Everton: De la esperanza a la caída en la Premier League
Durante buena parte de la pasada temporada, el Everton vivió mirando hacia arriba.
La cesión de Jack Grealish fue un impacto inmediato. Kiernan Dewsbury-Hall se acostumbró a decidir partidos. Los delanteros Thierno Barry y Beto dejaron atrás un inicio errático y empezaron a ver puerta. El 21 de marzo, un 3-0 rotundo contra el Chelsea colocó a los de David Moyes octavos en la Premier League, a solo tres puntos de los puestos de Champions con siete jornadas por jugarse.
Goodison —o mejor dicho, el flamante Hill Dickinson Stadium— se permitió soñar. Y entonces, el equipo se derrumbó.
No volvió a ganar. Ni una sola vez. Fue la peor racha sin victorias desde que Moyes regresó al banquillo en 2025. El punto de inflexión llegó el 11 de abril, con un 2-2 en el campo del Brentford que abrió una caída sostenida: en el tramo final del curso, los números colocaron al Everton entre los tres peores equipos de la liga.
Solo Burnley, descendido, y Wolves compartieron con los de Liverpool el dudoso honor de no lograr ni un triunfo en ese periodo.
Dos decimoterceros muy distintos
Pese al desplome, el Everton alcanzó su último partido en casa de la 2025-26, ante el Sunderland, todavía con opciones de clasificarse para Europa. El director ejecutivo Angus Kinnear escribió en el programa oficial que estaba “felizmente insatisfecho” con la campaña. La frase, extraña en un contexto ya confuso, envejeció mal tras el 1-3 encajado frente a un recién ascendido.
El Sunderland terminaría séptimo y se ganaría un billete europeo por primera vez en 53 años. El contraste dolió.
La ironía para Moyes es evidente: el Everton ha acabado 13º en las dos temporadas desde su regreso, pero con sensaciones radicalmente opuestas. Cuando volvió hace 18 meses, el equipo estaba a un punto del descenso. Cerró aquel curso 23 puntos por encima de la zona roja. El verano siguiente, el club batió su récord de gasto neto en una ventana estival: 97 millones de libras antes de la 2025-26. Y el resultado en la tabla fue el mismo, con apenas un punto más.
Para el excentrocampista Leon Osman, sin embargo, hay que ponerlo en contexto: años de sanciones financieras, deducciones de puntos y peleas por la permanencia. Dos temporadas consecutivas en mitad de la tabla, sostiene, son una señal de avance.
“Cuando David Moyes llegó, salimos disparados y tuvimos un gran inicio”, recuerda. “Eso se mantuvo bien más de un año antes del primer bajón serio, que fue al final de la última temporada. Sigo pensando que hubo progreso, que era lo que queríamos, junto con estabilidad”.
Un técnico intenso, un club en transición
Moyes, 63 años, no ha escondido la dificultad de competir con los grandes gastadores de la Premier. En los últimos cinco años, el Everton solo ha sido el 15º en gasto neto entre los actuales equipos de la élite inglesa.
El problema es que el argumento se resquebraja cuando uno mira a otros. Bournemouth fue el club que menos gastó el pasado verano y, aun así, acabó sexto tras generar un beneficio de 81 millones en traspasos. Brighton hizo caja con 41 millones de beneficio y terminó octavo.
El cambio al moderno Hill Dickinson Stadium debía marcar un nuevo amanecer. Sobre el césped, el estreno fue mucho más frío: 1,2 puntos de media por partido en casa, el peor registro de un equipo en su primera temporada en un nuevo estadio en toda la historia de la Premier League. Lejos de Liverpool, en cambio, el Everton rindió como uno de los siete mejores visitantes del campeonato.
Osman cree que Bournemouth y Brighton están “más adelantados en su desarrollo” que un Everton aún aclimatándose a su nuevo hogar tras un periodo turbulento. Y señala un punto clave: la lesión de Grealish en enero.
Los números son contundentes. Con Grealish, el Everton ganó el 45% de sus partidos y sumó 1,6 puntos por encuentro. Sin él, la tasa de victorias cayó al 22% y el promedio se desplomó a un punto.
“David Moyes es un entrenador intenso y, al final de la temporada, una plantilla corta no pudo aguantar”, apunta Osman. “Los cambios requieren tiempo. Nadie piensa en el descenso, y eso te dice lo que ha hecho Moyes. Le queda un año de contrato y espero que lo cumpla”.
El rompecabezas del mercado: Grealish, Ndiaye y una apuesta incompleta
Mientras Bournemouth y Brighton han construido su éxito sobre modelos de fichajes muy afinados, el Everton sigue buscando una identidad clara en su planificación deportiva.
La herencia de la era Farhad Moshiri es demoledora: ocho jugadores fichados por al menos 20 millones se marcharon gratis. Tras varios años de contención, el aterrizaje del Friedkin Group trajo nueve incorporaciones el pasado verano, con un marcado enfoque en la juventud que todavía no ha dado el salto esperado.
Grealish y Dewsbury-Hall han cumplido, pero el extremo Tyler Dibling, de 20 años, apenas ha sido titular en seis partidos tras costar 35 millones procedente del Southampton. El joven lateral zurdo Adam Aznou, llegado del Bayern Múnich, aún no ha debutado en la Premier League.
Barry, 23 años, dominó el juego aéreo: ganó más duelos por alto que cualquier otro jugador en su primera campaña en la liga. Sin embargo, su relación con el gol fue irregular. El centrocampista Merlin Röhl, de 24, tardó en encontrar hueco, aunque dejó buenas sensaciones en sus cuatro titularidades de mayo.
Según la periodista de BBC Radio Merseyside Giulia Bould, el plan es que Grealish vuelva a llegar cedido hacia el final de esta ventana, todavía en plena rehabilitación de una fractura por estrés en el pie. Su salario rondaría de nuevo las 200.000 libras semanales.
En paralelo, Iliman Ndiaye ha sido vinculado con un traspaso a Arabia Saudí.
“Daría la bienvenida a Grealish, pero solo a un precio que convenga al Everton”, avisa Osman, debutante con el club bajo las órdenes del propio Moyes en 2003. “Ndiaye, me dolería perderlo. Puede llegar un momento en el que el precio sea el adecuado y el Everton pueda reinvertir en dos o tres jugadores, pero creo que deberían hacer todo lo posible por retenerlo”.
Una plantilla corta, jóvenes que no terminan de irrumpir
Perder calidad de élite sin reinvertir con criterio no es un lujo que el Everton pueda permitirse con una de las plantillas más reducidas de la liga. Moyes utilizó solo a 22 futbolistas en la Premier 2025-26, menos que cualquier otro técnico. También fue el entrenador que menos cambios realizó: 128 sustituciones, al menos seis menos que cualquiera de sus colegas.
El club sigue destinando una parte importante de su inversión a jugadores en fase de desarrollo. Este verano han llegado el centrocampista Hayden Hackney, 24 años, por 16,5 millones desde el Middlesbrough, y el extremo Tyrique George, de 20, fichado del Chelsea por 18 millones tras haber jugado cedido en el propio Everton la segunda mitad del curso pasado.
Para el lateral derecho, una posición enquistada desde hace tiempo, el último nombre asociado es el del defensa del Celtic Alistair Johnston. En el centro del campo, el veterano Christian Nørgaard, de 32 años y procedente del Arsenal, estaría muy cerca de convertirse en refuerzo.
La media de edad de los fichajes en esta segunda etapa de Moyes está por debajo de los 24 años, con tres incorporaciones de 20 o menos. Sin embargo, los jugadores de 21 o menos solo acumularon 1.088 minutos en liga la pasada temporada. Ese dato deja al Everton en el puesto 17 de la Premier en uso de futbolistas jóvenes.
Las salidas de Seamus Coleman e Idrissa Gueye suponen perder más de 600 partidos de experiencia en la máxima categoría, un vacío que explica el interés en Nørgaard. A ello se suma la baja de James Garner, pieza clave en la medular, que se perderá el inicio de curso tras operarse de la ingle.
El resultado es una paradoja incómoda: Moyes podría necesitar a los jóvenes más que nunca justo cuando menos ha demostrado confiar en ellos.
“Necesitan demostrar que son capaces y que merecen jugar”, insiste Osman. “Espero que, con un año ya dentro, entendiendo las exigencias, jugadores como Dibling y George den ese paso adelante y, de repente, nuestra plantilla parezca mucho más fiable”.
La pregunta es si ese “paso adelante” llegará a tiempo para que el Everton deje de mirar hacia atrás y, por fin, empiece a sostener la vista en Europa sin miedo a otro desplome.






