Zidane asume como seleccionador de Francia: un cambio histórico
La Federación Francesa de Fútbol ya ha puesto fecha y hora al momento que el país llevaba años esperando. El próximo martes, en la sede de la FFF, Philippe Diallo se sentará ante los micrófonos para presentar al nuevo seleccionador de Les Bleus. Didier Deschamps se hace a un lado tras 14 años de mandato y todos los focos apuntan al mismo nombre: Zinedine Zidane.
No habrá homenaje, ni gira de despedida para Deschamps. Nada de vídeos emotivos ni vueltas de honor. La federación ha optado por el corte limpio. Se cierra una era, se abre otra. Directo al relevo. Directo a Zizou.
Un anuncio que huele a cambio de época
El comunicado del jueves fue escueto, casi frío, pero cargado de significado. Diallo presidirá una rueda de prensa el martes 28 de julio de 2026, a partir de las 11:00, tras una reunión extraordinaria del comité ejecutivo en la que se validará oficialmente el nombramiento del nuevo seleccionador.
La fecha no sorprendió a nadie: la prensa local ya la había adelantado la noche anterior. Lo que sí marca es el tempo de una transición largamente telegrafiada. Durante años, cada vez que se hablaba del futuro del banquillo francés, el mismo apellido flotaba en el aire. Ahora, por fin, se materializa.
Zidane, compañero de generación de Deschamps en aquella Francia campeona del mundo en 1998, lleva tiempo preparado para este paso. El acuerdo con la federación está cerrado; solo faltan algunos detalles sobre la composición de su cuerpo técnico antes de que comience oficialmente su mandato.
Ni siquiera la reciente reforma parlamentaria sobre el tope salarial ha frenado la operación. Zidane cuenta con una exención específica aprobada por las autoridades competentes. Francia no estaba dispuesta a dejar escapar a su figura más icónica por una cuestión burocrática.
Cinco años de silencio, una oportunidad única
Desde que dejó el banquillo del Real Madrid en junio de 2021, Zidane ha vivido en una espera calculada. Rechazó ofertas, algunas de ellas millonarias y de clubes de primer nivel. Eligió el silencio, el trabajo en la sombra, la paciencia. Esperaba solo una llamada.
La de Francia.
Su nombre se asoció una y otra vez al cargo, cada vez que el ciclo de Deschamps parecía acercarse a un final que nunca terminaba de llegar. Ahora, con el relevo ya en marcha, el técnico marsellés cierra una etapa histórica y el ídolo de Marsella y Madrid se prepara para su primer gran reto como seleccionador.
No será un aterrizaje suave.
Un estreno al rojo vivo
El calendario no concede tregua. Nada de amistosos de rodaje ni giras exóticas para hacer pruebas. La primera ventana internacional de Zidane, entre septiembre y octubre, viene cargada de partidos de máxima exigencia en la UEFA Nations League.
Su debut llegará el 25 de septiembre, en Turquía. Un inicio ruidoso, en un ambiente hostil, perfecto para medir el carácter de un nuevo ciclo. Tres días después, el 28, Francia visitará a Bélgica, rival directo, espejo competitivo y uno de los grandes termómetros del fútbol europeo reciente.
Y entonces llega la noche marcada en rojo.
El 2 de octubre, Zidane se presentará por primera vez como seleccionador en el Stade de France, frente a Italia. No es un partido cualquiera. Es el país donde se convirtió en leyenda con la camiseta de la Juventus, el escenario emocional de una parte esencial de su carrera. El cruce está cargado de simbolismo. Y puede tener una capa extra de morbo: Deschamps suena precisamente como candidato al banquillo de la selección italiana.
Si los rumores se confirman, el relato se escribirá solo: el hombre que se va, frente al que toma su relevo, al otro lado de los Alpes.
La Nations League no se detiene ahí. Francia volverá a verse las caras con Bélgica el 5 de octubre, esta vez en casa, en un doble duelo que huele a eliminatoria encubierta entre dos generaciones que se conocen de memoria. Después, el 12 de noviembre, viaje a Italia para el segundo capítulo de ese clásico moderno del fútbol de selecciones.
El cierre de la fase de grupos llegará el 15 de noviembre, en territorio conocido: Francia recibirá a Turquía. Para entonces, el proyecto de Zidane ya habrá pasado por todos los filtros posibles en apenas dos meses: presión fuera de casa, noches grandes en Saint-Denis, rivalidad, simbolismo y obligación de resultados inmediatos.
El peso de un apellido
La hoja de ruta está clara:
- Turquía v Francia, 25 septiembre
- Bélgica v Francia, 28 septiembre
- Francia v Italia, 2 octubre
- Francia v Bélgica, 5 octubre
- Italia v Francia, 12 noviembre
- Francia v Turquía, 15 noviembre
No hay margen para el ensayo general. Cada partido cuenta. Cada decisión se mirará con lupa. Zidane llega con la autoridad que dan sus títulos y su aura de leyenda, pero el banquillo de una selección campeona del mundo tiene su propio idioma, sus propias trampas.
Deschamps deja una herencia pesada: finales, estabilidad, una identidad competitiva férrea. Zidane aporta otra cosa: magnetismo, una relación casi mística con los grandes escenarios, la sensación permanente de que, cuando está él, todo es posible.
Francia ha elegido. Ahora le toca a Zizou demostrar si su destino era, realmente, este banquillo. Y si puede escribir, desde ahí, un capítulo aún más grande que el que firmó sobre el césped.






