, hoy reconvertido en hombre de despacho. El perfil de los actores deja claro el mensaje: Montpellier busca capital, pero también know-how futbolístico de alto nivel.

El giro de Laurent Nicollin

La historia arranca mucho antes de estas negociaciones avanzadas. En la temporada 2024/25, Laurent Nicollin, propietario de Montpellier HSC, lanzó una llamada pública a la inversión. El club ya sentía el vértigo deportivo y financiero. Nicollin envió un documento de diez páginas a los principales bancos de inversión franceses. Dentro, una frase que lo decía todo: “Lanzamos un anzuelo al mar”.

No era una venta desesperada, al menos no en su formulación inicial. Nicollin dejó claro que no deseaba desprenderse totalmente del club. Sin embargo, la realidad se impuso. Admitió que, dadas las circunstancias, podría verse obligado a convertirse en accionista minoritario de Montpellier. Otra frase, aún más cruda, resumía el momento: “Nuestra caída tiene que ser menos dolorosa a final de año”.

Ese “año” terminó con un golpe seco.

El peso de la Ligue 2

Relegado a la Ligue 2 para la temporada 2025/26, Montpellier no logró el rebote inmediato que tantas veces se vende como objetivo obligado. Ni siquiera alcanzó los playoffs de ascenso. Un descenso deportivo que se convirtió en lastre económico.

El paralelismo con Stade de Reims, también relegado en ese mismo curso y igualmente incapaz de pelear el regreso en las eliminatorias, subraya el contexto: el segundo escalón francés no perdona, y el retorno al élite se ha vuelto una empresa mucho más compleja que en el pasado.

En ese escenario, la entrada de un inversor extranjero deja de ser una opción y se convierte casi en una necesidad estratégica. La Paillade, símbolo de una ciudad y de una familia, podría cambiar de manos este verano.

Un acuerdo que se acerca

Según la información de L’Équipe, el entendimiento entre GSS y Nicollin se aproxima. Las conversaciones avanzan, pero aún no está definido el alcance exacto de la operación: no está claro si se tratará de una compra total del club o de una participación minoritaria significativa.

Lo que sí parece definido es el papel de Gündogan dentro del proyecto del fondo. El internacional alemán, con una carrera marcada por el éxito en Borussia Dortmund y Manchester City, aporta algo más que un nombre atractivo: una mirada moderna sobre la gestión deportiva y la construcción de plantillas competitivas. Su presencia sirve también como carta de presentación ante el vestuario, la afición y el mercado.

Karbassiyoon, por su parte, aporta una trayectoria ligada al fútbol inglés y a la detección de talento. Un perfil que encaja con la idea de reconstrucción desde la estructura deportiva, no solo desde el balance contable.

Identidad frente a capital

La gran incógnita gira ahora en torno a Laurent Nicollin. El heredero de una dinastía íntimamente ligada a Montpellier se enfrenta a una decisión que puede redefinir el futuro del club y su propio papel. ¿Mantener el control a costa de limitar el margen de maniobra económico? ¿O aceptar un rol secundario para asegurar un proyecto capaz de devolver al equipo a la Ligue 1?

Nicollin ya ha dejado entrever su pragmatismo. Asumió públicamente que quizá deba convertirse en accionista minoritario. Palabras que, en un club tan familiar, pesan tanto como una declaración de amor y de renuncia al mismo tiempo.

El verano se presenta decisivo. Si GSS cierra la operación y Gündogan se instala en el corazón del proyecto, Montpellier podría pasar de símbolo de declive reciente a laboratorio de un nuevo modelo de gestión en la Ligue 2.

La cuestión es sencilla y brutal: ¿será este el punto de inflexión que devuelva a La Paillade al lugar que creyó haber conquistado para siempre?