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Thiago Pitarch: ¿El próximo gran centrocampista del Real Madrid?

Con el parón de selecciones a punto de bajar el telón, el Real Madrid de Jose Mourinho vuelve a escena con una pregunta clara en el centro del campo: ¿ha llegado la hora de Thiago Pitarch?

El técnico portugués ha ido moviendo piezas en la sala de máquinas desde que arrancó la temporada, probando fórmulas, parejas y alturas distintas en ese doble pivote que sostiene todo su plan de juego. Ha pasado por ahí casi todo el elenco de centrocampistas. Casi. Falta uno: Thiago Pitarch.

El último experimento de Mourinho

Según informa MARCA, el joven centrocampista ya está considerado “totalmente listo” para competir por minutos reales en el primer equipo. No se trata de un canterano más en dinámica de entrenamientos; forma parte de los planes de Mourinho y es, a día de hoy, el único mediocampista al que aún no ha puesto a prueba en el doble pivote.

Eso convierte su caso en algo más que una simple anécdota. Es la última carta por ver en una zona del campo donde el entrenador busca un equilibrio delicado: seguridad defensiva, salida limpia y presencia en campo rival. Todo a la vez. Todo sin perder el control.

Pitarch ha dejado ya señales claras de que no le pesa el escudo. Ha mostrado una madurez impropia de su edad y una relación muy natural con el balón en espacios reducidos. Se ofrece, gira, encuentra líneas de pase donde otros solo ven piernas rivales. Ese perfil, en un equipo que muchas veces se ve obligado a atacar en estático, puede marcar diferencias.

Pero el contexto no le regala nada. Por delante tiene una competencia feroz: Aurelien Tchouameni, Fede Valverde, Eduardo Camavinga, Bernardo Silva. Todos consolidados, todos con jerarquía internacional. Ganarse minutos ahí no es un reto, es una escalada.

Un doble pivote que exige cabeza y carácter

Mourinho ha dejado claro con sus alineaciones que no le tiembla el pulso a la hora de recolocar piezas en la base del centro del campo. Ha probado variantes y combinaciones, siempre con la idea de que ese doble pivote haga mucho más que “guardar la pelota”.

Los dos hombres de esa zona deben leer cuándo saltar a la presión, cuándo enfriar el juego y cuándo acelerar la circulación para romper líneas. Deben proteger a la defensa, pero también lanzar a los de arriba. Es una posición de responsabilidad táctica y emocional.

Para un futbolista joven, ese escenario suele ser un examen de máxima dificultad. En el caso de Pitarch, la sensación interna es que está preparado para asumirlo. No le falta técnica, no le falta personalidad. Falta lo único que no se puede entrenar: minutos reales en partidos grandes.

Las próximas semanas pueden ofrecer precisamente eso: oportunidades controladas, contextos medidos, sin cargarle con un peso desproporcionado desde el primer día.

Calendario apretado, defensa en cuadro

El calendario aprieta. LaLiga y la Champions League se cruzan en un tramo en el que el Real Madrid apenas tendrá margen para respirar. Esa acumulación de partidos convierte la rotación en el centro del campo en algo obligatorio, no opcional.

A esa exigencia se suma la crisis en defensa. Las bajas atrás abren la puerta a que Mourinho tenga que utilizar a Aurelien Tchouameni como central, al menos en duelos como el que se avecina ante el Villarreal. Si el francés baja a la línea defensiva, el hueco en el pivote se agranda y las alternativas se reducen.

Ahí aparece Pitarch como opción lógica, casi natural. No para asumir de golpe un rol de titular indiscutible, sino para entrar protegido, bien rodeado, con un socio de peso a su lado.

Una fórmula evidente sería juntarle con Fede Valverde. El uruguayo aporta despliegue, ida y vuelta, coberturas largas y experiencia en noches grandes. A su lado, Pitarch podría centrarse en lo que mejor sabe hacer: ofrecer líneas de pase, dar continuidad al juego y asegurar la primera salida sin tener que abarcar todo el mapa táctico.

El momento de la verdad

Mourinho, eso sí, tendrá que administrar con precisión quirúrgica los minutos del joven centrocampista. No se trata de lanzarlo sin red ni de convertir cada aparición en un juicio definitivo. Se trata de construirle un rol, paso a paso, dentro de un equipo que aspira a todo.

Hasta ahora, Pitarch ha respondido cada vez que se le ha mirado de cerca. Ha dejado destellos, ha mostrado temple y ha justificado que se le contemple como algo más que un recurso de emergencia.

La pregunta ya no es si está preparado. La pregunta es cuándo decidirá Mourinho que ha llegado el día de ponerlo en el centro del tablero. Porque, en un Real Madrid obligado a reinventarse sobre la marcha, el próximo gran ajuste del técnico puede llevar un nombre propio: Thiago Pitarch.