Logotipo completo Cancha Firme

Flo Wirtz brilla en el escenario internacional con Alemania

Flo Wirtz necesitaba una noche así. Bajo los focos de un escenario grande, con la crítica rondando desde Inglaterra y el arranque gris de temporada con Liverpool pesando en la espalda, el mediapunta de 23 años se adueñó del partido y guio a Alemania a un sólido 2-0 ante Serbia. No hubo dudas sobre quién mandaba en el césped.

Durante semanas se ha hablado más de lo que le falta que de lo que tiene. En Anfield, su inicio de curso ha sido lento, escrutado al detalle por aficionados y analistas. Con la selección, la historia fue otra. Desde el primer control dejó claro que este contexto, este sistema y esta libertad le pertenecen.

Alemania encontró en Wirtz el faro que buscaba entre líneas. Se movió con descaro por todo el último tercio, apareciendo donde más dolía, pidiendo la pelota siempre, girando bajo presión y acelerando cada ataque. Serbia nunca logró descifrar sus movimientos; cuando creía tenerlo controlado en la mediapunta, ya estaba cayendo a banda o atacando el espacio a la espalda de los mediocentros.

El primer golpe llevó su firma, aunque no en la estadística del goleador. Wirtz leyó el desorden serbio, filtró un pase preciso y Tom Bischof solo tuvo que culminar la jugada para abrir el marcador. Una acción limpia, sencilla en apariencia, que resumió su noche: visión, timing y ejecución.

La ventaja no rebajó su ambición. Alemania siguió encontrándolo entre líneas, y el partido se jugó al ritmo que marcaba su bota derecha. El dominio territorial se transformó en control emocional del encuentro. Cada vez que Serbia intentaba estirarse, Wirtz aparecía para congelar el ritmo o para acelerar el contragolpe.

La sentencia también fue suya. Esta vez no delegó. Atacó el espacio, encaró, armó el disparo y cerró el 2-0 con un golpeo que no dejó margen a la duda. Un gol que no solo aseguraba el resultado, también reforzaba un mensaje: cuando se le da el ecosistema adecuado, su talento decide partidos.

Jürgen Klopp, atento a todo lo que rodea a sus antiguos clubes y a sus viejos proyectos, no dejó pasar la ocasión de subrayar el impacto de su joven creador tras el pitido final. Desde la grada, el exentrenador de Liverpool observó con evidente admiración cómo el mediapunta desmontaba a Serbia con criterio y personalidad, y destacó que la forma de jugar de esta Alemania encaja de lleno con las virtudes de “Flo” Wirtz. El técnico habló de un futbolista rebosante de alegría por jugar y respaldado por un trabajo incansable. Nada más gráfico para describir lo que se vio sobre el césped.

El contexto ayuda. Con Alemania, Wirtz disfruta de una estructura que lo libera. No se le exige bajar demasiado a la base de la jugada ni quedar encorsetado en una banda; se le invita a crear, atacar, aparecer entre líneas y romper por dentro. Ese margen para moverse y equivocarse, para probar y repetir, lo transformó en el metrónomo ofensivo de su selección y en un quebradero de cabeza constante para la zaga serbia.

El contraste con su inicio de temporada en Liverpool es evidente. En Inglaterra, cada pérdida se magnifica, cada partido discreto se convierte en debate. En la selección, en cambio, su actuación frente a Serbia llega en un momento clave, justo cuando más necesitaba una actuación que silenciara ruido y devolviera confianza. Lo logró con una autoridad que no admite matices.

Ahora el reto cambia de escenario, pero no de exigencia. Alemania viaja a Grecia para cerrar este parón internacional con un duelo señalado en rojo. Para Wirtz, el partido en Atenas es algo más que una simple continuación: es la oportunidad de confirmar que lo de Serbia no fue un destello aislado, sino el inicio de una serie.

Otro encuentro dominante, otra noche de influencia total, y el mediapunta regresaría a Merseyside con algo que no se entrena: la sensación de sentirse imparable. En Liverpool aguardan un calendario apretado y una afición que ya mira de reojo sus actuaciones con la selección, esperando que esta versión desatada del “10” cruce el canal y se instale, de una vez, en Anfield.