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Neil McCann y su deseo de llevar a Kilmarnock a Hampden

Neil McCann no se esconde: quiere a Kilmarnock en Hampden y lo quiere ya. El técnico deja claro que la copa no es un simple desvío del calendario liguero, sino una oportunidad real para cambiar el tono de la temporada.

“Planteamos el equipo para ganar cada partido y queremos ser agresivos. Tiene un matiz diferente porque es un torneo de eliminación directa”, subraya. Ese formato, a vida o muerte, le da al duelo un filo especial. Y McCann quiere que su equipo lo muerda.

Hampden como recompensa

El entrenador habla de la semifinal casi como de un regalo colectivo. Un premio que va mucho más allá de la tabla de clasificación.

“Llegar a la semifinal sería mágico para nuestros aficionados, mágico para Billy Bowie y para toda la directiva, pero, más importante ahora mismo, sería mágico para los chicos del vestuario”, explica. Insiste en que el grupo “trabaja muy duro cada día” para encontrar ese punto de forma en el que empiece a sumar los puntos que, está convencido, puede conseguir.

El mensaje es directo: el viaje a Hampden no es un sueño romántico, es un objetivo concreto para un vestuario que necesita una gran noche para confirmar sensaciones.

El hueco que deja el Old Firm

El sorteo también alimenta la ambición. La presencia de un Old Firm en cuartos de final abre un escenario distinto para el resto.

“Es evidente, porque son los dos grandes del torneo, por su riqueza y su experiencia ganando títulos. Cuando uno elimina al otro, se abre una oportunidad para que todos los demás vean un camino hacia las últimas rondas”, apunta McCann.

La lectura es clara: mientras uno de los gigantes cae, clubes como Kilmarnock deben estar preparados para colarse por la rendija.

Un primer paso en liga

El técnico se agarra a la primera portería a cero en liga del fin de semana pasado como punto de partida. “Fue un buen comienzo”, reconoce. Y desarrolla la idea: “Sentí que, estructuralmente, estábamos en un buen lugar. Creo que seguimos siendo peligrosos, aunque nos faltó ese toque final de brillo”.

No fue un partido perfecto, pero sí una base sobre la que construir. Orden atrás, amenaza arriba, y la sensación de que el equipo empieza a reconocerse.

Ajustar las expectativas

McCann tampoco esquiva el mal arranque liguero ni el malestar en la grada. Lo asume y lo contextualiza.

“Mi objetivo al llegar era estabilizar las cosas con Billy Dodds, asentar la plantilla y evitar el descenso”, recuerda. Ese era el plan inicial. Desde entonces, el club ha tenido que “ajustar sus miras” por la inversión destinada a las instalaciones de entrenamiento, una apuesta pensada para blindar el futuro de Kilmarnock.

Esa decisión tiene un coste inmediato en recursos para el primer equipo, pero el técnico la presenta como una parte necesaria del proyecto, no como una excusa.

Fútbol que valga la entrada

La relación con la afición ocupa un lugar central en su discurso. McCann habla de un “objetivo claro”: ofrecer un fútbol que entretenga.

“Llevamos tiempo trabajando en eso y los resultados no han estado a la altura de lo que esperamos y queremos”, admite. “Los aficionados han estado con razón decepcionados, pero ojalá que con el resultado del sábado… es solo un punto, solo un punto, pero hay mucho que rescatar de la actuación”.

Un empate no cambia una temporada, pero puede cambiar un vestuario. Si Kilmarnock convierte ese “buen punto” en un impulso real y lo traslada a la copa, el camino a Hampden dejará de ser un deseo para convertirse en una exigencia. Y entonces, la pregunta ya no será si se lo merecen, sino hasta dónde pueden llegar.

Neil McCann y su deseo de llevar a Kilmarnock a Hampden