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Australia empata 1-1 con Brasil: un cambio de era

Hace 13 años, Brasil fue uno de los escenarios que empujó a Ange Postecoglou hacia el banquillo de la selección australiana. Aquel 6-0 en Brasil, seguido por otro 6-0 ante Francia, sentenció a Holger Osieck y abrió la puerta al relevo antes del Mundial 2014. Brasil, entonces, era verdugo y termómetro.

Cuatro años después, en el MCG, Diego Souza firmó un doblete en un 4-0 que volvió a subrayar la distancia entre la potencia sudamericana y Australia.

Anoche, en Townsville, el guion cambió de tono.

Irankunda, la chispa de una nueva generación

Esta vez, una selección australiana joven y descarada sostuvo el pulso y se llevó un 1-1 ante Brasil. El rival ya no tiene el aura impenetrable de otras épocas, sobre todo después de caer en octavos del Mundial 2026 ante Noruega, pero el resultado sigue siendo llamativo.

En el centro del escenario, el nuevo rostro de esta camada: Nestory Irankunda.

Minuto 68. Falta al borde del área. Irankunda acomoda el balón, respira y suelta un disparo que supera a Hugo Souza. El estadio Queensland Country Bank Stadium estalla. El chico prodigio corre hacia el banderín de córner y celebra con volteretas. Más tarde, lo resumiría con una sola palabra: “hermoso”.

Era el tipo de gol que marca una noche y, para Australia, parecía el símbolo de un cambio de era.

El castigo llegó en el descuento. Un centro desde la banda, un despiste en el área y el suplente brasileño Rayan se eleva para cabecear el 1-1. Golpe cruel para las aspiraciones de una victoria histórica, pero no suficiente para borrar la sensación de avance.

Popovic se suelta… y la selección también

Bajo Tony Popovic, esta Australia ha demostrado que sabe morder a los gigantes. Ahí están el 1-0 ante Japón en la clasificación mundialista y el impactante 2-0 sobre Türkiye en el estreno del último Mundial.

Esta vez, el salto quizá era demasiado grande. Pero el plan dejó claro que el equipo está dispuesto a evolucionar.

Popovic llegó al amistoso bajo la sombra de las críticas por su planteamiento en el Mundial, cuando los Socceroos se replegaron y especularon en el duelo de octavos frente a Egipto. En una reciente mesa redonda, el exdefensa no se mostró inquieto ante la etiqueta de técnico defensivo. En Townsville, su equipo le ayudó a defenderse mejor que cualquier declaración.

Desde el inicio, Australia se plantó con una línea más alta y presionó la salida de Brasil. Irankunda, esta vez en su hábitat natural en la banda y no como ‘9’ improvisado, avisó en el minuto 7 con un disparo lejano que obligó a Souza a intervenir. Un suspiro de alivio para los aficionados que habían sufrido viéndolo desubicado como delantero centro durante la campaña mundialista en Estados Unidos.

El tono del partido quedó claro muy pronto: nada de esperar, nada de refugiarse en campo propio. A los 15 minutos, las estadísticas ya reflejaban el atrevimiento: tres remates de Australia por uno de Brasil.

El exfutbolista Erik Paartalu lo resumió en Paramount+: la mentalidad había cambiado, y eso abría inevitablemente el debate sobre lo que se vio en el Mundial. “Piensas en nosotros echándonos atrás y absorbiendo presión… esto es Brasil”, apuntó, subrayando que, aunque sea un amistoso sin puntos en juego, así es como la selección debería entrar siempre a los partidos: al frente, intentando morder.

Brasil se queja del césped, Australia se queda con el paso adelante

Para Brasil, la noche dejó más frustración que certezas. El equipo de Carlo Ancelotti nunca encontró un ritmo fluido, y en el vestuario la explicación apuntó al césped del Queensland Country Bank Stadium.

Bruno Guimarães, referencia del Arsenal y de la selección, no escondió su incomodidad. Habló de un terreno “un poco difícil”, de la imposibilidad de circular la pelota con limpieza y de la obligación de haber jugado mucho mejor con el talento que reúne el vestuario. Aun así, se aferró a la idea de mejorar en el próximo compromiso.

Ancelotti fue en la misma línea. Admitió que el campo no ayudó a ver buen fútbol, destacó el esfuerzo y la intensidad de sus jugadores y acabó aceptando el empate como un resultado justo.

Del otro lado, Australia se marchó con una mezcla de rabia por el gol encajado en el añadido y orgullo por la propuesta. No hubo complejo, no hubo miedo escénico ante la camiseta amarilla.

El aviso está dado

El siguiente capítulo llega el martes, en Brisbane. Popovic casi seguro moverá el once, cargará de minutos a otros nombres y pondrá a prueba la profundidad de su lista. Brasil también cambiará: en alineación y en actitud. El empate en Townsville ya les ha despertado.

La advertencia está lanzada. Ahora falta saber si esta Australia se conforma con asustar a las potencias… o está lista para empezar a tumbarlas con regularidad.