El futuro del fútbol sudamericano sin Neymar y Messi
El fútbol sudamericano entra en un nuevo ciclo mundialista rodeado de incógnitas. El calendario no está claro, la próxima Copa América de 2028 no tiene sede confirmada —con Estados Unidos como opción muy fuerte— y ni siquiera se sabe cómo se disputarán las eliminatorias al Mundial 2030, con Argentina, Paraguay y Uruguay ya clasificados como anfitriones. Se habla de un formato tipo Nations League con las 10 selecciones, un trofeo en juego y el torneo sirviendo a la vez como clasificatorio. Nada cerrado. Mucha conversación. Pocas certezas.
Hay, sin embargo, un punto en el que nadie duda: se acaba una era. Y en Sudamérica, eso significa tocar la camiseta más sagrada de todas, la del 10.
Brasil, el día después de Neymar
La eliminación ante Noruega en el Mundial 2026 no solo dejó a Brasil fuera de los cuartos de final. Cerró simbólicamente el ciclo Neymar. Esta vez, sin vuelta de hoja.
Carlo Ancelotti salvó el puesto, pero no el plantel. El técnico italiano anunció una convocatoria muy renovada para los próximos amistosos —dos partidos contra Australia y uno frente a India— y el mensaje quedó claro desde el primer día: Neymar ya no forma parte del proyecto.
Ancelotti asumió toda la responsabilidad por la derrota ante Noruega. Admitió que la entrada de Neymar en el segundo tiempo desestabilizó al equipo. Evitó señalar a sus jugadores, pero dejó una frase implícita: el 10 histórico ya no entra en la ecuación deportiva.
Algunos en Brasil se aferran a la idea de que aún puede haber un último acto del eterno proyecto inacabado. El seleccionador, no. Para él, el telón ya cayó.
La lógica apuntaba a un relevo inmediato: recuperar a João Pedro, de Chelsea, el delantero que perdió su lugar en la lista mundialista cuando se decidió reabrirle la puerta a Neymar. Ancelotti ya había mostrado incomodidad por esa exclusión el día que anunció la lista para el Mundial, y lo llamó de nuevo para esta ventana. Pero el plan se torció: João Pedro se lesionó y tendrá que esperar a la próxima fecha FIFA, del 9 al 17 de noviembre.
El problema, en el fondo, va más allá del nombre propio. No se trata solo de reemplazar al 10, sino de redistribuir el peso psicológico de la selección. En su versión de final de carrera, con menos movilidad, Ancelotti veía a Neymar más como un 9 que como un enganche. El interrogante central ahora es otro: ¿quién asume la responsabilidad de liderar el ataque?
Los jugadores querían a Neymar en el Mundial. En la prensa brasileña se llegó a sugerir que su presencia servía para que el resto evitara asumir el protagonismo, refugiado tras el prestigio del astro. Verdadero o no, esa coartada ya no existe.
Vinícius Júnior llega fortalecido tras un buen Mundial en lo individual. Está listo para ocupar el foco. La duda cae sobre Raphinha.
El extremo del Barcelona sufrió una lesión frustrante durante el torneo. Y mientras estuvo sano, ofreció poco de la agresividad y el desequilibrio que venía mostrando en el inicio de LaLiga. Ancelotti sabe que una de sus grandes tareas será activar al mejor Raphinha con la camiseta de Brasil.
Ahí aparece un contraste imposible de ignorar: el mediocampo. La diferencia entre el ecosistema del Barcelona y el de la selección brasileña es brutal. El propio Ancelotti ha señalado esa zona como el punto débil del equipo. Incluso dominando a Noruega en el marcador, Brasil tuvo menos posesión, algo que el técnico atribuye a las características de sus centrocampistas.
Atrás y arriba, el italiano se siente cubierto. En el medio, no. Su prioridad a largo plazo es construir un grupo de volantes capaz de manejar los partidos, de dar pausa y control, de sostener a los talentos ofensivos.
Por eso, las miradas se posan en los jóvenes. Gabriel Bontempo, de Santos; el zurdo Breno Bidon, de Corinthians; y Martinelli, de Fluminense, que llega a última hora (sin parentesco con el exjugador de Arsenal). Junto a ellos, Andrey Santos y Douglas Luiz pelearán por el rol de mediocentro que antes pertenecía a Casemiro. A su lado, los supervivientes del Mundial, Bruno Guimarães y Danilo Santos, tratarán de consolidarse como el puente entre la vieja guardia y la nueva generación.
Una de las leyes no escritas del juego es simple: las estrellas brillan más cuando el colectivo está equilibrado. Ancelotti lo sabe. Su plan para la era post-Neymar pasa por elevar el nivel del mediocampo y ofrecer a Vinícius, Raphinha y compañía una plataforma estable desde la que puedan marcar diferencias. Sin eso, no habrá nuevo 10 que aguante el peso de la historia.
Argentina, la vida sin Messi
Si Neymar dividió a Brasil, Lionel Messi unió a Argentina. En los últimos años, la selección se volvió su territorio sagrado: Copa América, Finalissima, Mundial, ovaciones unánimes, reconciliación total con la gente. Pero hasta las historias perfectas tienen un final.
Messi se despedirá de la selección el 6 de octubre, en Buenos Aires, frente a Benín. Será una noche de piel de gallina. El adiós definitivo del futbolista que cambió la historia reciente del país.
Sin embargo, el verdadero laboratorio estará en Córdoba, en los partidos previos ante Bolivia y Burkina Faso. Ahí se formula la pregunta que nadie quiere pronunciar en voz alta, pero que todos saben que se viene: ¿y ahora qué?
La historia del fútbol es cruel con los relevos de los gigantes. Brasil vagó durante décadas tras Pelé. Argentina vivió una larga resaca después de Diego Maradona. El desafío, esta vez, es escribir un capítulo distinto.
Lionel Scaloni, cuyo contrato termina a final de año y que también podría estar afrontando su propia despedida, ha llamado, con pequeños retoques, a la base campeona del mundo. Es un gesto de homenaje, sí, pero también una decisión pragmática: el nuevo 10 que aparezca no saltará al vacío, sino a una estructura ya probada, con automatismos y jerarquía.
Argentina ya jugó sin Messi en la última eliminatoria mundialista. Solo disputó 10 de los 18 partidos como titular. La solución más habitual en su ausencia fue colocar a Julián Álvarez en ese espacio, aprovechando su despliegue, su inteligencia y su capacidad para caer a distintas zonas. Pase lo que pase, Álvarez seguirá siendo una pieza central del futuro albiceleste.
Pero esta vez la idea va un paso más allá: probar a un 10 puro. El siguiente en la fila, el nombre que asoma como gran esperanza post-Messi, es Nico Paz, hoy en Como.
Hijo de un exdefensor de la selección, Paz se ha ganado elogios en Serie A por su talento con la pelota al pie. Con Argentina, sin embargo, sus primeros 11 partidos han dejado poco. Mientras Messi estuvo, la convivencia táctica resultó complicada: los dos pedían el balón al pie, en zonas similares, y el equipo perdía fluidez. Esa tensión ya no existe. Ahora, el escenario se abre para que Paz tenga una racha larga, minutos de verdad y margen para equivocarse.
No estará solo. Desde Fiorentina irrumpe Franco Mastantuono, que ha arrancado la temporada con fuerza y quiere dejar huella de inmediato. Y cuando supere su lesión, Thiago Almada también entrará en la conversación. Su regreso al fútbol argentino con River Plate le ofrece un escaparate semanal ante el público que, tarde o temprano, juzgará a todos con la vara de Messi.
El reto es descomunal. Nadie va a repetir lo que hicieron Neymar con Brasil ni, sobre todo, Messi con Argentina. Pero el legado de ambos no se mide solo en títulos o estadísticas. Deja algo más profundo: un modelo de liderazgo, una forma de encender a la selección en las noches grandes.
Esa será la verdadera herencia. Y el nuevo capítulo, para Brasil sin Neymar y para Argentina sin Messi, empieza ya. La pregunta no es si aparecerá otro 10. La pregunta es quién se atreverá a cargar con ese número cuando el himno deje de sonar.






