Tony Mowbray y la cantera del Blackburn Rovers: límites y realidades
Tony Mowbray, obligado a tirar de la cantera, pero marca límites: “No voy a usar a los chavales para hacerme el valiente”
Con la enfermería llena y la plantilla cogida con alfileres, Tony Mowbray vive días de supervivencia en Blackburn Rovers. El técnico se ve empujado a mirar a la academia antes de tiempo, a lanzar a adolescentes a un Championship que no perdona, pero insiste en que no sacrificará el futuro de los jóvenes por la urgencia del presente.
El sábado, en la derrota 2-1 ante Preston, la imagen en el banquillo lo decía todo: cinco adolescentes, solo tres futbolistas realmente veteranos. Entre ellos, Harvey Higgins, delantero de 17 años, que acabó entrando al campo para disputar los últimos 16 minutos. Un salto brusco a un fútbol que Mowbray define sin anestesia.
“Intento proteger a esos chicos. Jugamos en un mundo de hombres, es horrible, intenso, áspero”, explicó en BBC Radio Lancashire. “A los rivales no les importa si tienes 16 o 17 años, te van a pasar por encima para hacer su trabajo, se juegan el pan”.
Higgins, según su entrenador, sí estaba preparado para ese impacto físico. No todos los canteranos, no todavía. Ahí es donde Mowbray pisa el freno.
“Sentí que Harvey estaba físicamente listo para ayudarnos, pero algunos de los más jóvenes, que tienen talento en las botas, aún no están preparados físicamente para medirse a estos hombres”, apuntó. “Voy a ir metiéndolos poco a poco cuando llegue el momento adecuado. Depende de ellos, no solo de mí: tienen que demostrarme cada día que aguantan las exigencias”.
El mensaje es claro: no habrá atajos. No por desesperación.
“No quiero hacerles la vida demasiado difícil demasiado pronto. Nunca voy a ser el tipo que pone a los chavales solo para demostrar algo. Están en el banquillo porque tienen que estar”, sentenció.
Mercado difícil y presión de la grada
La visita de Sheffield United este martes (19:45 BST) llega en pleno maratón: será el sexto partido en 18 días. Con la plantilla tan justa, Mowbray admite que ya rastrea el mercado de agentes libres, aunque sin fe ciega en que ahí esté la solución.
“No es un mercado sencillo, hay montones de nombres”, reconoció. “El otro día salía del estadio y muchos aficionados me gritaban nombres. Todo el mundo me ha enseñado listas, yo las tengo, pero ¿cuáles pueden ayudarnos y cuáles son iguales a lo que ya tenemos?”.
El técnico no quiere fichajes cosméticos, ni movimientos para la galería.
“No traes futbolistas solo por sumar números. Tienen que encajar en la plantilla. Este equipo necesita ayuda en zonas concretas. Estamos trabajando en ello. Si no pasa nada será porque no creo que haya nadie ahí fuera que pueda ayudarnos”.
Sin tiempo para entrenar, sin tiempo para imponer su sello
La urgencia competitiva le está robando a Mowbray algo que valora tanto como los puntos: el tiempo de trabajo. El calendario le ha dejado sin margen para entrenar, justo cuando más necesita moldear al equipo.
“Llevamos un par de semanas casi sin entrenar”, admitió. “Es una gran frustración para mí; tan pronto en tu etapa quieres crear tu identidad, cómo quieres jugar”.
Para un técnico con dos décadas de experiencia, la receta es conocida: repetir, insistir, automatizar. Hoy, esa rutina es un lujo.
“La forma de conseguirlo, después de 20 años haciéndolo, es la repetición, pero ahora mismo no la tenemos. Tenemos que proteger al equipo, pasar este tramo y llegar al parón internacional”.
Ese parón se ha convertido en la línea de horizonte que guía cada decisión: la gestión de minutos, la protección de los jóvenes, la búsqueda de refuerzos. Todo apunta ahí.
“Con suerte, después del parón estaremos mucho más fuertes y preparados para ir a por esta liga con más opciones”, lanzó.
La cuestión es simple y brutal: ¿aguantará Blackburn el golpe hasta entonces sin quemar a sus promesas ni perder el hilo competitivo? La respuesta, en un Championship que no espera a nadie, llegará rápido.






