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Liverpool enfrenta crisis en el lateral izquierdo

Liverpool cambió bastante el verano pasado. Entradas, salidas, un proyecto que se intentó retocar a golpe de talonario. Llegaron nombres de peso como Alexander Isak y Florian Wirtz, se incorporaron piezas como Ronald Araujo y Bradley Barcola, y el gasto total superó los 450 millones de libras. Sonó a revolución. En la práctica, el equipo terminó peor.

Solo cuatro fichajes nuevos este último mercado, muchas expectativas y una realidad incómoda: pese a haber firmado una de sus peores temporadas recientes bajo el mando de Arne Slot, la estructura de la plantilla apenas se ha movido. El bloque sigue siendo casi el mismo, con los mismos defectos. Y el 2-1 ante Atlético de Madrid del miércoles lo dejó desnudo otra vez.

Una herencia cara… y desordenada

La era Slot dejó algo más que un quinto puesto en la Premier League. Dejó un vestuario caro, sin una idea clara y con jugadores que no han dado el salto que se esperaba. La falta de visión y de hambre se vio durante todo el curso, hasta desembocar en un final inevitable: el técnico neerlandés fue despedido. Pero su huella sigue en Anfield, sobre todo en algunas decisiones de mercado.

Una de las más sensibles lleva nombre y apellido: Milos Kerkez.

El húngaro llegó el verano pasado con una etiqueta clara: sucesor a largo plazo de Andy Robertson. Slot lo quería como primera opción para el lateral izquierdo. El problema es que, cuando la pelota echó a rodar, Robertson siguió siendo mucho mejor. Tanto, que acumuló titularidades mientras Kerkez miraba desde atrás, incapaz de discutirle el puesto.

Parte de la afición incluso veía lógico que el club ofreciera una renovación al escocés, por peso, rendimiento y jerarquía. No ocurrió. En su lugar, Kostas Tsimikas regresó para ejercer de suplente de Kerkez, no de Robertson. Una apuesta arriesgada, quizá precipitada. Y el duelo ante Atlético volvió a poner esa decisión bajo los focos.

Kerkez, señalado ante Atlético

La victoria 2-1 frente al equipo de Diego Simeone no escondió el problema. Kerkez firmó una actuación floja, insegura, muy lejos del nivel que exige ser el lateral titular de Liverpool. Y en la acción del gol encajado quedó retratado: dejó que Marcos Llorente se le escapara, perdió la marca y abrió la puerta al tanto de los rojiblancos.

No fue un despiste aislado. Su partido mezcló momentos de energía y voluntad con decisiones erráticas, desajustes defensivos y una sensación constante de fragilidad cuando el equipo se replegaba. Con espacio por delante y rol de carrilero, Kerkez ofrece cosas interesantes: llega arriba, tiene recorrido, se suelta. En una línea de cuatro, con más obligaciones tácticas y de concentración, sufre.

Para un jugador de 22 años, es normal cometer errores. El problema para Liverpool es otro: ahora mismo no puede permitirse que su lateral izquierdo titular esté “en fase de aprendizaje” durante toda la temporada.

Una prioridad clara para enero

El análisis en Anfield es evidente. Hay varios agujeros en el once inicial. Falta equilibrio en algunas zonas, sobran dudas en otras. Si el club decide no acudir al mercado de enero, corre el riesgo de quedarse muy atrás respecto a sus rivales directos, tanto en la Premier como en Europa.

Ya se habla de planes a medio plazo. El periodista Ben Jacobs ha apuntado incluso que Liverpool contemplaría reemplazar a Alexis Mac Allister en 2027. Proyección de futuro, planificación, estrategia a largo plazo. Pero el presente también aprieta, y el costado izquierdo de la defensa pide una solución inmediata.

Durante el verano se relacionó a Liverpool con varios laterales izquierdos. Ninguno llegó. Ahora, con la temporada en marcha y con Kerkez acumulando actuaciones irregulares, la paciencia de la grada corre el riesgo de agotarse rápido. Si en enero el club no se mueve, la conversación se repetirá cada fin de semana.

La conclusión es difícil de esquivar: el próximo fichaje debería ser un lateral izquierdo más hecho, más maduro defensivamente, capaz de sostener una línea de cuatro sin temblores. Kerkez puede crecer, puede convertirse en un activo valioso, incluso brillar como carrilero en otros sistemas. Pero hoy, para un Liverpool que quiere volver a pelear por todo, no basta con promesas.

La pregunta es sencilla y contundente: ¿esperará el club a que el húngaro aprenda a base de golpes… o aceptará que el margen de error ya se ha agotado?