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Messi y su emotivo adiós en el Mundial de East Rutherford

Lionel Messi se quedó solo unos segundos mirando al cielo. El resto del mundo lo miraba a él. En el césped de East Rutherford, en New Jersey, con la medalla de plata colgando y los ojos vidriosos, el capitán de Argentina parecía entender que quizá acababa de jugar su último partido en un Mundial. No lo dijo. No lo confirmó. Pero el gesto lo contó todo.

España había apagado el sueño del bicampeonato con un 1-0 seco, duro, de esos que dejan más preguntas que respuestas. Argentina, campeona en Qatar 2022, volvió a rozar la gloria. Esta vez, se quedó sin remate a puerta en la final. Sin tiro. Sin esa última bala que tantas veces había encontrado en los pies del 10.

Un mensaje entre el dolor y el orgullo

El lunes por la noche, ya lejos del ruido del estadio, Messi eligió Instagram para hablar. No anunció despedidas ni decisiones. Habló de lo que sí se veía: la herida abierta.

«El dolor es inmenso y esta herida va a tardar en cicatrizar», escribió, acompañando sus palabras con una foto sosteniendo la medalla de plata. Nada de eufemismos. Perdieron una final. Y dolió.

Pero el mensaje no se quedó en el lamento. Messi se aferró a lo que este grupo volvió a construir: «También me quedo con todo lo bueno… Los partidos que dimos vuelta dejando todo, momentos que quedarán para siempre en nuestra memoria, y el apoyo de todo un país que, junto con el trabajo y el esfuerzo de este grupo, nos volvió a poner entre la élite del mundo».

En medio de la frustración, dejó una frase que pesa más con el paso de las horas: «Cuesta valorar ahora lo que conseguimos, pero este grupo llegó a dos finales de Mundial consecutivas». No es consuelo menor. Es un recordatorio de contexto en tiempos de blanco o negro.

De Qatar a Norteamérica: dos finales, dos historias

En 2022, Argentina tocó el cielo en Qatar tras uno de los partidos más salvajes de la historia de los Mundiales: 3-3 ante Francia y victoria por penales. Aquella noche, Messi levantó el trofeo que le faltaba, la pieza final de una carrera monumental.

En 2026, el escenario cambió de continente, pero no de ambición. En Norteamérica, Argentina volvió a caminar como gigante. Sufrió, reaccionó, sobrevivió. En semifinales, remontó ante Inglaterra para meterse de nuevo en el partido que decide todo.

La final, sin embargo, fue otro tipo de examen. España, sólida, cerebral, cerró todos los caminos. El dato es brutal: Argentina no logró un solo remate a puerta. Ni uno. El campeón vigente, con Messi en cancha, neutralizado hasta el silencio ofensivo. El margen en una final se mide en detalles; esta vez, todos cayeron del lado español.

Messi, que cumplió 39 años durante el torneo, peleó más con el tiempo y con el físico que con los defensores. La próxima Copa del Mundo será en 2030, en España, Portugal y Marruecos. Él tendrá 43. La pregunta se impone sola, aunque él no la responda: ¿fue esta su última función mundialista?

Récords, Mbappé y un duelo silencioso

En medio del golpe, los números cuentan otra historia. En este Mundial, Messi superó el récord de Miroslav Klose y dejó la vara en 21 goles en Copas del Mundo. Una marca que parecía intocable hace no tanto.

Pero la batalla estadística no terminó ahí. Kylian Mbappé, el francés que ya había irrumpido como némesis deportiva en Qatar, volvió a aparecer en el horizonte. No solo alcanzó a Messi: lo pasó. Cerró el torneo con 22 goles, uno más que el argentino, y también le arrebató la Bota de Oro. Mbappé terminó con 10 tantos en este Mundial; Messi, con 8.

No hizo falta que se cruzaran en la final para que el duelo siguiera vivo. Uno levanta la Copa en 2022, el otro se lleva los récords en 2026. El fútbol, otra vez, como relato en capítulos.

Un país unido en la derrota

Entre lágrimas y estadísticas, Messi se detuvo en lo que para él siempre fue el núcleo de todo: la gente. «Gracias de corazón por cada saludo y mensaje», escribió. No son palabras vacías. Argentina volvió a paralizarse durante un mes, a teñir las calles de celeste y blanco, a vivir cada partido como si fuera el último.

«Una vez más conseguimos unirnos como país y tirar todos para el mismo lado, compartiendo el orgullo inmenso de ser argentinos», añadió. No hubo vuelta olímpica esta vez, pero sí una certeza: esta selección, con Messi al frente, volvió a conectar con su gente incluso en la derrota.

También tuvo lugar para el reconocimiento al rival: «Quiero felicitar a España por el campeonato». Sin polémicas, sin excusas. Respeto entre campeones.

Descanso obligado y futuro en pausa

El impacto del Mundial no se queda solo en la selección. Según informó ESPN, Messi y su compañero de selección y de Inter Miami, Rodrigo De Paul, no disputarán los próximos dos partidos de temporada regular con el club ni participarán en el MLS All-Star Game. Toca parar. Recuperar el cuerpo. Ordenar la cabeza.

La imagen final de Messi en este Mundial no es levantando un trofeo, sino secándose las lágrimas en un estadio de Estados Unidos. A un lado, el dolor de una final perdida. Al otro, el peso de una carrera que ya no tiene nada que demostrar.

La pregunta ya no es qué le falta ganar. Es otra, mucho más incómoda para el hincha: ¿cuántas veces más se lo verá con la camiseta de Argentina en una Copa del Mundo?