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Colombia supera a Ghana y avanza a octavos del Mundial

KANSAS CITY, Missouri — Bajo un calor sofocante y un estadio teñido de amarillo, Colombia no se derritió. Golpeó pronto, manejó el partido con autoridad y cerró un 1-0 sobre Ghana que la instala en los octavos de final del Mundial. Oficio, carácter y un fútbol que ya empieza a sonar a candidatura seria.

El martes, en Vancouver, la cita será ante Suiza por un lugar en los cuartos. Pero la sensación, después de lo visto en Arrowhead Stadium, es que este equipo apunta a algo más que a simplemente seguir avanzando.

Un golpe temprano y un susto inesperado

El partido apenas tomaba temperatura cuando saltó la primera alarma. Jhon Córdoba, referencia en el frente de ataque, sintió un pinchazo en la ingle y pidió el cambio. Minutos, no más. Néstor Lorenzo miró al banco y tomó una decisión que cambiaría la noche: adentro Luis Suárez, el de Sporting CP, no el astro de Inter Miami.

Su impacto fue inmediato.

En el minuto 14, Daniel Muñoz encontró un resquicio por la derecha y filtró un balón hacia Suárez. Control, cabeza levantada y un centro tenso cruzando el área chica. Al segundo palo, entrando con hambre, apareció Jhon Arias. Toque sutil, dirección perfecta, y el balón superó a Lawrence Ati Zigi para el 1-0. Colombia ya tenía el partido donde quería: ventaja rápida y espacio para mandar con la pelota.

Ghana, obligada a remar contra corriente desde muy pronto, nunca encontró el aire.

Zigi evita la goleada

Con el marcador abierto, Colombia olió sangre. El equipo de Lorenzo se adueñó del balón, estiró líneas, y empezó a castigar por fuera con la velocidad de Luis Díaz y el propio Suárez. El segundo tanto parecía cuestión de tiempo.

Llegó a celebrarse, incluso. En el minuto 56, Díaz definió y la red se movió, pero el asistente levantó el banderín. Offside. El grito quedó ahogado, el resultado no se movió.

Lejos de desanimarse, Díaz insistió. Poco después, el delantero colombiano se plantó mano a mano y sacó un disparo a quemarropa que encontró una respuesta magnífica de Ati Zigi. No fue la única. El guardameta ghanés terminó con siete atajadas y se convirtió en la razón principal por la que el marcador no se disparó.

Ghana sobrevivía. No por juego, sino por su arquero.

Un horno llamado Arrowhead

El contexto no fue menor. A las 8:30 de la noche, el termómetro marcaba 88 grados Fahrenheit y la sensación térmica rozaba los 96. El verano del Medio Oeste no perdonó. Piernas pesadas, rostros enrojecidos, botellas de agua vaciándose a toda velocidad.

Las pausas de hidratación, tan discutidas en otros escenarios, aquí fueron un alivio. Más que un recurso táctico, una necesidad básica. Jugadores de ambos equipos pelearon contra calambres y deshidratación mientras el partido se estiraba.

En las tribunas, el clima era otro. Arrowhead Stadium, hogar de los Chiefs, se transformó en una sucursal de Barranquilla. La banda de asientos amarillos que normalmente se pierde entre el rojo del estadio quedó mimetizada por una marea de camisetas de Colombia. Dos horas antes del inicio ya se sentía: este iba a ser un partido de local lejos de casa.

La selección respondió a ese respaldo con personalidad. No se desesperó, no se dejó arrastrar por el ritmo cortado ni por la incomodidad del calor. Mantuvo el control.

Ghana, mucho esfuerzo y cero remates al arco

Ghana llegó al duelo con la etiqueta de cenicienta. Fuera de la última Copa Africana de Naciones por primera vez en casi dos décadas, había logrado colarse en octavos tras sobrevivir a un grupo con Inglaterra y Croacia. Ya había silenciado a varios críticos. Faltaba saber si podía dar un paso más ante una de las selecciones más en forma del torneo.

La respuesta fue clara: no encontró cómo.

Las cifras de la fase de grupos ya avisaban: solo 36,1% de posesión, la segunda más baja entre las clasificadas. Ante Colombia, el guion se repitió. Los Black Stars corrieron mucho detrás del balón, pero casi nunca lo tuvieron donde duele. Cuando lograban hilvanar tres o cuatro pases, la recuperación colombiana era fulminante y la contra, un puñal con la velocidad de Suárez, Díaz y los volantes.

Ocho remates contabilizó Ghana. Ninguno fue a portería. Ni una sola intervención de peligro real para Camilo Vargas. En un Mundial, ese dato condena.

Colombia, de candidata silenciosa a amenaza declarada

Colombia llegó a Kansas City con viento a favor. Había paseado en la fase de grupos: victorias ante Uzbekistán y Congo, apenas un gol encajado, y un empate sólido con Portugal. Rendimiento tan convincente que el técnico de España, Luis de la Fuente, no dudó en señalarla como “candidata a ganar el Mundial”.

En Arrowhead, el equipo estuvo a la altura de esas palabras. No fue un festival de goles, pero sí una demostración de madurez. Supo sufrir lo justo, administró el ritmo en condiciones extremas y dio la sensación de tener siempre una marcha más guardada.

El siguiente examen será Suiza, en Vancouver. Otro clima, otro rival, otro tipo de partido. La pregunta ya no es si Colombia puede competir con cualquiera. La verdadera incógnita es hasta dónde está dispuesta a llegar esta selección que, entre calor, presión y expectativas crecientes, juega cada vez más como un equipo que se cree capaz de ganar el Mundial.