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Messi y Salah: duelo de genios en cuartos de final

En Atlanta no se juega solo un partido. En el Mercedes-Benz Stadium se cruzan dos zurdas legendarias, dos selecciones extenuadas y una plaza en los cuartos de final de un Mundial que ya empieza a separar a los aspirantes de los elegidos: Argentina contra Egipto, Lionel Messi frente a Mohamed Salah.

El contexto no perdona: ambos llegan con las reservas en rojo tras prórrogas agónicas en octavos. Argentina necesitó 120 minutos para deshacerse de Cabo Verde, debutante mundialista que se atrevió a disparar 16 veces contra la portería del campeón. El 3-2 llegó recién en el 111', con un autogol de Diony Borges que salvó a la Albiceleste de un golpe histórico.

Egipto sobrevivió a otro maratón. 1-1 ante Australia, 120 minutos a máxima tensión y clasificación por 4-2 en la tanda de penaltis. Un paso gigantesco: es la primera vez en 92 años que los Faraones se plantan en unos octavos de final de Copa del Mundo. Y ahora quieren más.

Argentina, primera grieta en el plan del campeón

Hasta Cabo Verde, el torneo de Argentina había sido casi un ejercicio de control. Fase de grupos solventada sin sobresaltos, ritmo sostenido, sensación de autoridad. El susto del viernes cambió el tono. El equipo de Lionel Scaloni se vio incómodo, incapaz de mandar como acostumbra, y la discusión se encendió de inmediato: ¿noche mala o aviso serio para cualquiera que se atreva a apretarle?

Messi no lo maquilló. Reconoció cansancio, habló de la dificultad para presionar arriba, señaló un equipo que no pudo morder como suele. Y eso pesa, porque esta Argentina se apoya en él como nunca. Con 38 años, el capitán ha marcado siete de los 11 goles del campeón en el torneo, cifra que incluye el tanto en propia puerta que también engorda la cuenta colectiva. Todo pasa por su zurda, casi todo se decide ahí.

El problema para Scaloni es que el desgaste no se limitó a su número 10. Facundo Medina se retiró con fuertes calambres, Enzo Fernández también sufrió los suyos y Nicolás González terminó el partido con un problema de tobillo, sin posibilidad de relevo porque la Selección ya había agotado los cambios. Al día siguiente, Nahuel Molina, Fernández y el propio Medina no pudieron completar la sesión de recuperación. Desde el cuerpo técnico rebajaron la alarma con el lateral izquierdo, señalando que lo suyo fue “solo” un calambre, pero el parte no deja de ser inquietante.

Hay alternativas: Nicolás Tagliafico está listo si Scaloni decide proteger a Medina en el lateral zurdo. La incógnita mayor es González, tocado en el tobillo y señalado como duda por un esguince. En un equipo que ya acusa la carga física, cada ausencia pesa el doble.

Egipto mira el plan de Cabo Verde… y se aferra a Salah

Al otro lado, Egipto tomó nota de la osadía de Cabo Verde. El combinado africano, sin complejos, atacó al campeón, le disparó desde todos los ángulos y le obligó a jugar a un ritmo incómodo. Los Faraones no suelen exponerse tanto, pero la lección táctica está sobre la mesa.

El guion egipcio apunta a lo conocido: bloque ordenado, líneas juntas, mucha disciplina atrás y salida rápida hacia sus dos dagas, Mohamed Salah y Omar Marmoush. El contraataque como arma, la paciencia como escudo. La gran cuestión es el estado físico de su estrella.

Salah terminó el duelo ante Australia con la clasificación en el bolsillo, pero con señales claras de que no está al cien por cien. Arrastraba molestias en los isquiotibiales, entró ya tocado al partido y por momentos evitó las carreras largas, las arrancadas que lo han convertido en uno de los delanteros más temidos del planeta. Aun así, su sola presencia altera defensas, condiciona planes, abre espacios.

Un Salah pleno podría ser decisivo. Uno limitado obliga a Egipto a extremar todavía más su rigor defensivo y a medir cada esfuerzo como si fuera el último.

Maestros del alargue contra la ilusión del recién llegado

Hay un dato que pesa como una camiseta. Argentina sabe vivir en la frontera de los 90 minutos. A lo largo de toda la historia de los Mundiales, la Albiceleste ha disputado 12 partidos que se fueron más allá del tiempo reglamentario. Ganó 10. Cuatro sin necesidad de penaltis, seis desde los once metros. Es un equipo acostumbrado a sufrir sin descomponerse, a convivir con la tensión de la prórroga como si fuera terreno propio.

Egipto no tiene esa tradición, pero llega con el impulso del que se siente ante una oportunidad histórica. Después de casi un siglo sin pisar unos octavos de final, se presenta ahora ante el campeón del mundo con la sensación de que ya ha derribado una barrera mental. Lo que venga, piensan muchos en El Cairo, será ganancia.

El calendario aprieta. El cuerpo técnico argentino sabe que la recuperación es casi tan importante como el pizarrón. Masajes, hielo, sesiones suaves, gestión de cargas. No hay tiempo para reinventar nada, sí para decidir quién está en condiciones de sostener el plan. En Egipto, el enfoque es similar: cuidar a Salah, dosificar a los que acumulan más minutos, exprimir la euforia sin que se convierta en desorden.

El premio está claro: el ganador viajará a Kansas City para medirse el 11 de julio a Suiza o Colombia. Otro cruce exigente, otra batalla a vida o muerte. Pero eso será después.

Primero, Atlanta. Primero, Messi y Salah, dos zurdas de época en un estadio cerrado, con el ruido rebotando en cada control, en cada carrera, en cada golpeo. Uno defiende la corona. El otro persigue la noche que puede cambiar la historia de su selección.

El Mundial no siempre elige al más fresco. A veces elige al que resiste mejor. ¿Quién tendrá más piernas —y más cabeza— cuando el reloj vuelva a pasar de los 90?

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