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Oliver Bierhoff y el desafío del fútbol italiano

Oliver Bierhoff no se anduvo con rodeos en Trento. Para él, el problema de Italia no se arregla con un par de retoques ni con un ciclo de dos o tres años. Requiere algo mucho más incómodo: tiempo, paciencia y la valentía de desmontar un sistema entero.

Y en medio de ese diagnóstico aparece un nombre que en Italia pesa como pocos: Paolo Maldini.

Maldini, 17 días y una salida que dice mucho

Maldini fue nombrado director técnico de la FIGC tras la elección de Giovanni Malagò como presidente de la federación en junio. Un movimiento recibido casi como un gesto de reconciliación entre el fútbol italiano y una de sus grandes banderas. Pero el idilio duró 17 días. Nada más.

Bierhoff, que conoce de primera mano lo que significa ocupar ese cargo —fue mánager de la selección alemana desde 2004 hasta 2017 y luego director técnico en plena reestructuración del fútbol germano—, desvela que Maldini le llamaba a menudo en esas dos semanas.

“Siempre hablábamos por teléfono. Le conté mis experiencias, le animaba. Vi cuánta determinación estaba dispuesto a poner en la reconstrucción del fútbol italiano”, recuerda Bierhoff, citado por TMW.

Maldini tenía un plan, ideas claras, una hoja de ruta. Pero faltaba algo esencial.

“Desde el principio le dije que también tienes que sentir que el sistema está dispuesto a seguirte. Probablemente él no lo sintió”.

En esa frase se condensa la brevedad de su etapa. No se fue por falta de ganas. Se fue porque no percibió que el entorno quisiera cambiar al mismo ritmo que él.

El espejo alemán y una advertencia incómoda

Cuando le preguntan dónde ve los grandes problemas de la selección italiana, Bierhoff no apunta a un solo culpable. No hay una solución mágica.

“Es un poco de todo. Tenemos que entender que los cambios no se producen en dos o tres años, lleva tiempo”.

Ahí entra en juego el ejemplo alemán. En el año 2000, tras el golpe de realidad de una generación en declive, Alemania decidió hacer algo que Italia todavía discute: reformarlo todo.

“En el año 2000 cambiamos nuestros métodos de entrenamiento, de formación, empezamos a invertir más en infraestructuras, en estadios, en academias. Pensamos que llevaría 10 años”.

Y así fue. Una década después, en el Mundial de 2010 en Sudáfrica, apareció otra Alemania: más técnica, más dinámica, con una generación de futbolistas formados en ese nuevo modelo.

“Vimos una Alemania diferente en 2010, con jugadores dotados técnicamente. Requiere paciencia, pero también la convicción de decir: ‘tenemos que cambiar’”.

Bierhoff insiste en que no puede juzgar desde fuera todos los detalles de Italia, pero lanza un mensaje que suena a desafío:

“Hay que tocar fondo para volver a la cima. Parecía que Italia había llegado a ese punto y que había empezado a decir ‘basta’”.

La pregunta, implícita, queda en el aire: ¿lo ha dicho de verdad o solo de puertas afuera?

Italia, Alemania y la ausencia de campeones

El debate no se limita a estructuras o centros de formación. También se trata de talento puro. De jugadores capaces de marcar una época.

Al ser consultado por Roberto Mancini y Jürgen Klopp como hombres adecuados para guiar a Italia y Alemania en este tramo turbulento, Bierhoff introduce un matiz clave: el nivel actual de las plantillas.

“Es difícil hacerlo a corto plazo, ahora mismo falta calidad, con todo el respeto hacia los jugadores. Italia ganó el Mundial en Alemania con Totti, Del Piero, Pirlo, Cannavaro”.

La comparación es demoledora. Hoy, ni Italia ni Alemania rebosan figuras de ese calibre. Y el exdirectivo alemán no se limita a mirar hacia fuera.

“También miro a Alemania y pienso: ‘¿Cuál de estos está a un nivel lo suficientemente alto en Europa como para marcar diferencias?’. Lo hacen bien, pero los verdaderos campeones son tipos como Lothar Matthäus, que fue a Italia para convertirse en un jugador top”.

No es nostalgia gratuita. Es una vara de medir. Y ahora mismo, pocos la alcanzan.

Francia, una amenaza inmediata para una Italia en obras

El discurso de Bierhoff no se queda en el largo plazo. También mira al presente, a la Nations League y al choque entre Francia e Italia.

Sobre el rival, no hay medias tintas: “Nunca se sabe con Francia. Pueden ganar a cualquiera 4-0 en su día porque son así de fuertes, como España hoy”.

Para Mancini, el arranque no será un paseo. El contexto no ayuda, la transición pesa, el margen de error es mínimo.

“No será fácil para Mancini al principio y sin duda será difícil hoy”, remata Bierhoff.

Italia se encuentra en una encrucijada: o asume de verdad que la reconstrucción es un proyecto de una década, con el coraje de sostenerlo incluso cuando los resultados inmediatos no acompañen, o seguirá viviendo de nombres ilustres en despachos que, como Maldini, apenas tienen tiempo de sentarse antes de levantarse de nuevo.

La paciencia, en un país que se acostumbró a ganar con Totti, Del Piero, Pirlo y Cannavaro, será la prueba más dura de todas.