Burnley contacta a Craig Bellamy para ser nuevo entrenador
Burnley ha dado el primer paso. El club de Championship ha establecido contacto con la Federación de Fútbol de Gales (FAW) para explorar la posibilidad de que Craig Bellamy se convierta en su nuevo entrenador, en un movimiento que choca frontalmente con el discurso reciente del seleccionador galés, firme defensor de su continuidad al frente del combinado nacional.
El conjunto de Turf Moor busca relevo para Scott Parker, que dejó el cargo en abril tras el descenso desde la Premier League. El vacío en el banquillo pesa, y la directiva ha mirado hacia una cara conocida: Bellamy, 46 años, exdelantero de Liverpool y Manchester City, y antiguo asistente de Vincent Kompany en el propio Burnley.
La información manejada por la agencia Press Association es clara: ha habido una consulta formal, pero no existe acuerdo alguno. De momento, solo ruido de fondo. Pero un ruido que incomoda a Gales.
Porque el contexto no puede ser más delicado. Bellamy tiene todavía dos años de contrato con la selección galesa y, a comienzos de mes, antes de un amistoso ante Ghana, se mostró rotundo sobre su compromiso con el cargo. Reconoció que había recibido otras ofertas, pero insistió en que su mirada está puesta en un objetivo concreto: llevar a Gales a la Euro 2028.
“Gales me ha dado esta oportunidad y estoy realmente agradecido por ello. Estoy completamente centrado en los próximos dos años y ser seleccionador galés es algo único, punto”, declaró entonces.
No son palabras menores. Son las de un técnico que se ve en el centro de un proyecto de país.
Bellamy fue más allá en aquella comparecencia. “Ser seleccionador nacional… estoy seguro de que muchos galeses y exjugadores darían cualquier cosa por estar en esta posición, y los que ya han estado aquí querrían volver. Es un momento increíble y no quiero desear que pase rápido”. El técnico también se permitió soñar en voz alta con una Eurocopa en casa, con el Principality Stadium como escenario y las calles de Cardiff volcadas antes de cada partido.
Ese es el sueño. La realidad reciente ha sido más dura. Desde 2024 al frente del combinado nacional, Bellamy consiguió llevar a Gales a los play-offs de clasificación para el Mundial de este año, un primer paso significativo en su etapa. Sin embargo, el equipo se quedó a las puertas: cayó en la tanda de penaltis ante Bosnia y Herzegovina en la semifinal de la repesca, en Cardiff, el pasado marzo. Un golpe que todavía escuece.
En ese contexto emocional, con la herida deportiva aún abierta y un gran torneo en el horizonte, irrumpe Burnley. El club inglés, herido por el descenso y con la urgencia de reconstruir un proyecto competitivo en Championship, busca un líder con carácter, identidad y experiencia en la élite. Bellamy encaja en ese perfil. Conoce la casa, conoce la categoría y maneja un discurso exigente que seduce a directivos y vestuarios.
La cuestión es otra: ¿está dispuesto a dejar la selección ahora? Sus palabras recientes apuntan a lo contrario. Su contrato, también. La FAW, por su parte, se enfrenta a un escenario incómodo. De momento solo hay una consulta, pero la sola aparición del nombre de Burnley en la ecuación coloca a la federación ante un posible pulso de futuro.
Bellamy se mueve, de repente, entre dos mundos. El de la estabilidad simbólica de un banquillo nacional, con el aliciente de una posible Eurocopa en casa. Y el del día a día feroz del fútbol de clubes, con el reto inmediato de devolver a Burnley a la Premier League.
La pelota está ahora en su tejado. Y en el de Gales. Porque si Burnley decide ir con todo, la próxima gran decisión de Bellamy no se tomará en el área técnica, sino en el despacho. Y puede cambiar el rumbo de dos proyectos a la vez.






