Argentina busca avanzar a semifinales contra Suiza
La defensa más caótica del título mundial sigue viva. Argentina, que coqueteó con el abismo ante Egipto, se planta ahora en Kansas City para medir su resistencia emocional frente a una Suiza fría, ordenada y sin concesiones, con un lugar en semifinales en juego.
Durante largos minutos en Atlanta, el campeón pareció un equipo agotado, sin chispa, casi resignado. Egipto se puso 2–0 arriba, llegó a celebrar un tanto que terminó anulado de forma polémica y, aun así, Mostafa Ziko consiguió doblar la ventaja de los Faraones. Argentina corría, chocaba, buscaba, pero sin premio. Hasta que el partido se encendió desde el lugar de siempre.
Lionel Messi encontró el interruptor. Primero asistió el cabezazo clave de Cristian Romero, después clavó el gol del empate, su octavo en este Mundial y el 21º en la competición. El capitán, de 39 años, había sufrido durante buena parte del encuentro, pero cuando la eliminación asomaba como una humillación histórica, apareció con la naturalidad de quien lleva dos décadas sosteniendo camisetas y países. Sus lágrimas tras el pitazo final no fueron de euforia: sonaron a desahogo.
Ese desahogo, sin embargo, no tapa las grietas. Y ahí se juega el once que Lionel Scaloni perfila para enfrentar a una Suiza que no regala metros ni espacios.
Dibu, a la espera de su noche
En el arco, no hay debate: Emiliano Martínez. El guardameta de Aston Villa todavía no tuvo una de esas noches épicas que se volvieron marca registrada, pero nadie en la delegación imagina que se vaya de Norteamérica sin dejar su sello. En un cruce que puede irse a los márgenes, su figura pesa tanto como la de un goleador.
En la derecha, Nahuel Molina se mantiene más por necesidad que por convicción. Argentina no abunda precisamente en laterales de jerarquía y el torneo del jugador ha sido discreto, con dudas defensivas y poco filo. Aun así, sigue siendo una amenaza más confiable en ataque que Gonzalo Montiel, y Scaloni necesita desesperadamente alguien que estire la cancha por fuera.
En la zaga, Cristian Romero apunta a ser titular pese a una molestia menor. El defensor de Tottenham ya dejó su huella con esa irrupción al área que terminó en gol ante Egipto, una de esas incursiones agresivas que los hinchas de Spurs conocen de memoria. A su lado, Lisandro Martínez. El jugador de Manchester United ha sido clave en la salida limpia desde el fondo, pero sus fundamentos defensivos quedaron bajo la lupa en el último partido. Frente a un corredor de canales como Breel Embolo, potente y directo, el duelo físico será brutal. Si Lisandro pierde ahí, Argentina sufrirá.
La banda izquierda, un foco de tensión
Por el costado izquierdo, Facundo Medina debería recuperar su lugar natural. Arrancó el torneo como lateral titular, pero ante Egipto solo pudo entrar desde el banco por un golpe. Si está cerca del 100% de su condición, todo indica que desplazará a Nicolás Tagliafico. El puesto está lejos de estar cerrado, pero el cuerpo técnico valora la energía y la agresividad de Medina en la presión alta.
En el mediocampo, Rodrigo De Paul es intocable. Su rol no luce en las estadísticas, pero sostiene el andamiaje competitivo del equipo: corre, tapa, acompaña, ordena. Es el tipo de futbolista que se nota más cuando falta que cuando está. El sábado, estará.
A su lado, Alexis Mac Allister parece tener ventaja por pura confianza del entrenador. Es cierto: un enganche más clásico podría darle a Argentina una cuota extra de creatividad entre líneas. Sin embargo, Scaloni ha demostrado lealtad al centrocampista de Liverpool, que equilibra, se ofrece y rara vez se esconde. En partidos de nervios, esa fiabilidad pesa.
Leandro Paredes completa el triángulo. Su intervención en el tiempo añadido ante Egipto fue tan decisiva como silenciosa: un corte vital para evitar que los africanos recuperaran la ventaja cuando el campeón ya estaba volcado al ataque. Es el mediocentro que, cuando acierta, permite que el resto se suelte sin mirar tanto hacia atrás.
En la izquierda del rombo, Enzo Fernández sigue atrapado en un rol que no lo potencia del todo. La falta de amplitud real por las bandas ha condicionado a Argentina en este inicio de fase de eliminación directa, pero el cuerpo técnico no parece dispuesto a romper el plan. Nico González volverá a esperar su oportunidad desde el banco, recurso de impacto si el partido se cierra o si las piernas empiezan a pesar.
Messi, Lautaro y la cuestión del gol
Arriba, no hay misterio con el nombre que encabeza la planilla. Lionel Messi será el faro. Su partido ante Egipto fue áspero, lleno de roces, imprecisiones y gestos de frustración. Y, sin embargo, cuando el reloj apretó, decidió el resultado: asistencia, gol y liderazgo emocional. No se trata solo de lo que hace con la pelota, sino de lo que provoca alrededor. Mientras él esté en cancha, Argentina nunca se siente fuera de un partido.
A su lado, Lautaro Martínez gana terreno. Julián Álvarez arrastra un problema de tobillo y no termina de encontrarse cómodo ni en el desmarque ni en la definición. Lautaro, en cambio, cambió el tono del duelo ante Egipto desde el banco, ofreciendo diagonales agresivas y presencia en el área. En un cruce donde cada ocasión puede ser oro, su instinto de nueve puro puede marcar la diferencia.
Un campeón entre el vértigo y la madurez
Argentina llega a Kansas City como un campeón mundial que ya probó el sabor del pánico. Sabe que no puede regalar 45 minutos como lo hizo en Atlanta. Sabe también que enfrente habrá un rival menos emocional, más calculador, capaz de castigar cada pérdida en salida y cada desajuste a la espalda de los laterales.
El once probable refleja esa tensión entre lealtad al grupo que ganó todo y la necesidad de ajustar detalles para sobrevivir otro día: Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Facundo Medina; Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández; Lionel Messi y Lautaro Martínez.
No es un equipo perfecto. Es, más bien, un campeón que vive al límite, que se rehace sobre la marcha y que confía en que su gen competitivo y el talento de sus figuras alcancen para domar a una Suiza que no se inmuta fácilmente.
La pregunta es simple y brutal: ¿cuántas veces más puede Argentina caminar al borde del precipicio sin caer? Kansas City tendrá la próxima respuesta.






