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Steve Clarke y su adiós a Escocia: un legado y un nuevo rumbo

Steve Clarke no se marchó de la selección de Escocia por impulso ni por calentón tras el Mundial. Lo tenía decidido. Y, según él mismo ha desvelado, lo tenía decidido desde antes de firmar el último contrato.

En una charla íntima pero cargada de contenido, entrevistado por su excompañero en Chelsea y en la propia selección, Pat Nevin, durante una cena de la Spartans Community Foundation en Edimburgo, el exseleccionador explicó cómo vivió sus últimos meses al frente del combinado nacional y por qué, pese a renovar, sabía que su etapa estaba cerca del final.

Un contrato a regañadientes

Clarke, de 63 años, contó que tuvo que empujar a la Scottish FA para lograr la renovación justo antes del Mundial de este verano en el continente americano. Sentía que el organismo dudaba.

“Obviamente llegamos a marzo y no me habían ofrecido un nuevo contrato, lo que me pareció bastante extraño. Empiezas a pensar que están cubriéndose un poco, esperando a ver qué pasa en el torneo del verano”, relató, citado por The Scotsman.

Esa sensación le llevó a mover ficha. Reconoció que utilizó los medios de comunicación en marzo para “darle un pequeño empujón” a la SFA. A partir de ahí, las conversaciones se dispararon.

“Negociamos sin parar desde principios de abril hasta mediados de mayo, justo antes del partido contra Curazao”, explicó. Clarke fue muy claro con los dirigentes: si no había acuerdo antes de viajar al Mundial, anunciaría que dejaba el cargo.

La reacción fue inmediata. “Entraron un poco en pánico y me dieron el nuevo contrato”, admitió con ironía. “Fue como sacar muelas para cerrar el acuerdo. Pero lo sacamos adelante”.

Sin embargo, esa firma no cambiaba lo que él llevaba tiempo rumiando. “Nunca fue realmente un cambio de opinión. Soy una persona bastante compleja. Quería controlar mi narrativa”, subrayó. En su cabeza, el plan estaba fijado: si Escocia no superaba la fase de grupos por primera vez en su historia, se iría.

Solo contemplaba una excepción: continuar si el equipo completaba “tres partidos fantásticos” y quedaba fuera por pura mala fortuna.

Un Mundial que dejó cicatriz

El torneo no ofreció ese escenario ideal. Escocia arrancó con una victoria por 1-0 ante Haití, pero se complicó el futuro con una derrota por el mismo marcador frente a Marruecos. El golpe definitivo llegó contra Brasil: un 3-0 que dejó al equipo pendiente de una carambola improbable para avanzar como uno de los mejores terceros.

La espera fue un castigo. “Tuvimos que quedarnos cuatro o cinco días en Charlotte, los cuatro o cinco días más largos de la historia, simplemente sentados y esperando, sabiendo que te vas a casa porque la diferencia de goles no era lo suficientemente buena”, recordó.

Clarke había marcado el listón antes de la competición: necesitaban cuatro puntos. Lo dijo en público y se llevó críticas. “Me machacaron en los medios por decirlo. Alguien me machacó por decir: ‘no, ya está, nos vamos a casa’. Pero tenía razón”, afirmó.

Con la eliminación consumada, el técnico dio el siguiente paso que ya había imaginado meses atrás. Habló con varios de los pesos pesados del vestuario tras el partido ante Brasil y, en esas conversaciones, confirmó su impresión: el grupo necesitaba un cambio.

Sintió que, para que Escocia rompiera de una vez su techo histórico y alcanzara una fase de eliminatorias en una gran cita, hacía falta “otra voz”.

El relevo y el horizonte de la Euro 2028

Clarke ya no está, pero no se ha desentendido del futuro de la selección. La semana pasada telefoneó al nuevo seleccionador, Sebastien Pocognoli, para desearle suerte en el cargo.

Desde la distancia, ve un contexto inmejorable para que Escocia dé el siguiente paso, especialmente mirando a la Euro 2028, que se disputará con formato de país anfitrión múltiple. Confía tanto en el escenario que dejó una frase contundente: cree que “incluso Escocia” no podrá fallar en la clasificación, teniendo en cuenta que dos plazas en la fase final estarán reservadas para los mejores anfitriones por ranking que no se hayan clasificado como primeros o segundos de grupo.

Clarke ya no dirige, pero ha dejado algo más que un legado de resultados: ha impuesto un estándar. El próximo desafío es claro y está fechado. La pregunta es si esa “voz diferente” que reclamaban sus veteranos será la que, por fin, lleve a Escocia a tumbar su muro histórico en la Euro 2028.