Caos en el Kooi Stadion: heridos por fuegos artificiales
Lo que debía ser una tarde de fútbol en el Kooi Stadion terminó convertido en un episodio oscuro para el SC Cambuur. El club neerlandés denunció que varios de sus aficionados sufrieron “quemaduras, daños auditivos y lesiones oculares” después de que seguidores del Feyenoord lanzaran fuegos artificiales durante el partido de liga del domingo.
El encuentro se detuvo durante unos 10 minutos en la primera parte. Desde el fondo visitante, un grupo de hinchas del Feyenoord encendió una gran cantidad de bengalas rojas y comenzó a arrojar fuegos artificiales. Algunos de esos artefactos volaron directamente hacia zonas donde se encontraban aficionados locales.
El resultado fue inmediato: pánico en la grada y cinco seguidores del SC Cambuur confirmados como heridos, según informó el propio club en un comunicado. El ambiente festivo se quebró de golpe.
Condena firme y disculpas
La reacción institucional no tardó. El Feyenoord aseguró que “se distancia firmemente de los acontecimientos inaceptables” y quiso marcar una línea clara con los responsables de los incidentes. Giovanni van Bronckhorst, entrenador del Feyenoord y asistente de Arne Slot en el Liverpool la pasada temporada, pidió disculpas en nombre del club al SC Cambuur tras el partido.
Desde el lado local, el mensaje fue igual de contundente. “Debe quedar claro que encender y disparar fuegos artificiales es completamente inaceptable y no tiene cabida alguna en un estadio de fútbol”, señaló el SC Cambuur en su nota oficial.
Un ascenso manchado por la violencia
El episodio golpea con fuerza a un SC Cambuur que vive su regreso a la Eredivisie tras tres temporadas en la segunda categoría neerlandesa. El club insistió en que trabajará con las autoridades para identificar y castigar a los responsables.
El Feyenoord, por su parte, anunció que solicitará las imágenes de las cámaras para colaborar en la investigación. La tecnología, esta vez, no servirá para revisar un fuera de juego, sino para poner nombre y rostro a quienes convirtieron un partido de liga en un peligro real para la grada.
En un país que presume de cultura futbolística y estadios familiares, la pregunta es inevitable: ¿cuántas advertencias más harán falta antes de que estos episodios desaparezcan de una vez de los campos neerlandeses?






