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Connor Goldson y la sensación de derrota en Rangers

Connor Goldson ya lo sabía. Mucho antes de que las matemáticas dictaran sentencia, el central de Rangers sintió cómo el título se le escapaba de las manos. No fue en un clásico, ni en una noche europea. Fue una tarde gris en Dundee, después de un viaje que llegó con la mochila cargada de dudas desde Dingwall.

El contexto no podía ser más cruel. El equipo de Brendan Rodgers había sobrevivido a un 3-3 caótico en Ibrox y, desde ahí, encontró el ritmo justo en el tramo decisivo. Al otro lado de la ciudad, Rangers se descolgaba cuando menos margen había para el error.

El golpe inicial llegó el 14 de abril, con un 3-2 doloroso ante Ross County a domicilio. Un tropiezo que olía a algo más que un mal día. Tres días después, el 0-0 en Dundee terminó de desnudar la realidad: el título ya no dependía de ellos, y en el vestuario algunos lo sintieron de inmediato.

Goldson lo confesó en Open Goal sin rodeos. Le preguntaron si, tras el empate sin goles en Dundee, supo que habían perdido la liga. Su respuesta retrata el derrumbe de un equipo que había sostenido la temporada a base de impulso competitivo.

“Sentía que estaba en un buen momento y de repente es como si un tren te golpeara a 100 millas por hora. ¿Sabes lo que quiero decir? Lo sientes todo”, relató. No hablaba solo del marcador, sino de esa sacudida interna que recorre a un futbolista cuando entiende que el gran objetivo se ha escapado.

“Sí. Acabado. Y físicamente entonces te golpea mentalmente”, continuó. Hasta ese punto, Rangers vivía enganchado a la inercia: “Aunque físicamente no te sientas bien en la temporada, mentalmente estás ganando, estás ganando, has ganado la copa, vas a por la liga, te mantienes”.

La secuencia lo explica todo. Derrota en Ross County, viaje a Dundee, dos partidos que se convierten en bisagra del curso. “Pero luego, después de eso, cuando pierdes en Ross County y luego vas a Dundee. Mentalmente estás acabado, físicamente mi cuerpo estaba en pedazos”.

El relato de Goldson abre una ventana poco habitual al interior de un vestuario que se vio superado en el momento más fino de la pelea. Celtic aceleró cuando había que acelerar. Rangers se descompuso justo cuando no quedaba red de seguridad. Y el central, uno de los pesos pesados del equipo, admite que la sensación de final llegó con cinco jornadas aún por jugar.

En una liga donde cada punto se mide con lupa y cada resbalón se amplifica por la rivalidad, esas dos noches, Dingwall y Dundee, marcaron el giro definitivo. El resto del calendario solo confirmó lo que Goldson ya había sentido como un impacto brutal: el tren del título había pasado de largo.