Liverpool y Andoni Iraola: ¿reconstrucción o otro fracaso?
Liverpool arrancará la Premier League 2026/27 con una mezcla incómoda de orgullo herido y vértigo. Hace poco más de un año levantaba su segundo título liguero de la era 2024/25. La temporada pasada terminó 25 puntos por detrás del campeón, Arsenal, y con Arne Slot despedido. El golpe fue duro. La reacción del club, aún más llamativa: apostar por Andoni Iraola.
Un verano agitado en los despachos
La reconstrucción empezó en el mercado. Entradas y salidas que dibujan un equipo en transición más que un aspirante consolidado al título.
Fichajes:
- Jeremy Jacquet (Rennes, 60 millones de libras)
- Victor Munoz (Osasuna, 34,5 millones de libras)
- Samuel Martinez (Atletico Nacional, cantidad no revelada)
- Ronald Araujo (Barcelona, cesión)
Bajas:
- Andy Robertson (Tottenham Hotspur, libre)
- Ibrahima Konate (Real Madrid, libre)
- Mohamed Salah (libre)
- Rhys Williams (libre)
- Carter Pinnington (West Bromwich Albion, cantidad no revelada)
- Kareem Ahmed (libre)
- Emmanuel Airoboma (libre)
- James Balagizi (libre)
- DJ Bernard (libre)
- Oakley Cannonier (libre)
- Josh Davidson (libre)
- Terence Miles (libre)
- Jacob Poytress (libre)
- Luca Stephenson (Bolton Wanderers, cantidad no revelada)
- Armin Pecsi (TSV Hartberg, cesión)
- Amara Nallo (HJK Helsinki, cesión)
La marcha de Robertson y Konate sin dejar un solo euro en caja habla de una planificación discutible. La salida de Salah, tras una temporada convertida en culebrón, era inevitable. El egipcio se había convertido en ruido constante alrededor del equipo. Su adiós libera salario y escenario, pero también borra una garantía de goles.
Un curso pasado que dejó cicatriz
Diecisiete victorias en 38 partidos de Premier. Para un club que gastó una fortuna el verano anterior, la cifra roza lo vergonzoso. Liverpool apenas logró agarrarse a la clasificación para la Champions League, más por inercia y calidad individual que por un plan sólido.
El proyecto se deshilachó. Fichajes caros sin impacto acorde, un vestuario tensionado por el caso Salah y un equipo que nunca pareció cómodo ni con la idea ni con las exigencias. El resultado: un título muy lejos y un banquillo vacío.
Ahí entra Iraola. Y entra con una idea de fútbol que choca con muchos automatismos del actual Liverpool.
Iraola y un plan que no todos conocen
El técnico, ex de Bournemouth, quiere un equipo agresivo sin balón, intenso en la presión, solidario en cada duelo. Lo explicó con claridad en pretemporada:
“Necesitamos a cada jugador, cada vez, cada minuto, cada acción. Y ese es el compromiso”, subrayó. “Estoy muy contento con la actitud de los jugadores. Están entrenando muy bien. Les estoy pidiendo que hagan cosas un poco diferentes, especialmente sin balón, y creo que están intentando asimilarlas.
“Obviamente, todavía no somos perfectos. Tenemos cosas que mejorar, pero estoy muy contento con su actitud y con sus ganas de estar en la misma página. Llegaremos”.
El discurso es firme, casi desafiante. La realidad, menos amable: adaptar una plantilla construida para otro tipo de fútbol no es tarea rápida. Y menos en un entorno que no perdona tropiezos.
El elefante en la sala: el declive de Van Dijk
Entre todos los problemas tácticos, hay uno que condiciona todo: Virgil van Dijk. Durante años, el holandés fue el pilar de la defensa, el jugador que sostenía al equipo adelantado y tapaba cualquier desajuste. Ese futbolista ya no está al mismo nivel.
Su declive se percibe desde hace un par de temporadas. Aun así, el club hizo un esfuerzo económico importante para retenerlo. Tiene 35 años. Pensar que volverá a su pico competitivo suena más a nostalgia que a planificación.
Iraola debe diseñar un sistema que oculte esas carencias. Menos metros a su espalda, más ayudas, más estructura. Si no lo consigue, la presencia de Van Dijk puede convertirse en un freno a las aspiraciones de título.
Por justicia, hay que decirlo: el neerlandés fue titular en el amistoso reciente ante Como y contribuyó a dejar la portería a cero en el 2-0. Señal de que todavía puede aportar, aunque ya no sea el muro de antaño.
Señales confusas en pretemporada
La preparación veraniega ha dejado sensaciones dispares. Tramos de buen ritmo, otros de desconexión. Nada extraño cuando un equipo intenta asimilar un modelo nuevo.
Iraola insiste en la misma idea: el grupo responderá con el tiempo. Habla de compromiso, de actitud, de jugadores abiertos al cambio. El mensaje cala bien en agosto. El problema llegará si los resultados no acompañan en otoño.
¿Hasta dónde puede llegar este Liverpool?
El análisis frío de la plantilla deja una conclusión clara: falta calidad diferencial y, sobre todo, profundidad para sostener una carrera larga por el título. La primera línea del once puede competir. El problema aparece cuando llegan las lesiones, las sanciones y el desgaste de la Champions League.
Si el equipo logra esquivar una plaga de bajas, un puesto entre los cuatro primeros está al alcance. La estructura del club, el ambiente de Anfield y el talento que aún queda en el vestuario empujan en esa dirección.
La gran duda no es si Liverpool puede volver a la Champions. La gran duda es si este proyecto, con Iraola al mando y un vestuario en plena transición, tiene músculo real para discutirle la Premier a Arsenal y al resto de candidatos. La respuesta, esta vez, no admite demasiado margen de error.






