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España y Bélgica: choque de estilos en cuartos del Mundial

España y Bélgica llegan a cuartos del Mundial por caminos opuestos y con una promesa clara: el partido en Inglewood no huele precisamente a 0-0.

La vigente campeona de Europa aterriza en esta cita con una estadística que impone. Cinco partidos seguidos sin encajar, una muralla que empezó a levantarse, paradójicamente, el día del susto: un 0-0 inesperado ante Cabo Verde en el debut. Desde ahí, La Roja apretó filas atrás y apenas ha concedido aire a nadie.

Contra Austria, en octavos, el guion fue el soñado por cualquier seleccionador. Triunfo por 3-0, control absoluto y dos goles de un Mikel Oyarzabal desatado, que vive el torneo como si lo hubiera estado esperando toda su carrera. Sin ruido, sin alardes, pero con una autoridad fría.

El drama llegó ante Portugal. Un derbi ibérico con nervio, tensión y una España que, por primera vez en el campeonato, vio su portería tambalearse de verdad: Nuno Mendes estampó un disparo en el larguero y el invicto defensivo de La Roja quedó a un suspiro de romperse. Cuando el partido pedía prórroga a gritos, apareció desde el banquillo Mikel Merino para marcar en el descuento y sellar el pase. Gol de puro carácter, de selección grande.

España se ha ganado el papel de favorita para alcanzar las semifinales. Pero la serie de porterías a cero tiene un enemigo serio delante.

Bélgica, del caos al peligro constante

La Bélgica de Rudi Garcia es otra cosa. Más volcánica, más imprevisible, más expuesta. Un equipo que vive mejor en el caos que en el orden.

Su arranque de Mundial fue tibio: 1-1 ante Egipto, igualando gracias a un gol en propia puerta en la segunda parte. Después, un 0-0 ante Irán con expulsión del central Nathan Ngoy, partido espeso, nervioso, que alimentó las dudas. Parecía una selección sin ritmo, sin colmillo.

Y entonces llegó el punto de inflexión. 5-1 a Nueva Zelanda en el último duelo de la fase de grupos. De repente, la maquinaria ofensiva se encendió. Los mismos futbolistas, otra actitud. Bélgica mostró lo que es cuando se suelta: un equipo que ataca con muchos, rápido y sin miedo a dejar huecos atrás.

Su eliminatoria de treintaidosavos ante Senegal rozó lo inverosímil. Perdían 2-0 a falta de cuatro minutos para el final del tiempo reglamentario. Ya se escribían epitafios. Pero apareció Romelu Lukaku, marcó. Luego Youri Tielemans, otro gol para forzar la prórroga. Y en el minuto 124, penalti transformado por el propio Tielemans para un 3-2 que cambió el relato del torneo. De fracaso anunciado a resurrección épica.

En octavos, la historia fue mucho más plácida: 4-1 a Estados Unidos, partido resuelto con una autoridad que no se había visto en las primeras jornadas. Bélgica sigue siendo irregular, sí, pero cuando entra en calor convierte cualquier encuentro en una montaña rusa.

Gol arriba, dudas atrás

Las cifras lo respaldan. Bélgica firmó 29 goles en ocho partidos de clasificación mundialista, con marcadores que parecen de videojuego: 4-3 y 4-2 ante Gales, la segunda del grupo. Es una selección que casi siempre encuentra el camino al gol, pero que rara vez cierra la puerta.

La baja de Amadou Onana por lesión de rodilla en los octavos es un golpe serio en el centro del campo, sobre todo para el equilibrio defensivo. Sin embargo, el banquillo que presentó Garcia ante Estados Unidos asusta: Romelu Lukaku, máximo goleador histórico del país, esperando su momento; Jeremy Doku listo para romper líneas desde la banda; y Charles De Ketelaere justificando su titularidad con dos goles y una asistencia. Talento ofensivo hay de sobra.

Los partidos de Bélgica suelen desbordarse. España, en cambio, intenta que todo pase a su ritmo, a su pulso, con el balón como escudo y como cuchillo. El choque de estilos es evidente: control frente a vértigo.

La Roja también sabe vivir en el intercambio

Aunque España llegue con esa racha defensiva impecable, su historial reciente en eliminatorias grandes no habla precisamente de partidos cerrados. En la Eurocopa 2024, ambos equipos marcaron en los cuatro duelos de eliminación directa de La Roja. Y la última Nations League fue un festival: 5-5 en el global de cuartos ante Países Bajos, 5-4 a Francia en semifinales y una final ante Portugal que se decidió en los penaltis tras un 2-2.

Cuando la fase final aprieta, España también se abre. Ataca con muchos, sus laterales pisan campo rival, los interiores llegan al área. Y eso, ante una Bélgica tan peligrosa arriba, promete un escenario de intercambio constante.

Lamine Yamal, el filo más brillante

En medio de ese contexto aparece una figura que puede marcar la diferencia: Lamine Yamal. España lo dosificó al inicio del torneo, cuidando su estado físico, pero contra Portugal se vio otra vez al futbolista eléctrico, desequilibrante, que rompe partidos.

A pesar de su tiempo limitado sobre el césped, ya suma 17 remates en este Mundial. Marcó su primer gol en la victoria 4-0 ante Arabia Saudí en la fase de grupos, un tanto que parecía anunciar lo que viene: un torneo que puede ser el punto de partida de una colección de noches grandes.

Sus números con el Barça en la temporada 2025-26 —22 goles en 36 titularidades entre Liga y Champions— explican por qué cualquier defensa tiembla cuando encara. Y la zaga de Bélgica, que sufre cuando la atacan al espacio y a la espalda, es un escenario ideal para su fútbol.

Un cuarto de final con aroma a partido grande

España llega con solidez, automatismos y una idea clara. Bélgica, con dinamita arriba y demasiadas dudas atrás, pero con la sensación de que puede hacer daño a cualquiera si el partido se rompe.

La lógica apunta a una España dominadora, dueña del balón, y a una Bélgica agazapada, esperando el momento de lanzar a sus flechas. Pero este Mundial ya ha demostrado que la lógica dura lo que tarda en caer el primer gol.

Con una Roja que ha demostrado que también sabe sufrir y una Bélgica que ha hecho del caos su hábitat, el duelo en Inglewood se presenta como algo más que un cruce de cuartos: parece una prueba de carácter para ambos.

¿Pesará más la estructura de España o el instinto salvaje de Bélgica? La respuesta, esta vez, no admite términos medios.