Romeo Lavia: De la Frustración a la Libertad en Chelsea
Romeo Lavia habla de libertad. De sentirse “free” otra vez. De cambiar la historia que se ha contado sobre él desde que llegó a Chelsea. Y, por primera vez desde que aterrizó en Stamford Bridge, los hechos empiezan a acompañar a las palabras.
Si el centrocampista belga completa 60 minutos ante Brentford este viernes, firmará su tramo más largo sin lesión con la camiseta blue: superará los 518 minutos consecutivos que había logrado hasta ahora, contando incluso partidos de pretemporada. Para cualquiera sería una estadística menor. Para él, después de dos años marcados por la frustración, es casi una frontera mental.
De un solo partido a un rol central
El contraste con su inicio en Londres es brutal. En su primera temporada en Chelsea apenas pudo disputar un encuentro oficial, frenado en seco por una grave lesión en los isquiotibiales. En la segunda, la historia pareció repetirse: una cadena de recaídas le dejó fuera de 33 partidos, una leve mejora respecto a los 42 del curso anterior, pero aún muy lejos de lo que se esperaba de uno de los grandes proyectos de mediocentro de Europa.
El giro llegó la pasada campaña. Lavia logró estar disponible aproximadamente en la mitad de los compromisos del equipo, un paso adelante significativo en un club que había aprendido a convivir con su nombre en la lista de bajas. Este verano, por fin, el patrón se ha roto: ha estado sano toda la pretemporada y también en las primeras semanas del nuevo curso.
“Hay muchísimo que pasa detrás de escena”, contó a BBC Sport, explicando que trabaja con una especie de checklist personal antes de cada partido para asegurarse de que llega en las mejores condiciones posibles. “Es un proceso grande, pero ahora mismo lo estamos haciendo bien”.
Romper el bloqueo mental
La batalla no ha sido solo física. El belga reconoce que el verdadero enemigo, después de tanto parón, se instaló en la cabeza. El miedo a volver a romperse. La tentación de no arriesgar. Xabi Alonso, su entrenador, lo empujó a atravesar ese muro en agosto, durante un amistoso de pretemporada frente a AC Milan, cuando le exigió completar los 90 minutos.
“Aprendí que siempre puedes ir más lejos de lo que piensas. Siempre puedes empujar tus límites, especialmente cuando sientes que todo va en tu contra”, reflexiona Lavia. “Es fácil pensar en rendirte, o sentir que hagas lo que hagas vas a volver al mismo punto de partida”.
Ahí apareció el entorno. Compañeros, cuerpo técnico, empleados del club, familia y amigos fuera del fútbol. Con todos ellos, dice, construyó una “burbuja” en la que solo importa lo que está bajo su control. Nada más.
El espejo de Reece James y Wesley Fofana
En Cobham, Lavia no es el único que sabe lo que significa mirar más a la sala de fisioterapia que al césped. Reece James y Wesley Fofana han pasado por procesos similares. Verlos regresar, caerse y levantarse otra vez se ha convertido en un modelo silencioso que el belga quiere seguir.
Su respuesta está sobre el campo. Se ha afianzado en el centro del campo de Alonso, compartiendo zona con el capitán James, que arrancó su carrera como lateral derecho y hoy actúa mucho más por dentro. La importancia de Lavia crece, además, por pura necesidad: Moises Caicedo apenas suma 14 minutos en lo que va de temporada y Enzo Fernández se marchó al Manchester City en el último día de mercado por 125 millones de libras.
“Forma parte de mi juego asumir responsabilidad y tener carácter”, subraya. “Me encanta estar en esa posición y también estar en este club. Tener esa responsabilidad no es presión, es un privilegio. Estoy viviendo el sueño. Para esto has estado jugando y entrenando todos estos años, así que solo tienes que salir y disfrutar”.
Dentro del vestuario, asegura, siente el “amor” de sus compañeros. Desde los despachos, el mensaje ha sido el mismo: paciencia, confianza y la convicción de que, si las lesiones le dan tregua, puede convertirse en una pieza clave del proyecto.
Un Chelsea más maduro y con pólvora
En el club se respira la sensación de que algo se está reordenando. La política de fichajes se ha ajustado, con la llegada de perfiles más experimentados, y con un golpe de efecto: el desembarco de Morgan Rogers desde Aston Villa por 117 millones de libras, el fichaje más caro en la historia de Chelsea. Lavia le conoce bien: compartieron vestuario en la academia del Manchester City.
El impacto ofensivo ha sido inmediato. Con Rogers, Cole Palmer y Joao Pedro, el equipo ha firmado 18 goles en seis partidos entre todas las competiciones. Un vendaval que ha devuelto la sonrisa a Stamford Bridge y ha enganchado incluso a los neutrales.
“Es increíble, de verdad”, admite Lavia. “Obviamente conocía a Morgan, pero la forma en la que ha llegado y cómo todos han conectado arriba… A veces me gustaría irme a la grada y disfrutar viéndolos. Te hacen el trabajo más fácil, porque es como: ‘vosotros id y haced vuestra magia, y nosotros hacemos el resto’. Estamos muy, muy felices de tenerlos y ojalá podamos conseguir grandes cosas juntos”.
Sin euforia, con listas que tachar
El discurso, pese al buen arranque, no se desborda. Lavia insiste en que este Chelsea ha sido “demasiado inmaduro” en el pasado y que necesita ser “realista” sobre lo que supone “convertirse en el equipo que nosotros y todo el mundo piensa que podemos ser”.
Para él, el camino se recorre a base de pequeñas metas. Tachar minutos, partidos, sensaciones. Y también momentos personales, como su primer gol con la camiseta blue, en el 4-3 frente a Brighton.
“Fue un momento en el que me sentí libre”, describe. “Sientes que todo el trabajo que has puesto empieza a darte recompensa, así que fue un momento muy emocional”.
El tanto tenía un significado extra. Su primer gol en la Premier League había sido precisamente contra Chelsea, con la camiseta del Southampton en 2022. “Siempre me pareció un poco extraño”, confiesa. Por eso, ver cómo todos sus compañeros iban marcando mientras él esperaba su turno le añadía un punto de ansiedad.
“Estaba esperando que llegara mi momento y, cuando pasó, estaba muy, muy feliz y emocionado. Quería expresarlo al máximo con los aficionados, y lo disfruté muchísimo”.
Ahora, a las puertas de su racha más larga sin lesiones desde que llegó a Londres, Lavia ya no habla como un jugador que teme romperse, sino como alguien decidido a reescribir su papel en el proyecto. La cuestión, para él y para Chelsea, es clara: ¿hasta dónde pueden llegar si, por fin, el cuerpo le acompaña?






