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Fulham: De Marco Silva a Álvaro Arbeloa y un nuevo proyecto

La media de las predicciones de los analistas les coloca en el puesto 15. El curso pasado acabaron 11º. El giro es evidente: Fulham deja atrás la obra sólida de Marco Silva para adentrarse en un experimento con sello Real Madrid y un técnico novato en la élite como Álvaro Arbeloa.

Fin de era a orillas del Támesis

Que Marco Silva cortara el cordón tras cinco años en Craven Cottage no sorprendió a nadie. Había cumplido con creces: devolvió al club a la Premier League, lo estabilizó, lo hizo mirar hacia arriba, hacia la zona europea, y no hacia el barro del descenso. Su Fulham jugaba con descaro, entretenía y se convirtió en un rival incómodo para cualquiera.

Pero Silva nunca escondió su ambición. Quería Europa. Y quería más respaldo económico del que la propiedad estaba dispuesta a darle. Lo dijo, una y otra vez. El portugués se marchó a Benfica y con él se fue una capacidad muy particular: reciclar veteranos, revalorizar “patitos feos” y armar equipos competitivos sin grandes lujos.

En su lugar aterriza Arbeloa, un perfil opuesto. Mucho nombre como jugador, muy poco kilometraje como entrenador de primer nivel. Llega con el aval de su paso por la estructura del Real Madrid y, sobre todo, con una puerta abierta al gigante blanco que ya se nota en el vestuario.

Un mini Bernabéu en la ribera

El fichaje de Arbeloa ha venido acompañado de Gonzalo García y César Palacios, dos talentos formados bajo su mirada en Madrid. No es casualidad: los tres comparten agencia de representación. El movimiento ha alimentado la sensación de que Fulham se está convirtiendo en una especie de vivero madrileño, un Santiago Bernabéu a orillas del Támesis.

Los rumores han salpicado nombres como Endrick y Thiago Pitarch, más joyas jóvenes vinculadas al club blanco. Si esa vía se consolida, el cambio de modelo será profundo. De los “viejos zorros” de Silva a una plantilla de proyecto, de pulir diamantes ajenos y propios.

La transición ya se nota. Raúl Jiménez y Harry Wilson, dos de los hombres fuertes del ciclo anterior, han hecho las maletas. El mexicano, símbolo de oficio; el galés, que venía de la mejor temporada de su carrera, se marchó seducido por la propuesta del Leeds. Fulham apuesta ahora por juventud y potencial.

La gran pregunta es obvia: ¿pueden replicar el éxito de clubes como Brentford, Brighton o Bournemouth, donde el modelo de captación y desarrollo es agresivamente analítico y afinado? ¿Seguirán los aficionados mirando hacia la zona media-alta o volverán a contar los puntos que les separan del descenso? Un club ya de por sí enigmático se ha vuelto todavía más difícil de descifrar.

Lujo en la grada, números en rojo

Fuera del césped, Fulham presume de experiencia de estadio. En mayo, el club fue segundo en los premios de negocio del fútbol por la vivencia en Craven Cottage, gracias sobre todo a la fastuosa Riverside Stand, que completó su primera temporada completa de hospitalidad de alto nivel.

Ese lujo no es solo estética: es necesidad. Los resultados financieros de 2024-25 reflejaron unas pérdidas antes de impuestos de 44,5 millones de libras. Y esa cifra ya estaba rebajada por la venta de João Palhinha en julio de 2024. Desde entonces no ha habido otro gran traspaso que alivie las cuentas.

La familia Khan sigue respaldando el proyecto. La inversión global ronda los 900 millones de libras, con unos costes de personal que se disparan al 117% de la facturación. Ahí se entiende por qué Silva no recibió el músculo económico que reclamaba para dar el siguiente salto.

Abonados al enfado

Mientras los balances muestran el esfuerzo de Shahid Khan, la grada no está precisamente enamorada de la propiedad. El abono más caro en Craven Cottage alcanza los 3.084 euros por temporada para acceder a las zonas premium de la Riverside, la cifra más alta de la Premier League.

Los aficionados más fieles acusan a Shahid y Tony Khan, vicepresidente y responsable de operaciones deportivas, de subir precios y priorizar el turismo futbolero por encima del hincha de siempre. El contraste es brutal: mientras Kismet, el yate de Khan, fue nombrado superyate del año en 2025 y se alquila por más de tres millones de dólares a la semana, parte de la afición siente que el dueño no entiende que no todo el mundo vive a ese nivel.

El club se mantiene en la élite gracias a su dinero, sí. Pero en las gradas reclaman algo más terrenal: precios asumibles, menos postal y más pertenencia.

Arbeloa, del vestuario de campeones al banquillo del proyecto

La figura del nuevo técnico impone por su pasado. Donde Silva fue un futbolista discreto, Arbeloa fue élite pura: campeón del mundo, ganador de Champions, hombre de confianza en vestuarios plagados de estrellas.

En Madrid llegó a tener la atención directa de Florentino Pérez, que incluso le pidió que sustituyera a Xabi Alonso a mitad de la temporada 2025-26. Aquello no terminó de cuajar y Arbeloa salió de la burbuja blanca para aceptar su primer reto lejos de casa, en el suroeste de Londres, después de labrarse fama de buen formador en las categorías inferiores del club blanco.

La frase de Shahid Khan al presentarlo fue clara: Arbeloa “cree en dar oportunidades a los jugadores jóvenes”. Esa idea encaja con el viraje de Fulham. Y mantiene, al menos en teoría, un hilo con el pasado reciente: el técnico salmantino también apuesta por un fútbol abierto, ofensivo, fiel al espíritu de Craven Cottage y a lo que Silva había construido.

Gonzalo García, el fichaje que llega con foco

La gran bandera del nuevo proyecto es Gonzalo García. Su nombre empezó a sonar con fuerza en el último Mundial de Clubes, donde se llevó la Bota de Oro. Desde entonces, las comparaciones con Raúl se han repetido en el entorno del Bernabéu, un elogio que pesa tanto como ilusiona.

García continuó su racha con goles en Champions ante Juventus y Borussia Dortmund, pero acabó chocando con el techo de un ataque copado por Vinícius Júnior y Kylian Mbappé. El sistema de estrellas del Real Madrid le dejó sin espacio.

En España se le valora tanto por lo que hace sin balón como por su olfato en el área. Trabaja, corre, presiona. Rasgos casi obligatorios para sobrevivir en la Premier League. La temporada pasada, las lesiones de Rodrigo Muniz devolvieron el peso del gol a un veterano como Raúl Jiménez. Ahora, Fulham pone esa responsabilidad en un delantero más joven, más fresco, pero rodeado de ruido y expectativas. El listón está alto desde el primer día.

Datos que explican el cambio

La estadística desnuda el pasado reciente: Fulham tuvo la plantilla más veterana de la Premier League la temporada pasada. Y fue, prácticamente, el equipo que menos presionó arriba.

El conjunto de Silva registró el menor número de “high turnovers” del campeonato, esas recuperaciones en los últimos 40 metros que activan posesiones peligrosas cerca del área rival. Ni siquiera un club poco asociado al pressing feroz como el Real Madrid salió mal parado en esa comparación: los blancos superaron con claridad a Fulham en ese apartado.

Ahí se abre un interrogante clave: ¿apostará Arbeloa por subir líneas y cambiar la fisonomía del equipo o mantendrá una estructura más contenida, apoyándose en la calidad de sus jóvenes? El salto físico que exige la Premier no perdona dudas.

Kusi-Asare, la torre que espera su momento

El otro nombre propio del futuro inmediato es Jonah Kusi-Asare. Llegó el verano pasado desde el Bayern Munich, otro gigante europeo al que Fulham ha decidido “minar” en busca de talento joven. Los alemanes se guardaron una cláusula de recompra para un jugador que a su vez habían reclutado de AIK.

Internacional sub-21 con Suecia, Kusi-Asare ha sido comparado con Alexander Isak. De momento, su impacto en la Premier ha sido tímido: siete apariciones como suplente y ningún gol antes de que su cesión inicial se convirtiera en traspaso definitivo. Pero los informes internos son mucho más optimistas.

Con 1,96 de altura, ofrece un perfil muy distinto al de Gonzalo García. Hayden Mullins, antiguo técnico del sub-21 y ahora entrenador del Newport, vio su mejor versión la pasada campaña: cinco goles en seis partidos con 18 años. Fulham sabe que ahí hay un proyecto de ariete dominante si el contexto le acompaña.

El eco del Mundial

El verano internacional también dejó huella en el vestuario. Gonzalo García llegó a debutar con España en un amistoso previo al Mundial frente a Irak, aunque se quedó fuera de la lista final del equipo que acabaría proclamándose campeón.

Antonee Robinson firmó un gran torneo con Estados Unidos hasta que los coanfitriones cayeron en octavos ante una Bélgica con Timothy Castagne en el once. Luc de Fougerolles, aún inédito en Premier con Fulham, exhibió sus condiciones como central adolescente en la buena trayectoria de Canadá hasta las eliminatorias.

Y, como colofón, Sander Berge completó un Mundial notable, liderando a una Noruega que alcanzó los cuartos de final. Un bloque de jugadores que llega curtido en escenarios de máxima exigencia.

Fulham se asoma a una temporada de vértigo: nuevo entrenador, modelo renovado, cuentas al límite y una hinchada que no termina de reconciliarse con su dueño. Entre el laboratorio madrileño y la crudeza de la Premier, la duda es inevitable: ¿será este el año en que el experimento explote… o en el que el club recuerde lo caro que se paga jugar con fuego en la zona media de la tabla?