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Optimismo en el Everton: ¿Fin a 31 años sin títulos?

El invicto de Everton en el arranque de la Premier League y su avance en la Carabao Cup han provocado algo casi exótico en los últimos tiempos en el lado azul de Liverpool: optimismo. No desatado, no ingenuo. Un optimismo con casco y cinturón de seguridad. Pero optimismo al fin y al cabo.

Cuesta creerlo si se recuerda el verano. El mercado de fichajes fue un despropósito y el último día, directamente, un caos. David Moyes terminó el periodo con solo 18 jugadores de campo sénior, un número impropio de un club que presume de historia grande. El intento de fichar al delantero de AS Monaco Falorin Balogun se derrumbó cuando el jugador se levantó de la mesa tras problemas en el reconocimiento médico. Al mismo tiempo, el que muchos consideraban el mejor futbolista de la plantilla, Iliman Ndiaye, se marchó a Manchester City por 65 millones de libras.

En ese contexto, con heridas recientes y plantilla corta, Moyes intenta algo que pesa como una losa: poner fin a 31 años sin títulos. Tres décadas largas que han dejado a Everton con un récord que nadie quiere. Desde el cambio de siglo, es el único club de las cuatro primeras categorías del fútbol inglés que no ha levantado un trofeo —el último fue la FA Cup de 1995 ante Manchester United en el viejo Wembley— ni ha celebrado un ascenso.

Para conocer la euforia de un ascenso, claro, primero habría que probar el descenso. Y ese fantasma ya se ha asomado. Everton, que no baja desde 1951, rozó el abismo en 2022-23, salvándose en la última jornada al derrotar a Bournemouth. Un año antes había asegurado la permanencia con una remontada furiosa ante Crystal Palace, levantando un 0-2 en la penúltima jornada en una noche de trueno futbolístico en Goodison Park.

Entonces, ¿ser del Everton es una condena a la desdicha deportiva? ¿O aún queda espacio para la alegría en uno de los grandes viejos nombres del fútbol inglés?

Leon Osman, 433 partidos con la camiseta azul entre 2003 y 2016 y 58 goles, responde sin dudar. “Sí, ha habido decepciones y años sin trofeos, pero déjame decirte esto: no cambiaría ser del Everton por nada en el mundo”. No lo dice un romántico de sofá. Lo dice alguien que ha vivido el club desde dentro, en el vestuario y en el césped.

Otro que no necesita que le expliquen qué significa Everton es el doctor David France. Calcula que ha recorrido dos millones de millas desde su casa en Estados Unidos para seguir a su equipo. El equivalente a ir y volver a la luna cuatro veces. “Puedo explicar lo que celebro, incluso si no hemos tenido éxito tangible durante tanto tiempo. Yo celebro ser del Everton”, cuenta a BBC Sport.

No está solo. Entre quienes también celebran ser parte de este club se encuentran el primer ministro Andy Burnham y su homólogo canadiense Mark Carney. Ambos estuvieron en el 1-0 frente a Wolverhampton Wanderers en la EFL Cup en el nuevo Hill Dickinson Stadium, un triunfo que selló un cruce de octavos de final en casa ante Newcastle United.

Las estadísticas, sin embargo, son despiadadas. Dibujan una montaña rusa con más bajadas que subidas, aunque siempre con el mismo denominador común: un apoyo feroz, leal, con entradas agotadas tanto en Goodison Park como en el imponente Hill Dickinson Stadium. Everton sigue siendo, además, uno de los seis clubes originales de la Premier League —junto a Arsenal, Chelsea, Liverpool, Manchester United y Tottenham Hotspur— que nunca ha perdido su sitio en la máxima categoría.

El resto del cuadro es menos amable. Desde el año 2000, el club ha perdido dos semifinales de FA Cup y solo ha ganado una, en 2009, ante Manchester United por penaltis, para luego caer ante Chelsea en la final. Ocho veces se ha despedido del torneo en la tercera ronda, a las primeras de cambio.

En la EFL Cup, la historia es igual de áspera: solo dos semifinales, en 2008 y 2016, y dos eliminaciones. Sin final. Sin foto en la escalinata.

La liga tampoco ofrece refugio. Desde el 2000, Everton no ha ganado en 27 visitas a Chelsea. Solo ha vencido dos veces en casa de Manchester United, una en el campo de Arsenal, una en Anfield ante Liverpool y cinco en el estadio de Manchester City. Hubo una pequeña excepción: un triunfo en la repetición de la cuarta ronda de la FA Cup en Stamford Bridge en 2011.

En los derbis de Merseyside, el balance es aún más duro. De 53 enfrentamientos de Premier League en este periodo, Everton solo ha ganado cinco y ha perdido 28. Casi una generación de aficionados ha crecido viendo más celebraciones rojas que azules en la ciudad.

Hay, eso sí, noches que se quedan grabadas. La victoria en la repetición de la cuarta ronda de FA Cup ante Liverpool en 2009, con aquel gol de Dan Gosling en el último minuto de la prórroga, todavía resuena. O el 1-0 clave en un derbi que formó parte de la mejor temporada de este largo periodo sin títulos: la 2004-05.

Aquella campaña, Moyes firmó lo que Arsène Wenger definió como “un milagro”. Tras vender a Wayne Rooney a Manchester United, llevó a Everton hasta la cuarta plaza y a la previa de la Champions League. Fue un año en el que Goodison Park se convirtió en una caldera. Duncan Ferguson torturó al Manchester United de Sir Alex Ferguson con un cabezazo marca de la casa a centro de Mikel Arteta. Otra noche que aún se cuenta en voz alta en los pubs cercanos al estadio.

El sueño europeo, sin embargo, se rompió en la previa de la Champions. Tras perder 2-1 en casa ante el Villarreal que acabaría siendo semifinalista, Everton viajó a España buscando una gesta. La encontró durante unos segundos, cuando Ferguson marcó de cabeza en los minutos finales. Pierluigi Collina, el árbitro, lo anuló de forma que muchos aún no entienden. Aquel gol habría llevado la eliminatoria a la prórroga. En su lugar, Everton cayó 4-2 en el global. La herida, casi veinte años después, sigue abierta.

¿Es de verdad tan oscuro el relato? Osman, que vivió ese tramo de la historia desde dentro, no lo ve así. “Hemos tenido decepciones, sin duda, especialmente en cuanto a no ganar nada, pero hemos tenido buenos días, buenos momentos”, recuerda. “Llegamos a semifinales, a una final de FA Cup, tuvimos grandes celebraciones. Tuvimos viajes fantásticos en Europa; pienso en la victoria en Nuremberg en la Uefa Cup con miles de nuestros aficionados allí para disfrutarla.”

El excentrocampista insiste: no han sido 26 años de miseria. “Cuando nos clasificamos para la Champions League en 2005 fue un logro increíble, dado contra quién competíamos. Hicimos algo muy especial aquella temporada.”

Osman no esconde su frustración. “Estoy más disgustado que cualquier aficionado del Everton en el mundo por no haber ganado nada en los últimos 20-30 años, especialmente en el periodo en el que yo jugué y podía influir”, admite. Pero ni siquiera eso le hace dudar. “Nunca ha habido un solo momento en el que quisiera cambiar ser del Everton por cualquier otro club. Es mejor ser del Everton que apoyar a cualquier otro, y recuerda mis palabras: si alguna vez levantamos un trofeo, fíjate bien en esas celebraciones. Van a ser otra cosa.”

Para Dr. France, la devoción también tiene precio. Habla de “un robusto premio de siete cifras de Littlewoods Pools” que podría haber tenido si no hubiera invertido su vida en seguir al club, un guiño al imperio de Sir John Moores, el patriarca de los años 60 y 70 cuya fortuna bautizó al equipo como ‘The Mersey Millionaires’.

Cuando le piden que elija una celebración reciente, no duda. “Nuestro 2-0 ante Liverpool en Goodison en abril de 2024, nuestra primera victoria en 30 derbis, excluyendo el 2-0 a puerta cerrada en Anfield”, recuerda. “Estaba sentado en la segunda fila del palco de directores y tres filas detrás de mí estaba Andy Burnham, con los puños apretados golpeando el aire de Merseyside.”

Ese es el Everton que él ve. No un club hundido en la autocompasión, sino una comunidad. “Tengo mucha suerte de formar parte de algo muy especial apoyando al Everton. Es una comunidad especial. No te haces del Everton para ser un cazador de gloria, ¿verdad?”, plantea. “Tenemos la lealtad en la sangre. No solo apoyamos al club, los Evertonians nos apoyamos entre nosotros. Somos una familia. Cuando voy a ver al Everton, siento que estoy entre amigos.”

Ahora, con el equipo invicto en liga, vivo en la Carabao Cup y un nuevo estadio llenando de azul el horizonte del Mersey, esa familia espera algo más que resistencia y orgullo. Espera, simplemente, tener por fin un trofeo que justifique tantos kilómetros, tantas noches de angustia y tantas promesas de que, algún día, todo este sufrimiento habrá merecido la pena.