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Francia remonta a Bélgica: Zidane elogia a Lavia

Durante casi una hora, París contuvo la respiración. Bélgica mandaba en la capital francesa, fría, sólida, con un plan claro y un nombre propio iluminando el escenario: Romeo Lavia.

El centrocampista del Chelsea no marcó, pero cambió el partido con un solo gesto. Un pase. Una obra de precisión que dejó a Dodi Lukebakio en posición de abrir el marcador en la primera parte y que silenció a Les Bleus durante buena parte de la noche.

Un pase que lo explica todo

La acción del 0-1 fue el tipo de jugada que separa a los buenos de los que están llamados a dominar. Lavia recibió, levantó la cabeza y encontró el resquicio exacto entre líneas para filtrar un balón que rompió a la defensa francesa. Lukebakio no perdonó y Bélgica, paciente y madura, se adueñó del ritmo.

Francia se atascó. Chocó una y otra vez contra el bloque visitante, que se replegó con disciplina y fue enfriando el ambiente. El plan belga parecía perfecto: ventaja temprana, control emocional y un mediocampo en el que Lavia marcaba los tiempos con una serenidad impropia de sus 22 años.

El problema para Bélgica llegó cuando el reloj empezó a pesar.

La resistencia se quiebra

Tanto aguantó el conjunto visitante que terminó rompiéndose. Lucas Da Cunha encontró el hueco que nadie había visto hasta entonces y, en el minuto 77, por fin derribó el muro. Gol merecido, sí, pero sobre todo gol que cambió el aire del partido.

La inercia dio un vuelco. Francia olió sangre.

Cuatro minutos después, Michael Olise apareció con la determinación de los futbolistas que deciden noches grandes. Disparo, remontada y explosión en la grada. Bélgica, que había jugado con la serenidad de un equipo veterano, se vio de repente atrapada en su propia área, sin capacidad de respuesta.

Y entonces llegó Desire Doue para rematar la faena. Primero un golpe en el añadido. Luego otro. Dos zarpazos en el tiempo extra, aprovechando una defensa belga desordenada, descompuesta tras el esfuerzo previo. Francia no solo volteó el marcador: se aseguró mantener el liderato del Grupo A1 de la Nations League y envió un mensaje de autoridad.

Zidane mira a los suyos… pero no puede ignorar a Lavia

Zinedine Zidane, centrado en su laboratorio particular con la selección francesa, no tenía intención de diseccionar al detalle el partido de Lavia. Su prioridad eran los suyos. Pero el pase del 0-1 le obligó a detenerse.

El técnico francés reconoció que revisó la acción en el descanso, en el vestuario, durante el análisis. Le bastó con verla de nuevo para subrayar la calidad del mediocentro belga. Visión, pausa, lectura. Un gesto que resume por qué tantos entrenadores y compañeros le colocan en una categoría distinta.

Zidane, eso sí, no redujo el peligro belga a un solo nombre. Subrayó la profundidad de plantilla del rival, el peso de los titulares y también de los suplentes. Una advertencia clara: esta Bélgica, con Lavia al mando del juego, seguirá siendo un problema cada vez que se cruce con Francia.

De la noche de París al reto de Stamford Bridge

La actuación de Lavia con su selección no es un destello aislado, sino el reflejo de una resurrección en marcha. Su aterrizaje en Stamford Bridge fue todo menos sencillo. Chelsea pagó 53 millones de libras para llevárselo de Southampton en 2023, pero las lesiones se encargaron de frenar cualquier intento de continuidad.

Tres temporadas marcadas por problemas físicos le dejaron con solo 29 apariciones en la Premier League. Demasiado poco para un fichaje de ese calibre, demasiado poco para un talento que llevaba años señalado como uno de los proyectos de mediocentro más interesantes de Europa.

Esta campaña empieza a ser distinta. Lavia ha participado en cuatro de los cinco primeros partidos ligueros de los Blues, por fin encadenando minutos y sensaciones. Lo que antes eran promesas y proyecciones, ahora empieza a verse semana tras semana sobre el césped.

Cole Palmer, compañero suyo en Chelsea y viejo conocido de sus días en la academia del Manchester City, ya había levantado la voz en su defensa. El atacante inglés lo definió como uno de los mejores mediocentros con los que ha jugado, insistiendo en que el mundo aún no ha visto su techo por culpa de las lesiones. Aquellas palabras, pronunciadas hace un año, suenan hoy menos a elogio exagerado y más a advertencia cumplida.

Chelsea necesita al Lavia de la selección

Ahora Lavia regresa a Londres con un contexto muy distinto, pero con una exigencia igual de alta. Chelsea es décimo en la Premier League y recibe a Bournemouth en Stamford Bridge este sábado. El parón de tres semanas sin competición doméstica ha cortado cualquier atisbo de ritmo, y el margen de error se reduce.

El equipo necesita mando. Necesita alguien que pida la pelota cuando quema, que marque la altura del bloque, que convierta la posesión en control real. Justo el tipo de papel que Lavia interpretó en París durante una hora impecable.

Si el físico le respeta y mantiene la personalidad mostrada con Bélgica, el centro del campo de Chelsea puede dejar de ser un problema y empezar a ser una ventaja. La Nations League ya ha ofrecido un adelanto de lo que puede venir.

La pregunta, ahora, no es si tiene talento. Es cuánto tiempo tardará la Premier League en sentirlo con la misma intensidad que lo sufrió Francia en la noche de París.