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James Maddison y su regreso al Tottenham tras una dura lesión

La nueva temporada de The Football Interview arranca con una historia de resistencia. Este sábado 22 de agosto, en BBC One, Kelly Somers se sienta frente a James Maddison, el cerebro de Tottenham Hotspur que ha pasado el último año más cerca del cambiador de bebés que del césped.

El mediocampista, de 29 años, no solo se ha peleado con una grave lesión de rodilla. También ha vivido “en las trincheras” en casa: cinco niños de cuatro años o menos, incluidos dos pares de gemelos, mientras él atravesaba la larga recuperación de una rotura del ligamento cruzado anterior sufrida el pasado agosto.

“Ha sido el año más duro de mi vida”, admite. Su pareja dio a luz a su segundo par de gemelos en pleno proceso de rehabilitación. Entre citas médicas, ejercicios de gimnasio y noches sin dormir, Maddison encontró en su familia algo más que compañía: un salvavidas.

“Necesitaba esa distracción positiva de que mi pareja estuviera embarazada y tener que estar ahí para ella y olvidarme de mí, aunque yo estaba pasando por una experiencia traumática con mi rodilla”, le cuenta a Somers.

La escena en casa ha sido todo menos idílica. “Muchos pañales volando, muchos accidentes en casa, pero valdrá la pena”, dice, casi riéndose del caos. Y remata con una frase que suena a mantra: “Lo seguimos amando. No lo cambiaría por nada del mundo”.

Un año sin fútbol… y un hijo que cree que papá dejó el club

La ausencia ha sido tan larga que incluso en su propia casa el fútbol empezó a desdibujarse. Su hijo mayor, Leo, llegó a pensar que su padre ya no jugaba en Spurs.

“Me perdí un año de fútbol, y un año en la vida de un niño –de tres años y medio a cuatro y medio– es obviamente enorme”, explica. “No podía ni recordar hace más de un año cuando venía a todos los partidos”.

Ese olvido duele más que cualquier sesión de fisioterapia. Maddison, que ha pasado demasiadas tardes viendo a sus compañeros por televisión con una máquina abrazando su rodilla, ya se imagina el momento del reencuentro de Leo con el estadio.

“Será bonito que vuelva a los partidos y recuerde a papá jugando, en lugar de solo papá sentado en casa viéndolo con una máquina en la rodilla”.

Tottenham al límite y un creativo obligado a mirar desde el sofá

Mientras Maddison peleaba por doblar bien la rodilla, Tottenham coqueteaba con el desastre. El equipo aseguró la permanencia en la última jornada y terminó apenas dos puntos por encima del descenso. Para un futbolista que vive del último pase, ver a su equipo sufrir desde el salón fue una tortura.

“Probablemente nos faltó un poco de creatividad y yo veía los partidos pensando: ‘¿Qué estaría haciendo yo ahí?’”, reconoce. La impotencia de no poder ayudar se sumaba al desgaste físico y mental de la lesión.

Ese contexto pesaba en el vestuario y en la grada. El Tottenham Hotspur Stadium respiraba tensión. Hasta que llegó un cambio en el banquillo.

Roberto De Zerbi y la misión de devolver el placer por jugar

En marzo aterrizó Roberto De Zerbi. Y el ambiente dio un giro. Maddison describe al técnico italiano con tres pinceladas claras: “Es muy listo. Es muy táctico. Está obsesionado con el fútbol, se le nota”.

Pero su primera decisión no fue inundar a la plantilla con pizarras y vídeos. Fue algo mucho más sencillo. Y mucho más humano.

“Cuando llegó, en comparación con la pretemporada y lo que entrenamos ahora, no quiso hacerlo demasiado complicado. Solo quería que recuperáramos el amor por jugar al fútbol”, cuenta el mediocampista.

Una de las primeras medidas del italiano fue organizar una cena de equipo. Sin restricciones. “Vamos a beber alcohol todos, vamos a pasar una buena noche”, les dijo, según recuerda Maddison.

Quería una noche sin tensión, sin análisis, sin hablar de sistemas. “Quería que tuviéramos una noche en la que todos simplemente nos relajáramos”, explica el jugador. Esa velada, con el grupo mezclado, riendo y bajando la guardia, dejó una sensación inmediata.

“Esa sensación que tuvimos hizo que todos nos sintiéramos más unidos, desde el primer momento”.

En el banquillo… en zapatillas si hace falta

Otro gesto clave de De Zerbi tuvo como protagonista directo a Maddison. Aún lesionado, sin estar listo para competir, el técnico decidió llevarlo al banquillo.

“Yo estaba casi como: ‘No estoy listo para jugar todavía, míster’”, recuerda. Pero el italiano insistió. Le dijo que podía ir al banquillo “en zapatillas” si quería. Lo importante no era que jugara, sino que estuviera. Que formara parte del grupo, visible, presente, influyente.

“Solo quería que estuviera con el grupo y pensó que eso beneficiaría al equipo. Yo lo tomé como un gran cumplido y actué como si fuera parte del banquillo, parte del equipo”.

El equipo, poco a poco, se alejó del abismo. “No digo que fuera por eso”, matiza Maddison, “pero conseguimos mantenernos lejos del peligro, y fue una buena sensación”.

El regreso y el deseo de una temporada limpia

El 11 de mayo, contra Leeds, llegó por fin el momento que había esperado durante meses: su regreso. No ha vuelto a ser arriesgado en pretemporada, el club mide cada paso. Él, mientras tanto, se exprime lejos de los focos para llegar al inicio de campaña en las mejores condiciones posibles.

“Estoy trabajando muy duro para intentar estar completamente en forma y disponible para la mayor parte de la temporada”, asegura. No pide títulos ni cifras descomunales. Pide algo básico para cualquier futbolista, casi un lujo para quien viene de una rotura de ligamento: continuidad.

“Quiero una temporada plenamente sana, en la que pueda simplemente disfrutar del fútbol. Porque si estoy totalmente en forma y sano, sé de lo que soy capaz. Y sé que puedo influir en los partidos más que muchos jugadores en esta liga. Así que, esperemos que sea así”.

Entre pañales, noches en vela y una rodilla reconstruida, Maddison se prepara para volver a ser el hombre que enciende la luz en Tottenham. La pregunta es clara: ¿será este el año en que, por fin sano, pueda demostrarlo de principio a fin?