Tottenham y su lucha por la permanencia en la Premier
Tottenham tuvo el partido en la mano. Lo acarició con un golazo, lo perdió con un error infantil y acabó aferrado a su portero para no salir del campo con la sensación de auténtico naufragio. El empate ante Leeds deja al equipo a solo dos puntos del descenso y con la soga cada vez más tensa.
Durante casi una hora, el plan parecía funcionar. Tras un primer tiempo espeso, con nervios a flor de piel y poco colmillo, el talento individual abrió una puerta que podía valer media permanencia.
Mathys Tel recibió a unos 20 metros de la portería, levantó la cabeza y dibujó un disparo curvado, precioso, imposible para el guardameta. Un gol de jugador grande en un momento enorme. Ese 1-0 no solo adelantaba a Tottenham, también lo proyectaba cuatro puntos por encima de un West Ham hundido en la polémica de su derrota reciente ante Arsenal. Respiraba el estadio. Respiraba el banquillo. Respiraba De Zerbi.
Y entonces, el caos.
El joven francés, héroe unos minutos antes, se metió de lleno en el otro lado de la historia. En una acción defensiva dentro de su propia área, intentó una chilena tan espectacular como innecesaria. No midió. Impactó con Ethan Ampadu. El árbitro dejó seguir en primera instancia, pero la sala VAR llamó a revisión. El castigo no tardó en llegar: penalti.
Dominic Calvert-Lewin no dudó desde los once metros. Ejecutó con frialdad, empató el partido y encendió todas las alarmas en el norte de Londres. El 1-0 que debía dar aire se transformó en un 1-1 con sabor a oportunidad desperdiciada y con un Tottenham cada vez más pequeño a medida que el reloj avanzaba.
Leeds olió el miedo. Empezó a ganar duelos, a instalarse más arriba, a probar la fragilidad emocional de un equipo que se sabe al borde del precipicio. En ese tramo, Tottenham se sostuvo casi exclusivamente gracias a un hombre: Antonin Kinsky. El guardameta firmó una parada monumental en los minutos finales, un mano a mano que llevaba tatuado el 1-2 y que habría dejado al equipo hundido anímicamente. Esa intervención vale tanto como un gol en esta lucha por la supervivencia.
La tensión no solo se jugó en las áreas. También pasó por el arbitraje y por el VAR, otra vez en el centro de la conversación. De Zerbi terminó visiblemente molesto, sobre todo por un posible penalti sobre James Maddison en los últimos instantes, acción que se revisó pero que no cambió la decisión inicial.
El técnico italiano, en declaraciones a BBC Match of the Day, no escondió su incomodidad con el contexto arbitral reciente, recordando el polémico uso del VAR en el West Ham–Arsenal. Sin embargo, evitó encender un incendio mayor y se contuvo en la valoración concreta de la jugada de Maddison, admitiendo que ni siquiera la había visto con claridad y rehusando entrar en una guerra abierta con el colegiado. Apuntó, eso sí, a la falta de calma del árbitro en un ambiente cargado por lo ocurrido el día anterior, aunque cerró el tema con un mensaje de pragmatismo: el foco, para él, está en los dos partidos que quedan.
En lo futbolístico, De Zerbi trató de agarrarse a la parte medio llena del vaso. Recordó que el equipo suma ocho puntos en los últimos cuatro encuentros y subrayó que el rendimiento, más allá del resultado, no fue malo. Felicitó a Leeds por su partido y señaló un detalle que no es menor en esta recta final: los de Yorkshire cierran la temporada visitando a West Ham, un cruce directo que puede alterar por completo el mapa del descenso.
Para Tottenham, el horizonte inmediato no invita precisamente a la relajación. Llega ahora una visita incómoda, casi intimidante, a Stamford Bridge el 19 de mayo. Un tropiezo allí, combinado con resultados favorables para los rivales directos, podría empujar al club a la zona roja cuando ya apenas queda margen de reacción.
Hay, al menos, una buena noticia: el regreso de James Maddison. El mediapunta dejó destellos en su primera aparición tras una grave lesión de rodilla en pretemporada. Su creatividad y su capacidad para cambiar partidos desde la nada son oro puro en este tramo final, donde cada decisión, cada pase y cada balón parado puede marcar la diferencia entre seguir en la élite o caer al infierno del Championship.
El problema está detrás. La indisciplina defensiva, simbolizada de forma cruel en la acción de Tel, vuelve a situarse en el centro del debate. No es solo un error puntual, es un síntoma: un equipo que se juega la vida no puede permitirse ese tipo de riesgos dentro de su área. No ahora. No con dos jornadas por delante.
Tottenham sigue fuera de los tres últimos, pero ya no vive, sobrevive. Y con Chelsea en el horizonte y el descenso respirándole en la nuca, la pregunta es clara: ¿encontrará este equipo la solidez y la sangre fría que le han faltado todo el año o acabará pagando su fragilidad con una caída histórica?






