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Singapur se enfrenta a Tailandia en el ASEAN Championship

SINGAPUR – El sueño de los Lions de volver a una final del ASEAN Championship después de 14 años quedó al borde del abismo. En un Jalan Besar Stadium lleno y ruidoso, siete veces campeona, Tailandia, se llevó un 3-1 en la ida de las semifinales el 15 de agosto y dejó la eliminatoria muy cuesta arriba para Singapur.

Un golpe duro en casa

El ambiente empujaba. 5.358 espectadores, entre ellos el presidente de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, y su esposa Jane Ittogi, convirtieron Jalan Besar en un pequeño caldero. Las entradas locales se habían agotado en siete minutos el 12 de agosto y las reventas alcanzaron cifras desorbitadas: hasta 2.500 dólares por un par de boletos de Categoría 1 valorados en unos 100.

Sobre el césped, Gavin Lee movió el once respecto al 1-1 ante Indonesia del 7 de agosto. Entraron Irfan Fandi, Kyoga Nakamura y Shawal Anuar por Hami Syahin, el suspendido Song Ui-young e Ilhan Fandi. El inicio fue prometedor: presión alta, ritmo, intención de ir a por el partido.

Pero el castigo llegó pronto.

En el minuto 14, Nakamura perdió un balón en su propio campo y Tailandia olió sangre. Teerasak Poeiphimai controló y colocó un disparo ajustado al palo, abajo, imposible para Izwan Mahbud. Silencio en la grada. Doce minutos después, la herida se abrió más: el mismo Teerasak apareció completamente solo en el área para cabecear a la red el 0-2. Dos llegadas claras, dos golpes.

“Nos pusimos en momentos innecesariamente difíciles y se lo pusimos fácil”, admitió después Lee, de 35 años. “Cuando tienen jugadores de esa calidad, te castigan”.

Penalti fallado y un tercer mazazo

Singapur tuvo una vía para volver al partido. El VAR detectó un empujón de Yotsakorn Burapha sobre Shawal tras un saque de banda largo de Lionel Tan que desordenó el área tailandesa. Penalti en el minuto 35. Oportunidad de oro.

Shawal tomó carrera. Kampol Pathomakkakul adivinó el lado, se lanzó a su derecha y detuvo el disparo. Otro golpe al ánimo local.

Tailandia, que había introducido seis cambios respecto al once que venció 2-0 a Myanmar el 8 de agosto, se permitió incluso el lujo de sustituir a su goleador Teerasak al descanso por Patrik Gustavsson. El sueco de nacimiento tardó cinco minutos en dejar su huella: ganó en velocidad a Lionel Tan y sirvió el pase para que Seksan Ratree firmara el 0-3 en el 50.

En ese momento, la semifinal parecía casi sentenciada.

Orgullo tardío y una rendija de esperanza

Con el marcador en contra y los errores acumulándose, el partido pudo romperse del todo. Tailandia generó más ocasiones claras y solo varias intervenciones de Izwan evitaron un resultado más abultado. El 3-1 no exageró el dominio de los War Elephants, que se mostraron sólidos y clínicos.

Lee movió el banquillo y recurrió a Ilhan Fandi en la segunda parte. El joven delantero, que había cedido su lugar en el once inicial, cambió el tono del tramo final. En el minuto 84, encontró su momento: se perfiló y sacó un disparo curvado que golpeó el poste y entró. Golazo. Su cuarto tanto en el torneo y, además, el primero que encaja Tailandia en cuatro partidos oficiales.

El estadio despertó. Cánticos, banderas, una sensación de “todavía no estamos muertos” que recorrió las gradas.

“Si los aficionados no se rinden con nosotros, no podemos rendirnos con nosotros mismos”, subrayó Lee. “Reducimos la desventaja en uno, y con este grupo, cualquier cosa es posible”.

Lee, primer revés; Hudson, advertencia

La derrota corta una racha de nueve partidos oficiales sin perder para Singapur desde la llegada de Gavin Lee en junio de 2025, en sustitución de Tsutomu Ogura. Bajo su mando, el interés por los Lions se ha disparado: clasificación histórica para la Asian Cup de enero de 2027, lograda en noviembre de 2025, y un camino firme hasta estas semifinales del ASEAN Championship, empatando 0-0 con la vigente campeona Vietnam (número 99 del mundo) y 1-1 con Indonesia (118) en la fase de grupos.

Esta vez, sin embargo, los errores individuales y la pegada rival pesaron más que la energía de la grada.

Al otro lado, Anthony Hudson vivió el partido con tensión. El técnico inglés de 45 años tuvo un cruce de palabras caliente con el banquillo singapurense al final, pero no escatimó elogios hacia el rival, que lo dejó con solo un 28 % de posesión.

“Fue un partido frustrante, con muchas entradas fuertes”, reconoció. “Tengo que darle crédito a los jugadores porque defendieron bien y aprovecharon sus oportunidades. Estamos en nuestro mejor nivel cuando tenemos conexiones más cercanas y pases cortos, y jugadores capaces de correr a la espalda de la defensa”.

Hudson dejó también una sensación clara: su equipo aún tiene margen de mejora. “Podríamos haber marcado uno o dos goles más y eso fue lo decepcionante. Pero en semifinales y finales se trata de ganar, recuperarse, viajar a Bangkok y hacer una actuación todavía mayor”.

Una montaña histórica por escalar

El contexto estadístico no ayuda a los Lions. Singapur, número 148 del ranking mundial y campeón por última vez en 2012 tras vencer a Tailandia 3-2 en el global, viaja ahora a Bangkok como claro outsider para la vuelta del 18 de agosto en el Rajamangala Stadium.

Desde que las eliminatorias a doble partido se introdujeron en 2004, solo en cinco ocasiones un equipo remontó tras perder la ida. Ninguno lo hizo partiendo de una desventaja de dos goles. Y enfrente está una Tailandia 94ª del mundo, que pese a no contar con su mejor versión de plantilla, suma cinco victorias consecutivas en el torneo y transmite una solidez intimidante.

Lee, sin embargo, se aferra al carácter de su vestuario. “Conociendo a los chicos, se están dando de cabezazos, pero se recuperarán lo mejor que puedan y querrán corregir lo que salió mal”, afirmó.

Los Lions ya han demostrado en este ciclo que saben sufrir, resistir y competir por encima de lo que marca el ranking. Empataron con Vietnam, aguantaron a Indonesia, se clasificaron a una Asian Cup por primera vez. La remontada ante Tailandia exigiría algo todavía mayor.

El ganador de esta semifinal se medirá al que salga del cruce entre Vietnam y Malasia, cuya ida se disputa el 16 de agosto en Kuala Lumpur y la vuelta tres días después en Hanoi. Para Singapur, la pregunta es otra: ¿será el Rajamangala el escenario de una eliminación lógica o el inicio de una de las noches más improbables de su historia reciente?