Celtic y Kieran McKenna: un proyecto en pausa que puede reactivarse
La historia entre Celtic y Kieran McKenna no terminó cuando el técnico decidió quedarse en Ipswich Town tras lograr el ascenso a la Premier League. Solo quedó en suspenso. Ahora, sus últimas palabras han vuelto a encender el debate en Glasgow.
El entrenador norirlandés, que dejó Ipswich en junio después de firmar tres ascensos en cuatro años y medio en Portman Road, eligió algo poco habitual para un técnico en pleno auge: parar. Nada de lanzarse de inmediato a otro banquillo. Se tomó un respiro, se dedicó a aprender de otros clubes y organizaciones deportivas y, mientras tanto, aceptó un nuevo rol como observador técnico de UEFA.
Ese trabajo arranca con un duelo europeo de alto nivel: Shakhtar Donetsk contra AEK Athens en Stamford Bridge. Otra perspectiva del juego, otra forma de mirar el fútbol. Pero McKenna no suena a analista retirado. Su discurso sigue siendo el de un entrenador de campo.
“Siempre voy a querer estar en un lugar donde pueda mejorar jugadores, jugar un fútbol de ataque y ganar partidos”, declaró a The Guardian. Añadió que busca una conexión real con el club y su comunidad, y la posibilidad de construir algo que permanezca en la memoria.
En Parkhead tomaron nota.
Un viejo deseo que vuelve a escena
Celtic ya había intentado seducir a McKenna. Entonces, el técnico eligió culminar su obra en Ipswich y afrontar la Premier League. Ahora el tablero ha cambiado. Sus declaraciones han reabierto una puerta que en el club nunca se terminó de cerrar, sobre todo en un contexto en el que Martin O'Neill trabaja con un contrato de un año, con opción a una temporada más.
La pregunta ya circula entre la afición: ¿podría Celtic entregarle el timón a McKenna cuando acabe la etapa de O'Neill?
No hay urgencias. No todavía. O'Neill, tras un tramo duro con tres derrotas seguidas —dos de ellas ante Rangers—, se ha reafirmado en el cargo y en el compromiso con el proyecto. El equipo, pese a los tropiezos, se mantiene en la parte alta de la Premiership y el objetivo inmediato es claro: defender el dominio doméstico.
El club, por tanto, no está ante una crisis que obligue a decisiones precipitadas. Pero sí ante un horizonte que invita a planificar.
Dos perfiles, dos épocas
McKenna representa casi lo opuesto a O'Neill en términos de perfil. Juventud frente a experiencia. Método moderno frente a gestión clásica. En Ipswich, sus equipos se caracterizaron por la intensidad, la presión alta y un ataque valiente, con una estructura de juego reconocible y ambiciosa. Su cadena de ascensos es la mejor carta de presentación: sabe convivir con la presión y responder cuando el margen de error se estrecha.
Ese contraste seduce. Un Celtic que mira a medio plazo puede ver en McKenna a un entrenador capaz de renovar la identidad competitiva del equipo sin renunciar a la obligación de ganar cada fin de semana.
Hay otro elemento que alimenta el ruido de fondo. Aiden McGeady comentó que había escuchado que McKenna podría estar ya en la lista de candidatos para el próximo año en Celtic, y mencionó una supuesta cifra salarial de 6 millones de libras anuales en Ipswich. Ese número, sin embargo, no está verificado y no puede tratarse como una exigencia confirmada del técnico.
Es un dato más de la conversación, no una realidad firmada.
Tiempo para O'Neill, margen para pensar
La situación, de momento, favorece a Celtic. El club puede mantener vivo el interés por McKenna sin que eso altere el trabajo diario de O'Neill. No hay ultimátums, ni plazos públicos, ni necesidad de encender un incendio en el vestuario.
McKenna, por su parte, ha sido claro en algo: quiere un proyecto que le permita construir, pero no se esconde ante la exigencia inmediata de resultados. No busca un laboratorio sin presión; quiere un club grande donde ganar siga siendo obligatorio.
Ese equilibrio entre proyecto y urgencia encaja de lleno con lo que suele exigir Celtic: títulos ahora, identidad para mañana. Si en verano el club decide un giro en el banquillo, el nombre del técnico norirlandés no será una sorpresa en la mesa de decisiones.
La cuestión ya no es si McKenna encaja en Celtic. La cuestión es cuándo estará el club dispuesto a cambiar de era.






