Everton y Crystal Palace: Johnson y McNeil intercambian oportunidades
En un verano de reconstrucción silenciosa pero firme, Everton y Crystal Palace han firmado uno de esos acuerdos que marcan vestuarios y jerarquías: un intercambio directo de extremos. Brennan Johnson se marcha a Goodison Park; Dwight McNeil toma el camino contrario hacia el sur de Londres.
No hay cifras oficiales, solo la certeza de que ambos firman por cuatro temporadas y de que este movimiento cierra un círculo que quedó abierto en enero.
Johnson, la gran apuesta de Moyes
Brennan Johnson, 25 años, apenas había tenido tiempo de asentarse en Selhurst Park. Llegó en enero procedente de Tottenham por 35 millones de libras y se va ahora con solo 26 partidos disputados y ningún gol con la camiseta de Palace. Un paso fugaz, casi de tránsito, pero que no ha frenado la confianza de David Moyes.
El técnico de Everton lo convierte en su quinto fichaje del verano, después de activar la obligación de compra de Merlin Röhl y de incorporar a Hayden Hackney, Tyrique George y Christian Nørgaard. No es un refuerzo más: es una pieza para cambiar el ritmo del equipo.
Johnson lo tiene claro desde el primer día.
“Estoy muy emocionado de estar aquí. El club habla por sí solo, es un club enorme y en cuanto escuché el interés quise venir y formar parte de esto”, explicó el galés en su presentación, subrayando el peso del proyecto, del vestuario y, sobre todo, del entrenador.
Moyes le ha pedido algo muy concreto: volver a ser el jugador que deslumbró antes de su paso por Palace. “Habló conmigo sobre recuperar la forma que he mostrado anteriormente, y eso es enorme para mí: que sepa y crea en lo que puedo hacer”, confesó Johnson. Para un futbolista que llega sin goles recientes, el respaldo público y privado de un técnico con ese historial cuenta casi tanto como el contrato.
El extremo promete trabajo, velocidad y pegada. “Primero, trabajaré para el equipo, los aficionados y representaré al club como se debe. Sé que aquí eso se valora y es innegociable. Además, creo que puedo aportar velocidad, goles y todo lo que tengo”, remató, antes de detenerse en un detalle que cualquier rival conoce bien: la grada de Everton. “La afición, en casa y fuera, siempre la he sentido. Es un honor enorme estar aquí y jugar para ellos ahora”.
Goodison Park gana un atacante directo, vertical, con hambre y con la sensación de estar ante una segunda oportunidad en la élite inglesa.
McNeil, cuentas pendientes con Palace
En el otro lado del intercambio, Dwight McNeil llega a Crystal Palace con una historia que va más allá del terreno de juego. El inglés, de 26 años, estuvo a un paso de firmar por el club londinense el pasado mes de enero. Tenía acuerdo, había pasado reconocimiento médico… y todo se vino abajo por un problema burocrático: los papeles no entraron a tiempo el día de cierre de mercado.
El golpe no fue solo deportivo. Su pareja, Megan Sharpley, denunció entonces en redes sociales el impacto que aquella operación fallida tuvo en la salud mental del jugador. Habló de “pasar de todo a silencio absoluto” por parte de Palace y llegó a decir que se planteaba el propio funcionamiento de la industria del fútbol, reclamando respeto y humanidad para los jugadores, más allá del salario que cobren.
Para que este fichaje se hiciera realidad meses después, hacía falta algo más que una llamada. El presidente de Palace, Steve Parish, mantuvo conversaciones directas y positivas tanto con McNeil como con Sharpley para limpiar el ambiente y cerrar heridas. Sin ese gesto, el intercambio difícilmente habría llegado a buen puerto.
Sobre el césped, los números de McNeil en Everton hablan de constancia: 15 goles y 18 asistencias en 130 partidos. Un perfil de banda con trabajo, golpeo y experiencia Premier que encaja en un Palace que ha perdido a Maxence Lacroix, traspasado a Chelsea por 51 millones de libras, y que ha reforzado su defensa con las llegadas a coste cero de Oscar Mingueza y Takehiro Tomiyasu.
“Estoy muy feliz de estar aquí y con muchas ganas del reto que viene”, dijo McNeil al hacerse oficial su llegada. El extremo no esconde el atractivo de un vestuario que lleva dos temporadas encadenando buenos resultados: “Los chicos han tenido mucho éxito en los dos últimos años. Es algo de lo que quiero formar parte, así que estoy deseando empezar”.
Selhurst Park, que ya lo vio casi como jugador suyo en invierno, por fin podrá juzgarlo en el césped.
Dos proyectos, un mismo mensaje
El intercambio Johnson–McNeil encaja en una ventana de mercado intensa para ambos clubes.
Crystal Palace ha rearmado su plantilla con McNeil, Mingueza y Tomiyasu, y ha dado salida, además de a Johnson y Lacroix, a varios jóvenes y jugadores de rotación, ya sea traspasados o liberados. Es una depuración profunda, pensada para sostener el nivel competitivo sin perder equilibrio financiero.
Everton, por su parte, ha apostado fuerte por rejuvenecer y dar energía a su centro del campo y sus bandas con Johnson, Hackney, George y Röhl, mientras libera veteranos y canteranos que no entraban en los planes de Moyes. La marcha de un símbolo como Seamus Coleman, junto a otros nombres que terminan contrato, subraya el cambio de ciclo.
Ambos clubes lanzan un mensaje nítido: no se conforman con sobrevivir en la Premier League. Quieren crecer, cambiar piel, ajustar piezas.
El tiempo dirá quién ha salido ganando con este trueque de extremos. Lo que está claro es que, para Johnson y McNeil, este verano no es un simple cambio de camiseta. Es una nueva oportunidad para demostrar si están preparados para liderar la siguiente etapa de Everton y Crystal Palace.






