México sorprende a las Matildas con un gol en el descuento
En una noche que prometía celebración y terminó en advertencia, las Matildas se quedaron sin premio y sin respuestas en el área rival. Dominaron la pelota, acumularon llegadas, encendieron a las 23.167 personas en el McDonald Jones Stadium de Newcastle… y lo perdieron todo en el descuento.
México aguantó, esperó y golpeó cuando Australia ya miraba de reojo el reloj. Diana Ordóñez apareció sola en el segundo palo en el 90+2 y empujó el 0-1 que dejó helado al estadio. Un zarpazo tardío, pero anunciado.
Dominio sin filo
El guion del partido se escribió pronto: Australia con la pelota, México agazapado, ordenado, listo para salir disparado a la contra. Las Matildas, con un once plagado de jerarquía —Sam Kerr, Caitlin Foord, Mary Fowler, Ellie Carpenter en su partido 100, Steph Catley, Emily Van Egmond, Alanna Kennedy, Mackenzie Arnold— marcaron el ritmo desde el inicio.
El problema fue el de siempre cuando falta claridad: mucho volumen, poca precisión.
Foord avisó a los tres minutos entrando desde la izquierda. Kerr buscó su espacio dentro del área. Fowler filtró balones deliciosos. Pero cada intento moría en el muro mexicano o en un toque de más. El lado izquierdo, con Foord y Kerr cargando una y otra vez, se convirtió en autopista… sin destino claro.
La mejor ocasión del primer tiempo llegó al 29, en una contra de libro: recuperación, salida rápida, Foord lanza a Kerr, la capitana gira y sirve un balón perfecto para la llegada de Amy Sayer. Tenía solo a la guardameta Esthefanny Barreras delante. El pase, apenas un poco atrás. El remate, directo al poste. Brillante la jugada, cruel el desenlace.
Mientras tanto, México empezó a crecer. Montserrat Saldívar, descarada por la izquierda, se animó a encarar a Carpenter en su noche de centenaria. El Tri Femenil, sin muchos disparos, encontró espacios por el centro ante un mediocampo australiano sorprendentemente impreciso. Lo que al principio parecía dominio absoluto local se fue transformando en un ida y vuelta incómodo para las de Joe Montemurro.
Al descanso, 0-0. Sensación de control, sí. De peligro real, no tanto.
El partido se rompe
El segundo tiempo arrancó con la misma idea: Australia instalada en campo rival, buscando el hueco que no aparecía. Van Egmond, Sayer y Foord conectaron bien en la frontal, pero la última pelota seguía sin estar a la altura del resto de la jugada.
La primera gran alarma para las Matildas llegó al 54. Pérdida en salida, balón largo, Saldívar se planta en el área tras un resbalón de Catley y, con todo a favor, manda el remate alto y desviado. Era el aviso más claro de que el partido ya no estaba bajo control.
Montemurro movió el banquillo. Entró Hayley Raso por Sayer para añadir profundidad por derecha. Luego se soltó más a Kennedy desde su posición de mediocentro, intentando replicar sus apariciones decisivas en la Copa Asiática. El equipo respondió con su mejor tramo del encuentro.
Entre el 60 y el 70, Australia por fin metió a México contra su propia área. Torpey probó dentro del área, Kennedy cazó un rebote, Van Egmond tuvo un disparo franco desde la frontal que no aprovechó. Carpenter, en su partido 100, se lanzó a una carrera casi de área a área, símbolo de la insistencia local, solo para encontrarse con otro cruce perfecto de Kimberly Rodríguez.
Era una presión constante. No una tortura para la defensa mexicana, pero sí un martilleo incesante.
Y, sin embargo, el marcador seguía intacto.
México huele la sangre
El desgaste empezó a notarse. Foord, incansable, continuó atacando por izquierda, pero sus centros ya encontraban menos piernas y más camisetas verdes. Los cambios mexicanos refrescaron piernas y, sobre todo, ideas. Pedro López se guardó a Charlyn Corral como carta de experiencia, pero su equipo ya había aprendido la lección principal de la noche: cada pérdida australiana en la medular era una invitación.
A falta de quince minutos, el partido cambió de dueño en algo más que el marcador. Las Matildas, que parecían más cerca del gol, comenzaron a sufrir en cada transición. Ordóñez avisó al 80, salvada por un resbalón inoportuno cuando se asomaba al área. Un presagio.
Montemurro agotó recursos: Alex Chidiac por Van Egmond, Charlotte Nevin por Torpey. Más piernas, más energía, menos control. Kerr todavía tuvo un arranque peligroso al 89, cortado antes del disparo. En la jugada siguiente, Arnold tuvo que intervenir a contrarreloj para desviar un centro raso con Corral lista para empujar. México ya jugaba de cara a la portería local.
El reloj marcaba 90. El estadio, aún confiado, esperaba el último arreón australiano.
Llegó, sí. Pero del otro lado.
El golpe definitivo
Minuto 90+2. México sale en tromba, una oleada verde desbordando líneas amarillas. La defensa australiana, partida. El mediocampo, ausente. Alice Soto encuentra el pase que todas las locales habían estado buscando durante 92 minutos: tenso, al espacio, con la precisión justa.
Ordóñez aparece sola por derecha. Controla, encara y define cruzado, superando la estirada de Arnold. Silencio en Newcastle. Segundo triunfo de México en 12 enfrentamientos ante Australia. Y uno que se recordará por la manera en que se gestó.
Las estadísticas contarán que las Matildas dispararon 19 veces sin marcar. Contarán que tuvieron la pelota, que empujaron, que generaron sensación de peligro. Lo que no podrán maquillar es lo esencial: México fue más certero en las dos áreas cuando el partido ardía.
Un aviso para el camino a 2027
Montemurro no escondió la realidad: la falta de contundencia arriba fue evidente, pero el desorden en el mediocampo encendió otra alarma. Alanna Kennedy, elegida mejor jugadora de la Copa Asiática, regresó a un rol de mediocentro más retrasado y dejó destellos cerca del área rival en la segunda mitad, aunque sin llegar a imponer el control que Australia necesitaba.
Caitlin Foord, protagonista en casi todas las acciones de peligro, también lo vio claro: hay que ajustar atrás cuando el equipo se cansa y afinar el último pase y la selección de tiro en la zona caliente. Esa franja de metros donde se deciden los torneos.
El contexto no admite dramatismos, pero sí exigencia. Este amistoso forma parte del plan hacia el Mundial de 2027 en Brasil. México, rival elegido precisamente por su agresividad, su presión individual y su estilo latino de posesión y choque, expuso justo lo que Montemurro quería medir: cómo reacciona Australia ante un equipo que no se intimida y que sabe castigar errores.
El martes, en el CommBank Stadium de Parramatta, espera el segundo asalto ante el mismo rival. Las Matildas llegarán con la lección fresca, con el orgullo tocado y con una pregunta incómoda sobrevolando el vestuario: pueden dominar el balón, pueden llenar estadios, pueden competir. ¿Serán capaces de aprender a rematar partidos antes de que sea demasiado tarde en un Mundial?






