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Escándalo de los heritage players: La FAM pide perdón al fútbol malasio

La Federación de Fútbol de Malasia intenta empezar de nuevo… pero lo hace con una pesada mochila a la espalda. Su presidente, Ab Ghani Hassan, se plantó ante los medios en Wisma FAM y no se escondió: pidió disculpas públicas a toda la afición del país por el escándalo de los documentos falsificados de siete futbolistas nacionalizados.

No habló solo en su nombre. Habló en nombre de toda la nueva cúpula de la FAM, recién llegada al poder tras una crisis de gobernanza que obligó a dimitir en bloque a la anterior dirigencia después de una revisión de la AFC. Ghani, elegido el 17 de septiembre para completar el mandato 2025-2029, sabe que arranca su etapa bajo sospecha. Y por eso atacó de frente el tema que envenena el ambiente alrededor de la selección.

“Quiero pedir disculpas a todos los aficionados del fútbol malasio por el asunto de los documentos falsificados de siete jugadores de ascendencia”, declaró ante la prensa tras presidir la sexta reunión del comité ejecutivo para el ciclo 2025-2029. Prometió algo más que palabras: se comprometió a que un caso así no vuelva a repetirse mientras él esté al mando.

Un fraude que llegó hasta la FIFA

El caso estalló el año pasado y golpeó de lleno la credibilidad del proyecto deportivo nacional. La FIFA sancionó a la FAM y a siete futbolistas naturalizados después de determinar que se habían presentado certificados de nacimiento falsificados para acreditar su elegibilidad antes del clasificatorio de la Copa Asiática 2027 contra Vietnam, disputado en junio.

La investigación del organismo mundial fue contundente. Detectó que se habían utilizado documentos manipulados para sostener que cada jugador tenía un abuelo nacido en Malasia. La realidad era otra: los futbolistas habían nacido en España, Argentina, Brasil y Países Bajos.

Los implicados son Gabriel Felipe Arrocha, Facundo Tomas Garces, Rodrigo Julian Holgado, Imanol Javier Machuca, Joao Vitor Brandao Figueiredo, Jon Irazabal Iraurgui y Hector Alejandro Hevel Serrano. Nombres que, sobre el césped, debían representar un salto de calidad para la selección. Fuera del campo, se han convertido en símbolo de un sistema de controles que hizo aguas por todos lados.

Golpe económico y deportivo

La FIFA no se quedó en una reprimenda moral. Castigó a la FAM con una multa de 350.000 francos suizos, alrededor de 1,8 millones de ringgit, una cifra que duele en cualquier federación y que obliga a reajustar presupuestos. Cada jugador recibió además una sanción individual: 2.000 francos suizos (unos 10.560 ringgit) y una suspensión de 12 meses.

El golpe deportivo fue inmediato. Un año sin poder competir en partidos oficiales supone un vacío en la carrera de cualquier profesional, pero también una sacudida para una selección que había apostado fuerte por el perfil de los naturalizados para acelerar su crecimiento en la región.

Los siete futbolistas llevaron el caso al Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS). Lograron, al menos, una pequeña victoria: la suspensión de 12 meses se aplicará únicamente a partidos oficiales, no a todas las actividades relacionadas con el fútbol. El CAS consideró que la duración del castigo era razonable y proporcionada, teniendo en cuenta la responsabilidad de los jugadores en el fraude.

La FAM, en cambio, no tuvo ese consuelo. Su recurso contra las multas fue rechazado. El tribunal avaló la sanción económica, a la que calificó de justificada y proporcionada a la gravedad de la infracción.

Presente incómodo, futuro bajo lupa

Ghani ha heredado un organismo golpeado por la desconfianza interna y externa. En su comparecencia insistió en que la federación debe endurecer sus procedimientos para la gestión de documentación de jugadores y convocatorias de la selección, con el objetivo de garantizar que se cumplan de forma estricta todos los requisitos.

El mensaje es claro: el margen de error se ha acabado.

El caso, además, no se limita ya al terreno deportivo. En julio, la Enforcement Agency Integrity Commission recomendó revisar las concesiones de ciudadanía otorgadas a los siete futbolistas, después de que un grupo de trabajo detectara varias irregularidades en el proceso. El asunto entra así en un terreno aún más delicado, donde se cruzan deporte, administración pública e identidad nacional.

El nuevo presidente sabe que su mandato estará marcado por cómo gestione esta crisis. Las disculpas son solo el primer paso. La pregunta, ahora, es si la FAM será capaz de reconstruir su credibilidad antes de que llegue la próxima gran cita internacional. Porque las sanciones tienen fecha de caducidad; la desconfianza, no.