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Gattuso establece la disciplina en una Lazio en la cima

En Formello, a las puertas de otro fin de semana que puede mantener a Lazio en lo más alto de la Serie A junto a Inter, Gennaro Gattuso volvió a dejar claro que con él no hay medias tintas. Ni en el campo ni en el vestuario.

El técnico, que ha devuelto carácter y resultados al equipo romano desde su llegada en verano, no habló solo de táctica antes del duelo en casa ante Parma. Habló de códigos. De cómo quiere que viva su plantilla.

“Prefiero la honestidad intelectual. Si alguien me dice que tomó una copa de más o que salió por la noche, está bien, pero no permitiré que nadie arruine un entrenamiento”, lanzó, con esa crudeza habitual que lo acompañaba ya cuando jugaba. Y remató con una frase que define su gestión: “La puerta de mi despacho está siempre abierta”.

Disciplina sí, hipocresía no. Ese es el mensaje. Gattuso acepta que sus futbolistas tengan vida fuera del campo, pero exige que cada sesión de trabajo sea intocable. Intensa. Seria. Profesional.

Un líder que no negocia el esfuerzo

Desde que se sentó en el banquillo biancoceleste, Gattuso ha dejado claro que la disciplina no se negocia. Su Lazio compite, muerde y no se relaja. La última prueba, el 3-0 a Juventus en el Allianz Stadium, una victoria que ha disparado la confianza del grupo y que ha encendido del todo el ambiente alrededor del equipo.

La imagen de Gattuso celebrando en Turín, puños cerrados y mirada encendida, resume el momento: Lazio se siente fuerte. Pero el entrenador no quiere que nadie se lo crea demasiado.

Llega Parma, el equipo de Alberto Gilardino, y el técnico avisa: el más mínimo descenso de tensión puede salir carísimo. “Si bajamos el nivel, Parma nos dará una paliza para recordar”, advirtió. No es una frase al azar. Es un recordatorio a su vestuario de que la Serie A no perdona la autocomplacencia.

Paciencia con los lesionados

Gattuso también aprovechó la rueda de prensa para poner fecha, con cautela, al regreso de tres piezas importantes: Albert Gudmundsson, Nicolò Rovella y Adam Marušić. Nada de prisas. Nada de riesgos.

“Para Albert, esperamos verlo correr sin dolor en diez días y, con suerte, que esté disponible antes de Napoli”, explicó. Un plazo claro, pero con una condición: solo cuando el jugador esté totalmente recuperado.

Con Rovella y Marušić, el plan es similar. “Deberían hacer parte de las sesiones con nosotros en cuatro o cinco días si no hay problemas, y después estarán disponibles”, detalló. Ambos llevan varias semanas fuera y el cuerpo médico ya ha confirmado que tampoco estarán en el próximo desplazamiento a Sassuolo.

Gattuso lo asume y aprieta con lo que tiene. Prefiere esperar un poco más antes que sufrir una recaída que le deje sin ellos otro mes. En un calendario que no da tregua, cada decisión sobre lesiones pesa como un resultado.

Un liderato que exige carácter

El contexto es claro: Lazio llega al fin de semana impulsada por un triunfo de prestigio en Turín, instalada en la zona alta y con la posibilidad de seguir pegada a Inter en la cima. El ambiente es bueno, el equipo corre y gana, el estadio se ilusiona.

Justo ahí es donde Gattuso se vuelve más incómodo. Donde aprieta más el discurso. No quiere un grupo que se mire al espejo y se admire. Quiere un grupo que llegue cada mañana al entrenamiento como si estuviera obligado a demostrar algo.

Salir, tomar una copa, vivir. Gattuso no se escandaliza por eso. Lo que no tolera es que esa vida se cuele en el césped y rebaje la intensidad. Mientras Lazio siga en la pelea por el liderato, cada noche libre tendrá su contrapeso en la mañana siguiente.

Parma será el siguiente examen. No solo de fútbol. También de carácter. Y con Gattuso, quien no cumpla con la palabra dada, no tendrá excusas.