Harry Maguire: del olvido en Inglaterra a la recuperación en Old Trafford
Dieciocho meses en la nada. Para Harry Maguire, ese fue el paisaje antes de volver a asomar la cabeza con la selección inglesa en marzo de 2026, en dos amistosos previos al Mundial ante Uruguay y Japón. Un regreso tímido, casi a prueba. No fue suficiente.
Cuando llegó la hora de confeccionar la lista definitiva para el Mundial en Norteamérica, su nombre desapareció del radar. Thomas Tuchel eligió a John Stones, Ezri Konsa, Marc Guehi, Dan Burn y Jarell Quansah para el centro de la zaga. Trevoh Chalobah entró como refuerzo de emergencia tras la lesión de Tino Livramento. Maguire, esta vez, se quedó sin asiento en el avión.
El central no escondió su decepción. Nunca había fallado a Inglaterra en un gran torneo, nunca había sido el eslabón débil en esas noches en las que el margen de error es mínimo. Pero lleva tiempo peleando contra algo más escurridizo que un delantero: la percepción pública.
Su futuro en Old Trafford llegó a estar en entredicho cuando perdió la capitanía del Manchester United y su sitio en el once. De símbolo a suplente en cuestión de meses. Sin embargo, el relato no terminó ahí. Con trabajo silencioso y actuaciones más sólidas, recuperó crédito en el club hasta firmar un nuevo contrato por 12 meses. No es un detalle menor para un futbolista de 33 años al que muchos daban por amortizado.
Con Michael Carrick en el banquillo, Maguire se ha convertido de nuevo en un fijo. El técnico intenta taponar las grietas defensivas del United en este arranque de 2026-27 y, en ese contexto, el zaguero se ha ganado minutos y responsabilidad. Su perfil sigue siendo claro: central sin florituras, directo, de los que disfrutan el choque y el duelo aéreo. De los que mandan más que adornan.
El veredicto de un ex internacional
Para Tuchel, de momento, la respuesta parece clara. Prefiere mirar hacia otra generación. Y no está solo. Excompañeros de selección también ven el horizonte de Maguire con la camiseta de los Three Lions más bien cerrado.
Preguntado de forma directa sobre si la etapa del central como internacional está acabada, el ex defensa inglés Walker fue tajante en su análisis, aunque no en tono de sentencia definitiva. Recordó el desgaste emocional que ha sufrido el jugador: golpes a la confianza, críticas permanentes, el foco siempre encima. “El minuto que cometes un error o pierdes un partido, todo el mundo va a por ti”, apuntó, describiendo el clima que ha rodeado al zaguero en los últimos años.
Su receta no pasa por campañas públicas ni por reclamar un sitio en la selección. Pasa por algo mucho más básico: bajar la cabeza y competir. Según Walker, Maguire debe centrarse en tener continuidad, rendir a buen nivel con el Manchester United y recuperar la versión que le llevó a ser indiscutible con Inglaterra. Nada más. Nada menos.
La idea es clara: el debate sobre la selección no debe ser ahora su prioridad. Primero, el club. Primero, volver a ser el defensa fiable que fue. Si más adelante se abre una puerta por una lesión o por un giro en las decisiones técnicas, entonces sí, aprovecharla sin dudar. Pero no vivir pendiente del teléfono de la federación.
Walker no se quedó solo en el plano individual. Apuntó también al contexto colectivo. Citó el reciente Manchester United–Fulham como ejemplo de lo que no debe ser una defensa de élite: dos líneas atrasadas pobres, desorganizadas, un partido que, según su visión, pudo terminar 5-5. Un síntoma de que Maguire no es el único con deberes en su área.
Una defensa de Inglaterra sin dueño
El ex internacional también lanzó un mensaje que resuena más allá del caso Maguire: la defensa de Inglaterra no está escrita en piedra. No hay jerarquía intocable. Si un equipo encaja demasiados goles en un gran torneo, y eso sucede pese a tener dos centrocampistas de corte defensivo por delante, algo falla en la estructura.
Su reflexión fue directa: los títulos se construyen desde atrás. Ligas, torneos, fases finales. Todo empieza por no conceder. Puso como ejemplo a Arsenal, que dio un salto competitivo cuando dejó de ser un equipo “blando” atrás. Una vez que un conjunto se vuelve “poroso”, la presión se dispara: necesitas marcar dos o tres goles cada semana para ganar. Y eso, a largo plazo, no es sostenible para nadie.
En ese escenario, la experiencia de un central como Maguire no debería descartarse a la ligera. Suma torneos, partidos de máxima tensión, noches de eliminatorias. Sabe lo que es vivir con el ruido alrededor. Pero la realidad actual es otra: Tuchel mira hacia perfiles distintos, más rápidos, más adaptados a la idea de presión alta y campo abierto. Al menos por ahora.
Wembley espera; Maguire, no
Mientras Inglaterra se prepara para arrancar una nueva edición de la UEFA Nations League, Maguire observa el tablero desde la distancia. No habrá himno para él este fin de semana. No habrá paseo por el túnel de Wembley.
El calendario no da respiro. España, flamante campeona del mundo, visita el estadio londinense el sábado para abrir el Grupo A3. Un examen inmediato para una defensa inglesa que busca precisamente lo que Walker reclamaba: solidez, orden, jerarquía. Después llegarán Czechia y Croatia en una quincena que medirá el nivel real del bloque de Tuchel antes de retos mayores.
Maguire, mientras tanto, se quedará en Carrington. Más horas de trabajo, más sesiones de vídeo, más repeticiones de movimientos defensivos con Carrick. El United encadena tres partidos sin ganar y solo ha sumado dos puntos de los últimos nueve en la Premier League. El próximo desafío ya asoma: un duelo en Old Trafford ante Tottenham el 10 de octubre que puede marcar el tono del mes.
Ahí, en ese contexto de urgencia doméstica, el central tiene la oportunidad de rehacer su relato. No con discursos ni declaraciones, sino con despejes, anticipaciones y partidos sin encajar. Si consigue que Old Trafford vuelva a confiar, la pregunta ya no será si su etapa con Inglaterra terminó… sino cuánto tardará en volver a sonar su nombre en las listas de Tuchel.






