Marvin Ducksch: condena y multa récord tras conducir ebrio
La noche que pudo cambiarlo todo para Marvin Ducksch no fue en un estadio, sino en una carretera oscura, horas después de un partido cualquiera de Championship. El delantero alemán de Birmingham City, fichado en agosto desde Werder Bremen por 2 millones de euros, se sentó este miércoles ante el tribunal de Leamington Spa sabiendo que había tenido mucha más suerte de la que merecía.
Tenía 53 microgramos de alcohol por cada 100 mililitros de aliento. El límite legal es 35. No hubo discusión: se declaró culpable de conducir su Mercedes por encima de la tasa permitida tras el encuentro de Pascua en el que había salido desde el banquillo en la derrota por 2-1 ante Ipswich Town.
“Puede considerarse afortunado, en primer lugar, de que no muriera usted y, en segundo, de que no murieran los otros conductores. Así de serio es este asunto”.
Una frase que pesó como un ladrillo en la sala y que resume el filo por el que caminó el jugador de 32 años.
Un castigo ejemplar: 14 meses sin conducir y más de 20.000 libras
La respuesta de los magistrados fue contundente. Ducksch recibió una inhabilitación para conducir de 14 meses y una sanción económica total de 20.240 libras. La cifra se desglosa con precisión quirúrgica: 16.155 libras de multa, un recargo de 2.000, 85 en costas judiciales y 1.000 libras de indemnización para cada una de las dos conductoras implicadas en la colisión.
El tribunal le permitió abonar la cantidad en plazos mensuales de 2.000 libras, un alivio logístico que no rebaja el mensaje: el castigo es severo y público.
En una declaración preparada, el propio jugador reconoció sus errores sin rodeos. Admitió que “había consumido alcohol antes de conducir” y que “rozó un coche que venía de frente y otro que circulaba detrás”. No hubo intento de negarlo, pero el reconocimiento llegó tarde: el impacto ya se había producido.
La fiscal Lina Akther añadió detalles clave sobre los instantes previos al choque. Explicó que Ducksch dijo a los agentes que estaba conduciendo, fue a cambiar la música y se estrelló, sin estar seguro de cómo había ocurrido. También alegó que trató de esquivar una rama de árbol. Excusas o contexto, el resultado fue el mismo: dos vehículos golpeados y un caso serio de conducción bajo los efectos del alcohol.
Daños, arrepentimiento y la reacción del club
Entre las afectadas, una de las conductoras sufrió una hemorragia nasal, además de lesiones en la frente y el pulgar. La defensa, a cargo de la abogada Julia Morgan, subrayó que el futbolista se detuvo para comprobar el estado de las otras personas implicadas, un gesto mínimo pero obligado en una noche que ya estaba marcada por la imprudencia.
Morgan también reveló que Birmingham City no se quedó de brazos cruzados. El club le ha sancionado internamente: penalización económica y exclusión de varios partidos desde el incidente. Un castigo deportivo que se suma al judicial y que, según la letrada, muestra la seriedad con la que la entidad ha tratado el caso.
Pese a todo, desde el interior del vestuario han llegado referencias personales en su favor. El club ha presentado informes de carácter describiéndolo como un hombre de conducta intachable. Esa dualidad —el profesional valorado y el conductor irresponsable— es la que ahora define la situación del delantero.
Un goleador en entredicho
Sobre el césped, la temporada de Ducksch había sido sólida. Entre Championship y copas domésticas suma 11 goles y dos asistencias en 36 apariciones. Números de delantero fiable, pieza útil en un proyecto que pelea por estabilizarse en una categoría feroz.
Pero el fútbol, esta vez, queda en segundo plano. El caso ha abierto una grieta en su imagen pública en Inglaterra, justo en el curso en el que trataba de asentarse tras su llegada desde la Bundesliga y después de pasar por clubes como Borussia Dortmund.
El propio relato de los hechos —el partido, la noche de Pascua, el alcohol, la distracción con la música, el impacto contra dos coches, las lesiones leves de una conductora— dibuja una escena que podía haber terminado en tragedia. No lo hizo. Y esa es, como recordó el juez, la mayor fortuna de Ducksch.
Ahora le esperan 14 meses sin volante y un largo tramo de carretera moral por recorrer. El reto ya no es solo marcar goles con Birmingham City, sino reconstruir una reputación dañada por una decisión irresponsable. La próxima vez que salte al césped, la pregunta será inevitable: ¿podrá el delantero alemán hacer que se hable solo de su fútbol otra vez?






