Carlo Ancelotti y el fin de la era Neymar en Brasil
Carlo Ancelotti no esquivó el tema. Con la serenidad de quien ha visto pasar varias generaciones de estrellas, el técnico italiano puso palabras a lo que Brasil llevaba tiempo intuyendo: la era de Neymar en la selección está en su recta final y el futuro ya no girará en torno al 10.
El entrenador reconoció primero el contexto: un Neymar lejos de su mejor forma, condicionado por la falta de ritmo y una lesión muscular que marcó su torneo desde el inicio. Una distensión de grado 2 en la pantorrilla lo dejó fuera de los primeros partidos de la fase de grupos, ante Marruecos y Haití, y lo obligó a entrar en escena con el campeonato ya en marcha.
Ancelotti fue directo al analizar su impacto: técnicamente, Neymar no pudo ofrecer lo que se esperaba. No porque no quisiera, sino porque su cuerpo no le respondió. En el vestuario, en cambio, la historia fue distinta. El italiano subrayó su actitud, su liderazgo silencioso, su profesionalidad en los días en los que solo podía sumar desde afuera. Lo incluyó en la lista de 26, dijo, precisamente por eso: por lo que aún podía aportar al grupo, aunque las piernas no acompañaran como antes.
Pero el elogio vino con un matiz claro. Ancelotti no ocultó su molestia por el estado físico con el que el delantero llegó al torneo. A su juicio, Neymar pudo haberse preparado mejor en el período previo, estar listo para el primer partido y no recién para el cuarto. Ese “pudo” marcó la línea entre el cariño y la exigencia. Entre la gratitud por todo lo que ha dado y la constatación de que, en la élite, los detalles deciden quién sigue siendo protagonista y quién empieza a despedirse.
Un giro en la filosofía de Brasil
Con Neymar ya fuera del foco principal, Ancelotti mira más lejos. El objetivo está fijado: el Mundial de 2030. Y lo que plantea no es un simple recambio, sino una reconstrucción total del proyecto de la selección brasileña.
Se trata de un cambio profundo de filosofía. Brasil deja atrás la dependencia de los íconos que dominaron la escena en la década de 2010 y se abre a una nueva oleada de talento. Para el técnico, es una ley casi natural del fútbol: una generación termina, otra debe llegar… y la obligación es que sea mejor que la anterior.
Las palabras del exentrenador de Real Madrid no se limitaron a Neymar. Apuntaron a un bloque entero que ha sostenido a la selección durante años y que ahora se acerca a su última curva.
Fin de ciclo para varios pesos pesados
Casemiro, Danilo, Alex Sandro. Nombres que durante mucho tiempo fueron intocables en las convocatorias de Brasil. Ancelotti fue sincero al hablar de ellos y del resto de los veteranos. Admitió que el ciclo de varios de estos jugadores está llegando a su fin y que el país debe empezar a mirar más allá de los treinta años como una frontera clara para planificar el futuro.
No se trató de una despedida fría. El técnico remarcó el agradecimiento y el afecto hacia quienes han sido pilares de la selección. Pero dejó claro que el tiempo no se detiene. La camiseta de Brasil exige una renovación constante, y el proyecto que él imagina para 2030 pasa por reducir el peso de los históricos y abrir espacio a una nueva columna vertebral.
No todos los veteranos, eso sí, quedarán al margen. Ancelotti señaló casos como el de Marquinhos, a quien ve todavía dentro del plan a medio plazo. Sobre Alisson, dejó la puerta entreabierta, a la espera de cómo evolucione su rendimiento y su estado físico en los próximos años.
Brasil entra así en una fase decisiva: con un mito como Neymar dando un paso al costado, con una generación dorada acercándose al adiós y con un seleccionador dispuesto a tomar decisiones incómodas para llegar con una selección rejuvenecida y competitiva a 2030. La pregunta ya no es quién fue el líder de la última década, sino quién se atreverá a ocupar ese lugar en la próxima.






