Crisis en Rangers: Afición dividida entre paciencia y exigencia
La noche del jueves dejó algo más que un empate contra Jagiellonia Bialystok y la caída al play-off de la Conference League. Dejó un ruido de fondo que ya es estruendo en la hinchada de Rangers. Cansancio, miedo, enfado… y una pequeña minoría que aún pide calma.
“He visto peores equipos”: la voz de los veteranos
Jim, seguidor del club desde hace seis décadas, se resiste a subirse al tren del pánico. Pide tiempo para Derek McInnes y para un vestuario que todavía intenta reconocerse en el campo.
“Denle una oportunidad al tipo”, reclama. Recuerda que ningún entrenador entra para jugar a empatar o perder, que un equipo necesita tiempo para cuajar y que no se pueden exigir milagros en agosto. Con la perspectiva de 60 años siguiendo a Rangers, asegura haber visto conjuntos peores que el actual.
Es una opinión cada vez más minoritaria, pero todavía presente: la idea de que el proyecto apenas arranca y que el juicio inmediato puede ser tan dañino como los malos resultados.
“El peor inicio de un técnico de Rangers”
En el otro extremo está Ronnie, que no suaviza ni una palabra. Para él, la eliminación a manos de un rival desconocido para muchos y sin historial en la Europa League es el símbolo perfecto del momento que atraviesa el club.
“Nos ha eliminado un club del que nadie había oído hablar”, lamenta, y remata: “Eso nos resume”. Ve al equipo incluso peor que la temporada pasada y señala directamente a McInnes: sus planteamientos y cambios, dice, solo aumentan la ansiedad en la grada.
Los números alimentan su argumento: cuatro partidos oficiales, ningún gol en jugada. Solo dos autogoles y un penalti en el total de cuatro tantos marcados este curso. Para Ronnie, eso “cuenta su propia historia”. Lanza, además, una advertencia clara: si el equipo pierde ante St Mirren el domingo, muchos aficionados simplemente dejarán de ir.
Un equipo “disfuncional” y una defensa “frágil”
John se centra en el fútbol, en lo que se ve (o no se ve) sobre el césped. Habla de “otra actuación disfuncional” y subraya lo que más le inquieta: la casi total ausencia de ocasiones claras de gol en lo que va de temporada. Lo define como “totalmente extraño”.
A esa anemia ofensiva le suma una defensa “frágil”. El conjunto, en su opinión, desprende un aire preocupante que le recuerda a la etapa de Russell Martin, un “2.0” que nadie en Ibrox quiere revivir.
La sensación de un equipo sin estructura, sin automatismos, se repite en varias de las opiniones recogidas. No es solo cuestión de puntería; es la impresión de que el plan no existe o no se ejecuta.
Millones gastados, mismo problema
Derek, otro aficionado, pone el foco en el mercado y en la gestión deportiva. Nuevo entrenador, nuevos jugadores, una inversión importante… y la conclusión le golpea con fuerza: “Estamos tan mal como el año pasado”.
Para él, los refuerzos “no son lo suficientemente buenos”. Recuerda, con amargura, que se rechazó una gran oferta por Youssef Chermiti y ahora el delantero está fuera toda la temporada. Lo ve como el símbolo de una toma de decisiones equivocada.
Define a Rangers en este momento como “un cáliz envenenado”. Sin un once estable, con constantes cambios, ve un patrón ya conocido: esa fórmula no ha funcionado antes y no va a empezar a funcionar ahora. Solo encuentra un consuelo: no estar en la Champions League, donde el castigo habría sido aún más severo.
“Falta de carácter” y un dato que duele
Steven va directo a la yugular: “Desastre atrás, inofensivos arriba”. Para él, este equipo carece de todo lo necesario para tener éxito. Sobre todo, de carácter. Lo que más le irrita es la seguridad vacía, el pase fácil, previsible, que no rompe líneas ni asume riesgos.
El gol encajado ante Jagiellonia es, a su juicio, el resumen perfecto: tres defensores rodeando al atacante y aun así la pelota acaba dentro. “No es cuestión de lesiones, es cuestión de malos jugadores”, sentencia.
El dato ofensivo vuelve a aparecer como una losa: cuatro goles en toda la temporada, dos de ellos en propia puerta y uno de penalti. “Ni de lejos es suficiente”, remata.
Entre la llamada a la paciencia y el clamor por un cambio radical, la grada de Rangers ha emitido su veredicto provisional: el margen de error para Derek McInnes se ha reducido al mínimo. El domingo, ante St Mirren, no se juega solo tres puntos. Se juega que Ibrox siga creyendo. O empiece a vaciarse.






