Pedro Neto: De extremo a carrilero clave en Chelsea
Diez años después, en Stamford Bridge vuelve a repetirse la misma historia, pero con otro protagonista. Entonces fue Victor Moses. Hoy, el hombre del momento se llama Pedro Neto.
De extremo inquieto a puñal por la banda
Chelsea ha encontrado de nuevo oro donde otros solo veían un ajuste táctico: convertir a un extremo en carrilero. Con Antonio Conte, Moses fue el símbolo de aquella racha de 13 victorias consecutivas que lanzó al club hacia el título de la Premier League en 2017. Ahora, con Xabi Alonso, el guion se reescribe con Neto.
En el Hill Dickinson Stadium del Everton, el portugués firmó un doblete desde el carril derecho en el 2-0 del sábado. No fue solo cuestión de números. Fue dominio, presencia constante, una amenaza que el rival nunca supo descifrar.
Y pensar que el verano pudo cambiarlo todo.
Un verano de dudas y un precio de estrella
A sus 26 años, Neto no era intocable en los despachos de Chelsea. El club escuchaba, con una etiqueta clara: unos 100 millones de libras. No lo querían regalar, pero tampoco lo blindaban como pieza sagrada.
La frustración venía de atrás. El final de la temporada anterior dejó heridas. Enzo Maresca, técnico con el que Neto mantenía una relación cercana, se marchó el día de Año Nuevo. Liam Rosenior aguantó menos de cuatro meses y el equipo terminó décimo. Un golpe duro para un vestuario que se creía preparado para mucho más.
Mientras nombres como Cole Palmer, Joao Pedro, Reece James o Moises Caicedo renovaban comprando el nuevo discurso del club —añadir experiencia a un talento ya exuberante—, el futuro de Neto seguía en el aire. La llegada de Xabi Alonso convenció a muchos. No estaba tan claro que convenciera al propio portugués… sobre todo si su rol pasaba a ser el de carrilero.
La incertidumbre se alargó hasta el cierre del mercado. Pero la historia giró.
El mes pasado, Neto estampó su firma en un nuevo contrato hasta 2032. No solo se quedó. Se convirtió en una pieza central del proyecto de Alonso. Y, como varios compañeros, no ha dudado en respaldar públicamente el plan del técnico español.
Alonso ve un carrilero, Neto se descubre a sí mismo
Quizá Alonso vio antes que nadie lo que Neto podía ser. Incluso antes que el propio jugador.
Fichado desde Wolves por 54 millones de libras en 2024, el portugués nunca se había caracterizado por su voracidad goleadora. En el club de Midlands dejó 14 goles y 27 asistencias en 135 partidos. Correcto, útil, pero lejos de las cifras de un atacante devastador.
En Stamford Bridge, antes de Alonso, el salto fue mínimo: 19 goles y 19 asistencias en 103 encuentros. Un futbolista productivo, sí, pero sin explotar.
Con Alonso, el escenario ha cambiado de tono y de ritmo. En lo que va de temporada suma cuatro goles y una asistencia en nueve partidos, tres de ellos saliendo desde el banquillo. Su frecuencia goleadora se ha más que duplicado respecto a etapas anteriores. Y lo está haciendo, precisamente, como carrilero.
Chelsea, ahora, disfruta de lo mejor de los dos mundos.
Un carrilero que vive en el área… y trabaja atrás
Los datos dibujan el nuevo mapa de Neto. A pesar de partir como carrilero, promedia 5,3 toques en el área rival por 90 minutos, frente a los 3,6 de la campaña pasada. Pisa más el área, llega más, amenaza más.
Regatea mejor y más a menudo: de 1,6 a 1,8 regates completados por 90, con una efectividad que salta del 43,5% al 52,6%. Crea más ocasiones: de 1,8 a 2,0 por partido, con un aumento en las generadas en juego abierto de 1,5 a 1,8.
Y no se queda mirando cuando pierde el balón. Sus obligaciones defensivas se han disparado: de 0,7 a 2,0 entradas por 90 minutos y de 2,9 a 3,9 posesiones recuperadas en Premier League. Un cambio de registro que habla tanto del sistema como del jugador.
Todo apoyado en una condición física sobresaliente. Neto ha explicado en más de una ocasión que parte de esa base atlética le viene de familia: creció rodeado de jugadores de hockey sobre patines. Hoy, esa herencia se traduce en un futbolista capaz de impactar en las dos áreas sin perder energía ni lucidez.
No es casualidad que en uno de los momentos cumbre de la era de la propiedad estadounidense, en la final del Club World Cup 2025, Neto se pegara a Achraf Hakimi hasta anularlo en el 3-0 de Chelsea sobre Paris St-Germain. Aquel día ya asomaba el futuro carrilero que hoy brilla.
La asimetría de Xabi y el comodín perfecto
Alonso lo definió con naturalidad tras el triunfo en Goodison: “Llámalo como quieras. Extremo, carrilero, jugador ofensivo, jugador defensivo. Puede hacer muchas cosas”. Lo importante, para el técnico, es simple: “Es muy competitivo y siempre que está cerca de la acción es una amenaza contra cualquier lateral”.
El plan del entrenador es claro. El sistema es asimétrico. Por la izquierda, con Jorrel Hato o Pep Chavarria, no exige el mismo caudal ofensivo. Esa diferencia le abre la autopista a Neto por el costado derecho. Más metros, más libertad, más responsabilidad.
Y, entre tanta exigencia, también cuenta el factor humano. Neto es uno de los bromistas del vestuario. Se vio tras el 6-3 a Leeds en Carabao Cup, cuando habló en directo con su excompañero en Wolves, Conor Coady, ahora analista en televisión. Coady le lanzó una pregunta con sorna: “¿Desde cuándo te preocupa encajar goles?”. La respuesta de Neto fue tan rápida como reveladora: “Ahora soy carrilero, chaval”. Risas, sí, pero también una confesión: su mentalidad ha cambiado.
Lo remató con una frase que resume su nuevo rol: en su cabeza, dice, siempre está la idea de correr hacia atrás y ayudar a sus defensas.
De Moses a Neto: misma idea, otro contexto
Hace una década, Moses se reinventó bajo Conte y se convirtió en símbolo de una Premier conquistada a golpe de racha. Neto no ha tenido que transformarse tanto en esencia. Sigue siendo el mismo jugador eléctrico, vertical, creativo.
La diferencia es que, como carrilero derecho bajo Alonso, sus virtudes se han amplificado. Más espacio para correr, más zonas donde aparecer, más peso en las dos áreas.
Chelsea ya sabe lo que puede ocurrir cuando un extremo acepta el reto de convertirse en algo más. La pregunta, esta vez, no es si el invento funciona. Eso ya lo está demostrando Neto cada fin de semana.
La cuestión es hasta dónde puede llevar este nuevo carrilero a un Chelsea que, otra vez, empieza a parecer un equipo serio.





