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Chelsea empata con Hull en un partido intenso

No fue un asedio heroico ni un ejercicio de supervivencia. Hull no vino a Stamford Bridge a aguantar; vino a competir. Y lo hizo hasta el final. El equipo de Sergej Jakirovic prolongó su arranque sensacional de temporada con un punto que supo a premio merecido, tras llevar a Chelsea al límite en un partido intenso, roto y lleno de errores defensivos del conjunto local.

Por primera vez en la temporada, el equipo de Xabi Alonso mandó de forma clara en la posesión en un partido de liga. No le sirvió de mucho. Su ataque chocó una y otra vez contra el orden de Hull y, aunque los goles de Morgan Rogers y João Pedro tumbaron por fin el impecable registro defensivo de los visitantes, la fragilidad sin balón de Chelsea volvió a quedar desnuda. El equipo encaja a un ritmo de dos tantos por encuentro y ya enlaza cinco partidos sin ganar en casa ante rivales recién ascendidos. Esta vez, el verdugo fue Mohamed Belloumi, que castigó dos errores groseros en la primera parte.

Un plan valiente que se derrumba por atrás

Alonso se atrevió con un giro importante. Dejó fuera del once a Maxence Lacroix, rompió la defensa de tres y apostó por un 4-2-3-1. La idea parecía buena sobre el papel y el arranque le dio la razón. Chelsea salió lanzado y pegó primero con un contraataque de manual.

Minuto siete. Saque de esquina a favor de Hull. Cuatro jugadores de Chelsea se quedan arriba. Robo, transición a toda velocidad y el golpe. João Pedro conduce, filtra el pase y Rogers, tras dejar atrás a Regan Slater por la izquierda, cruza un disparo raso y potente al primer palo de Konstantinos Tzolakis. Un latigazo. 1-0 y sensación de partido encarrilado.

Hull parecía condenado a un partido incómodo, obligado a perseguir el empate ante el mejor equipo al contragolpe de la liga. El guion invitaba a pensar en un dominio creciente de Chelsea. De hecho, el segundo pudo llegar pronto, con un disparo de Pedro Neto desde la derecha que Tzolakis desvió con solvencia.

Demasiado fácil. O eso pareció en Stamford Bridge.

Belloumi huele la sangre

Chelsea se durmió. Incapaz de leer el peligro, se desconectó en una acción inocente: un simple despeje largo de Tzolakis. Malo Gusto no supo controlar la situación, perdió el duelo físico con Ryan Giles y el lateral de Hull aprovechó para colgar un balón al segundo palo. Jorrel Hato midió mal el bote y Belloumi, solo, fusiló a Emi Martínez con un disparo seco. Un mazazo que heló el ambiente.

El gol descompuso a Chelsea. Se olvidó de lo básico. El equipo se partió, quedó expuesto y sin tensión defensiva. Hull olió el miedo y volvió a atacar por la izquierda. Nuevo centro, peinada de Belloumi y aparición de Lewie Coyle, que entró desde segunda línea sin que Rogers siguiera su carrera. Su tiro cruzado solo lo salvó Levi Colwill con una providencial intervención sobre la línea.

El aviso no despertó a los de Alonso. Al contrario: el caos se instaló en su área en el córner posterior. Martínez falló en la salida, Semi Ajayi cabeceó al larguero y el balón cayó de nuevo a Belloumi. El argelino no dudó. Disparo de primeras y premio, ayudado por un desvío que descolocó al guardameta argentino. Remontada consumada. Hull, desatado.

Desde ahí hasta el descanso, Chelsea se pasó el tiempo chocando contra un muro naranja y negro. Mucho balón, poca claridad. Mucho centro, poca amenaza real.

Alonso, que ya había recurrido a una bronca al descanso para levantar a su equipo en la Carabao Cup ante Leeds, volvió a agitar el árbol. Hato se quedó en la caseta y entró Pep Chavarría para recomponer la banda izquierda.

Muralla de Hull y un giro desde la banda

El segundo tiempo arrancó con Hull en modo contención. Bloque bajo, líneas juntas y una pareja de centrales imperial: Ajayi y Nobel Mendy ganaban casi todo por arriba. Chelsea colgaba balones sin descanso, pero el área visitante parecía blindada.

Reece James rozó el empate con una falta directa que Tzolakis repelió con reflejos. En jugada elaborada, en cambio, el equipo londinense se atascaba. Faltaba imaginación, sobraba ansiedad.

El reloj corría y la frustración crecía. Los saques de puerta demorados, los saques de banda eternos, cada segundo arañado por Hull irritaba a la grada y al banquillo local. El ritmo se cortó aún más con un choque de cabezas entre João Pedro y Mendy. El central tuvo que dejar el campo, sustituido por Lucas Herrington. Pese al contratiempo, Hull no perdió el orden y todavía encontró tiempo para asustar.

Martínez se complicó en un disparo de Slater, dejó un rebote peligroso y tuvo que rehacerse de inmediato para tapar el remate de Oli McBurnie. Esa doble intervención acabó siendo clave.

Porque poco después llegó el despertar de Cole Palmer.

El mediapunta pidió la pelota, aceleró y cambió el tono del ataque. Recibió abierto a la izquierda, encaró con decisión y rompió a la defensa con una conducción agresiva. Su pase atrás, medido, encontró a João Pedro, que conectó un disparo ascendente para firmar el 2-2. Un gol que devolvía el pulso a Chelsea, pero no el control.

Un final abierto… y un aviso para Chelsea

Alonso quiso ir a por todo. Sacó a Danny Welbeck por Gusto y juntó al veterano delantero con João Pedro. El movimiento tuvo impacto inmediato: Welbeck fijó centrales, abrió espacios y Palmer los aprovechó. Primero, con un disparo colocado que se marchó por encima del larguero. Luego, filtrando un pase a Rogers que obligó a Tzolakis a firmar otra parada de nivel ante el jugador de 117 millones.

Jakirovic respondió con la misma claridad de ideas que había mostrado todo el partido. Sus cambios devolvieron aire al ataque de Hull. Brooke Norton-Cuffy irrumpió con potencia por banda y vio cómo su disparo se estrellaba en la defensa. Más clara aún fue la ocasión de Mohamed-Ali Cho en el tramo final: se plantó delante de Martínez y, con todo a favor, disparó al cuerpo del portero.

Hull, tercero en la clasificación, estuvo a un suspiro de llevarse los tres puntos de Stamford Bridge. No lo hizo, pero dejó una sensación nítida: su posición en la tabla ya no es una anécdota.

Chelsea, mientras tanto, sigue sin resolver su gran problema. Domina la pelota, genera fases de buen fútbol, pero se desmorona en cuanto le exigen defender con rigor. ¿Cuánto tiempo más puede sostenerse un proyecto que concede tanto cada vez que pierde el balón?