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La USWNT enfrenta a Brasil en un desafío difícil: “No queremos fácil”

La selección femenina de Estados Unidos está acostumbrada a recibir visitas, no a hacerlas. Normalmente manda invitaciones, llena estadios en Norteamérica y dicta el guion en amistosos que rara vez le sacan de su zona de confort. Esta ventana de junio ha roto ese patrón de golpe.

Brasil, dos partidos seguidos, lejos de casa. Un año antes de que el Mundial femenino de 2027 las pueda llevar de vuelta a este mismo país, si sellan el billete. Un laboratorio perfecto… y hostil.

El sábado 6 de junio, el experimento explotó en la cara de un equipo joven y en pleno proceso de reconstrucción. Derrota, ambiente ensordecedor y una lección que Emma Hayes llevaba tiempo queriendo impartir.

“La atmósfera fue increíble y, por mucho que yo pueda preparar a mi equipo para esto, no lo sabes de verdad hasta que lo vives”, reconoció la seleccionadora. “Estoy segura de que para muchas de mis jugadoras es la primera vez que experimentan una intensidad así desde la grada”.

Un ruido que no se apaga

Desde el primer minuto hasta el 90, el sonido no bajó nunca. Aplausos, abucheos, silbidos constantes. Sin respiro. Sobre el césped, un Brasil físico, incómodo, aferrado a ese “caos ball” que rompe ritmos, multiplica duelos y castiga cada duda.

Para Estados Unidos, fue territorio desconocido. No solo por el rival, al que ya habían sufrido en derrotas recientes, sino por el contexto: calor, tensión, contacto, decisiones arbitrales que no caen de su lado y un público decidido a empujar cada choque.

Pero los procesos de reconstrucción no se escriben con comodidades. Hayes lo sabe y lo busca. Con los clasificatorios de noviembre en el horizonte y la posibilidad de volver a Sudamérica el próximo año, estos golpes forman parte del plan.

“Estoy muy contenta por la experiencia, porque si queremos que todo sea fácil, nos quedamos en casa y jugamos en LA o en cualquier otro sitio”, remarcó. “No queremos fácil”.

Gol tempranero, reacción brasileña

El guion, de inicio, pareció sonreír a las visitantes. Sophia Wilson adelantó a la USWNT con un tanto que celebró como algo más que un gol: era el primero desde su regreso a la selección. Una señal personal, un pequeño triunfo en medio del ruido.

Pero el partido se torció en un suspiro. Brasil respondió con un doblete relámpago y en menos de un cuarto de hora ya mandaba 2-1. El estadio se encendió, la presión se multiplicó y Estados Unidos apenas encontró aire.

A partir de ahí, las ocasiones claras de las de Hayes fueron contadas. Brasil defendió con disciplina, cerró espacios y manejó los tiempos. La USWNT tuvo chispazos, llegadas sueltas, pero pocas situaciones limpias frente a la portería rival.

Dentro del vestuario, el análisis no se centró en el rival. El mensaje fue otro: mirarse al espejo.

Liderazgo, golpes y control emocional

“Es difícil cuando es un partido así, cuando te tiran al suelo varias veces y las decisiones no van a tu favor”, admitió la capitana Lindsey Heaps. “Pero depende de nosotras: es esa capacidad mental para mantenernos dentro de un partido así”.

La centrocampista no se quedó en la queja. Señaló el paso adelante del grupo en medio del caos.

“Estoy muy orgullosa de nuestro equipo porque mantuvimos la calma y aun así creamos oportunidades, pero se trata de tener la experiencia para conseguir ese gol de vuelta y salir con un resultado de un partido de este tipo”, añadió. “Es duro, pero creo que ese control emocional ha mejorado muchísimo durante este último año”.

Wilson coincidió. Su gol no maquilló la derrota, pero sí le dio una perspectiva distinta de lo vivido.

“Necesitábamos hacer un mejor trabajo controlando el partido y manteniendo la ventaja, pero fue una muy buena prueba para nosotras, y sentimos lo que es jugar aquí, en su país”, explicó. “Creo que podemos tomar lo que necesitamos de este partido y la parte buena es que podemos volver a intentarlo en unos días”.

Un segundo asalto en Fortaleza

Ese “volver a intentarlo” tiene fecha y peso. El martes 9 de junio llegará el segundo amistoso, el 45º enfrentamiento entre ambas selecciones. Estados Unidos viaja ahora a Fortaleza con un objetivo claro: evitar una tercera derrota consecutiva ante Brasil.

Nada apunta a un escenario amable. Otro estadio encendido, otra atmósfera diseñada para desestabilizar, otro examen para una selección que ha decidido dejar de vivir entre algodones.

La USWNT ya sabe lo que le espera: ruido, fricción, decisiones discutidas, poco margen para el error. Justo el tipo de incomodidad que Hayes considera imprescindible si este equipo quiere volver a la cima mundial.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿convertirán ese ruido de Brasil en el eco que las empuje de vuelta a la élite o en un recordatorio de que, por ahora, el camino todavía va cuesta arriba?