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Brentford desarma al Tottenham en un contundente 3-0

El lujoso proyecto veraniego del Tottenham se tambaleó en su primer examen serio. En el oeste de Londres, un Brentford desatado desnudó todas las costuras del equipo de Roberto De Zerbi con un 3-0 que sonó a advertencia más que a simple tropiezo inaugural.

Un gasto millonario, los mismos viejos problemas

El plan era claro: superar los 350 millones de euros en fichajes, cerrar las llegadas de Savinho y Omar Marmoush y dejar atrás el sufrimiento de la pasada temporada, cuando el descenso dejó de ser un miedo lejano para convertirse en amenaza real. Sobre el papel, una reconstrucción ambiciosa. Sobre el césped, más de lo mismo.

Keane Lewis-Potter, Vitaly Janelt y Michael Kayode firmaron los goles que desarmaron a un Tottenham irreconocible… y, al mismo tiempo, demasiado familiar en sus errores. La factura fue alta. La respuesta, mínima.

Enfrente, la gran inversión era otra. Mamadou Sangare, fichaje estrella del Brentford por 48 millones de euros, marcó la diferencia desde el primer minuto para el equipo de Keith Andrews. Dinámico, agresivo, siempre un paso por delante. El contraste con el Tottenham fue brutal.

Archie Gray hace historia… y sufre el estreno

Archie Gray saltó al césped con un récord bajo el brazo: el capitán más joven del club desde los tiempos de Steve Perryman en los años 70. A su lado, una defensa casi completamente nueva: Andy Robertson, Jan Paul van Hecke y Marcos Senesi completaban la línea de cuatro.

La falta de química se notó desde el saque inicial. En segundos, Robertson estuvo a punto de marcar en propia puerta. Poco después, Nathan Collins, capitán del Brentford, desperdició una ocasión clarísima dentro del área pequeña, un aviso de lo que estaba por venir.

El dominio de los locales no tardó en traducirse en el marcador. Minuto 12. Sangare combinó en la frontal, se lanzó con potencia hacia la línea de fondo y puso un pase atrás perfecto para que Lewis-Potter empujara el 1-0. Simple, directo, demoledor.

Brentford olió la sangre y no levantó el pie. Dango Ouattara se plantó solo ante Antonin Kinsky tras un gran pase de Igor Thiago, pero el guardameta del Tottenham salvó el segundo con una buena intervención. Era un asedio.

La resistencia duró poco. En el 33, Mathias Jensen probó desde la frontal, Kinsky solo pudo rechazar y Janelt cazó el rebote para el 2-0. Otra vez, el mismo patrón: segunda jugada perdida, reacción tardía, castigo inmediato.

El primer tiempo del Tottenham se resumió en una imagen: el balón le cayó franco a Sandro Tonali, fichaje de 115 millones de euros, a unos 18 metros de la portería. El italiano enganchó una volea que se marchó muy por encima del larguero. Símbolo perfecto de un equipo carísimo y completamente desenfocado.

El golpe definitivo y la burla desde la grada

De Zerbi movió el banquillo al descanso. Entró Mateus Fernandes, centrocampista de 100 millones, para tratar de cambiar el tono del encuentro. Nada se alteró. Brentford siguió mandando, ganando duelos y oliendo cada balón dividido como si fuera el último.

El tercer gol llegó a balón parado. Saque de esquina, Collins ganó en el segundo palo y bajó la pelota, Sangare remató a bocajarro, Kinsky rechazó como pudo y Kayode apareció con un latigazo para firmar el 3-0. Castigo severo, pero coherente con lo que se veía en el campo.

Desde la grada, el mensaje fue directo, casi cruel. “Thomas Frank, he’s laughing at you”, cantaban los aficionados del Brentford, recordando al antiguo técnico del club y su etapa desastrosa en el Tottenham la pasada campaña. De Zerbi no solo hereda un vestuario tocado; también un relato incómodo que no desaparece con dinero.

El marcador aún pudo ser más abultado. Rodrigo Bentancur derribó a Kevin Schade dentro del área y el colegiado señaló penalti. Igor Thiago, máximo goleador del Brentford el curso pasado, engañó al portero pero estrelló su lanzamiento en el poste. El 4-0 quedó en el alambre, pero la sensación de superioridad local no se movió ni un milímetro.

Una única chispa en la oscuridad

Entre tanto caos, solo apareció un destello para el Tottenham. Mikey Moore, extremo de 19 años salido de la cantera, se atrevió a encarar, a pedir la pelota, a probar suerte. Tuvo dos buenas ocasiones, ambas resueltas con solvencia por Caoimhin Kelleher. No cambió el resultado, pero sí el tono: fue la única nota de energía real en un equipo pesado y sin alma.

El pitido final dejó una imagen clara: Brentford, con un proyecto mucho más modesto en cifras, parece tener muy claro a qué juega. Tottenham, pese a los millones invertidos, sigue buscando algo tan básico como una identidad.

La temporada acaba de empezar. La pregunta ya no es cuánto gastará el club. Es si este Tottenham, con todo su brillo nuevo, será capaz de evitar que el suelo vuelva a abrirse bajo sus pies.