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Kylian Mbappé y el futuro de Didier Deschamps

Kylian Mbappé no se resigna a ver a Didier Deschamps en otro banquillo. Mucho menos frente a él.

El seleccionador francés, que se encamina hacia el final de su etapa al mando de la selección, mantiene el misterio sobre su futuro. No cierra ninguna puerta: ni a un regreso al fútbol de clubes ni a la posibilidad de dirigir a otra selección nacional. Lo ha repetido una y otra vez. Nada está descartado.

Mbappé, sin embargo, no se conforma con esperar noticias. Dentro del vestuario, el capitán ya ha tomado partido. Quiere influir. Quiere que el final de Deschamps con Francia sea definitivo… y exclusivo.

En declaraciones a M6, el delantero fue cristalino sobre la mejor manera de despedir a su seleccionador: «La mejor forma de rendirle homenaje es ganar porque le encanta ganar. Vamos a hacer que tenga el mejor de los Mundiales recientes. Ojalá sea el último porque espero que no entrene a otra selección». No es una frase lanzada al aire. Es casi un deseo convertido en consigna.

Mbappé incluso reconoció abiertamente que está tratando de pesar en la decisión del técnico: «Le estoy metiendo presión». Sin rodeos. El capitán asume el rol de portavoz de un vestuario que quiere que el vínculo con Deschamps se cierre en lo más alto, no diluido en otra aventura internacional.

El ruido alrededor del futuro del entrenador no es nuevo. Desde hace tiempo, su nombre aparece asociado a la selección de Italia. Su pasado en el país, como jugador y entrenador de Juventus, alimenta esa hipótesis. Para muchos, el perfil de Deschamps encajaría a la perfección con una Azzurra en plena reconstrucción tras años convulsos y ausencias dolorosas en varios Mundiales. Un campeón del mundo para un cuatro veces campeón del mundo. Sobre el papel, suena lógico.

Para Mbappé, es casi una pesadilla.

Preguntado específicamente por esos rumores que vinculan a Deschamps con el banquillo italiano, el capitán francés no maquilló su opinión: «Dijeron Italia, eso sería horrible», soltó. Directo, sin diplomacia. La idea de cruzarse con su mentor al otro lado del campo le resulta inasumible.

Mientras tanto, el presente manda. Mbappé y Deschamps aparcan el futuro para centrarse en la misión inmediata: otro título mundial con Francia. Tras quedarse a un paso en la final de 2022, la ambición sigue intacta. Les Bleus persiguen una nueva estrella y, de paso, un adiós memorable para el seleccionador que ha marcado una era.

El Mundial de 2026 será el último capítulo de Deschamps al frente de Francia. Lo sabe él, lo sabe el grupo. Antes de tomar cualquier decisión sobre su próximo destino, le queda un reto mayúsculo: conducir a esta generación a través de una última campaña global y exprimirla hasta el máximo.

El camino arranca el 16 de junio, ante Senegal, en el debut del Grupo I. Después llegará Iraq, el 22 de junio. Cuatro días más tarde, cierre de la fase de grupos frente a Noruega. Un calendario que no admite distracciones.

Entre la presión de su capitán, los cantos de sirena desde Italia y la oportunidad de despedirse con otro Mundial, Deschamps se mueve en un equilibrio delicado. La pelota echará a rodar pronto. La pregunta es si, cuando todo termine, Mbappé habrá logrado lo que se propone: que el último banquillo de su seleccionador siga siendo el de Francia.